El perro que no calla (2021), de Ana Katz

“Contra los héroes y el riesgo”

Por Javier Grinstein.

 

El perro que no calla es, hasta la fecha, la película más singular del repertorio de Ana Katz. ¿Por qué? Porque sus peripecias de producción son altamente anecdóticas y concentran mucho empuje.

Por ejemplo, que su fotografía en blanco y negro contó con 5 Directores de Fotografía distintos; que su trama es novelezca y brilla por sus elipsis; y, lo más importante, que en uno de sus fragmentos, nos habla directamente sobre la pandemia habiéndose terminado de filmar en 2019.

¿De qué se trata? Vamos a acompañar a Sebastián, interpretado por el hermano de la directora, Daniel Katz, un hombre en duelo que tiene que lidiar una y otra vez con pequeños contratiempos para luego elegir siempre el camino de la sensibilidad. Desde su perra Rita que ladra cuando queda sola, angustia a sus vecinos y es rechazada en la oficina donde trabaja su dueño; pasando por encontrar un sustento y un lugar para vivir sin grandes pretensiones, y haciendo escala en transitar el amor y la paternidad en un mundo apocalíptico.  

Este resúmen resulta fragmentario porque así se despliega la película. Vamos saltando entre momentos que no terminan de ser ni puntos de inflexión, ni concentrados de dramatismo. Es más, la directora toma la audaz decisión de mostrar algunas secuencias directamente en una especie de ilustración, storyboard, animación minimalista, que nos evitan imágenes difíciles de tragar.

Luego del visionado, en el contexto del festival, Ana da una explicación bastante contundente sobre estas dos ocurrencias distintivas de su film y la respuesta es la misma: “Porque no tenía ganas de filmar esas escenas”. Entonces, explica, o las sacó en el montaje o las mostró de esa forma, menos real y contundente.

Esta audacia paradójica justamente es llamativa por una escena cinematográfica actual que parece tender hacia la crueldad, al material que tensa, hacia el riesgo como virtud esencial. Ana, luego de 5 películas, decide optar por su propia preservación y el de su disfrute contando lo que tiene ganas, de la forma en la que tiene ganas. Y sobre todo, apoyándose en su hermano, en su productora, Laura Huberman, y en su directora de arte, Mariela Rípodas.

 

 ¿Qué ofrece El perro que no calla si no es esto otro? Una imagen sensible y melancólica, de un personaje protagónico que rompe con la lógica del héroe de los grandes gestos y sacrificios. En cambio, Sebastían cuida a los que están a su alrededor desde la labor cotidiana (a su perra Rita, a un viejo con una enfermedad terminal, a su hijo). Una situación que trabaja más sobre el absurdo cotidiano, interpelando nuestras expectativas ya muy viciadas.

 

Dejo para el final de la reseña la cuestión de la pandemia. Cerca del final de la película un incidente cambia transitoriamente el modo de vida de ese mundo en el que vive Sebastían y su familia, exigiendo una vida incómoda y poniendo en riesgo la salud de todos por igual; aunque no todos tienen acceso a las mismas herramientas para lidiar con esto.

Cabe destacar el contexto en el que se hizo la película como ejercicio para además de pensar lo que seguro todos pensamos hoy cuando la vemos: Que la película es visionaria, que refleja con exactitud y síntesis algunos aspectos de lo que fueron estos últimos dos años.

Sin embargo, cuando se filmó El perro que no calla Argentina no tenía Ministerio de Salud, una población importante quedó marginada de ciertos cuidados y, al mismo tiempo, estaba en boga pensar sobre el avance del impacto de  las corporaciones en nuestros organismos. Con agrotóxicos, por nombrar un ejemplo que se puede dar por aludido en la secuencia. Entonces, lo que parece una reinterpretación poética de la vida en cuarentena y sus restricciones, es una mirada más amplia sobre el acceso a la salud más allá de una coyuntura en particular. Signo de una forma de narrar abierta y con variados sentidos posibles.

Así y todo, Ana Katz cuenta en una entrevista que Diego Brodersen le hace para Página 12, que la directora de arte terminó vendiendo los dispositivos que se usan en la película, como mascarillas útiles realmente para sobrellevar la pandemia. La burbuja que aparece en el poster de la película y que quizás hace unos años era extravagante, un disfraz; hoy nos la cruzamos en la calle y es posible, verosímil. La realidad termina por parecerse a la ficción, tiene influencia en ella. Se podría decirle a Ana que la deriva que propone El perro que no calla luego de sus elipsis y su recorrido, llegó (y seguirá llegando) a nuestras vidas. 

Titulo: El perro que no calla

Año: 2021

País: Argentina

Director: Ana Katz

 
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