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Diseccionando Anatomy of a Fall

Este artículo es un juego de disección. No hay reglas, ni criterios. Lo que hay es una mirada curiosa de quien escribe y que invita al que lee a mirar con más atención la anatomía de la película ganadora de la Palma de Oro en Cannes en 2023: Anatomy of a Fall.

¿Vamos por partes?

Por Nathália Oliveira

Primero, la ficha técnica:

Título original: Anatomy of a Fall

Ficción | 151min

Dirección: Justine Triet

Guión: Justine Triet y Arthur Harari

Segundo, un poco de contexto:

Este es el cuarto largometraje de la directora francesa Justine Triet, y es con este trabajo que se convirtió en la tercera mujer en ganar el premio principal del Festival de Cannes – en 76 años de historia.

Les doy una sinopsis resumida de la película: Samuel es encontrado muerto, víctima de una caída desde lo alto de su cabaña aislada en las montañas de la región de Grenoble, en Francia. Allí, vivía con su hijo, Daniel, que es deficiente visual, siempre acompañado de su perro, Snoop, y con su esposa, Sandra, una escritora reconocida que se convierte en principal sospechosa de la muerte de Samuel. A partir de este incidente, que ocurre en los primeros minutos de la película, acompañamos a Sandra mientras la vemos volverse sospechosa e ir a juicio, a pesar de declararse inocente.

Tercero: “¿Qué querés saber?”

La primera frase que se escucha en la película, y que surge antes de la primera imagen, lo dice la protagonista en inglés: “What do you want to know?”. A continuación, se entiende que la pregunta se hace a una interlocutora que está en la casa de Sandra haciéndole una entrevista y parece ser simplemente parte del diálogo (de hecho, la versión del guión al que tuve acceso, figura esa frase como la primera de la película). Pero, al verla por segunda vez, ya conociendo su historia y la personalidad de la protagonista, esta primera pregunta me pareció también hecha directamente a nosotros, que estamos delante de la pantalla oscura, a punto de entrar en un juego de detectives, en el cual intentamos saber cómo una persona se murió.

Siendo esa protagonista una escritora exitosa, por lo tanto, alguien especializada en contar historias y en revelar – u ocultar – informaciones, esa pregunta también puede ser una provocación: ¿Qué realmente querés saber? ¿Hasta qué punto aguantas saber sobre ciertas caídas que nos pasan en la vida? No solo la caída literal, del hombre que se cae de lo alto de su casa, también la caída de un ideal de vida, de un casamiento, de la estructura social vigente – patriarcal y misógina. Y para no dejar de hablar desde el punto de vista formal, que claramente está bien pensado y realizado en Anatomy of a Fall, la pregunta que abre la película también puede ser entendida como: ¿Qué estás buscando saber cuando comenzas a ver a una película?

Cuarto: Las caídas que vemos y la caída que no vemos.

Sigo observando desde del punto de vista formal. Es interesante notar que en la primera secuencia de la película, cuando cronológicamente acontece la caída de Samuel, vemos algunas caídas que pasan adelante de nuestros ojos y son usadas para narrar la historia.

La primera es también la primera imagen que vemos. En un plano contra-plongée, vemos la pelotita del perro rodar escalera abajo.

Seguida por el propio Snoop, que baja rápidamente para atraparla.

En este punto, la entrevista que Sandra está dando a una joven estudiante es interrumpida por una música alta que pone Samuel – y que escuchamos a lo largo de la película algunas veces, siempre como un indicador de su presencia espectral. Sandra y su entrevistadora se despiden y la joven sale de la casa y, por primera vez en la película, la cámara se desplaza…hacia abajo.

El plano que vemos enseguida es del auto de la joven bajando la rampa de la entrada de la cabaña.

Antes de que se termine esta primera secuencia de caídas, vemos a Daniel y Snoop, que salen a dar un paseo. Los dos se desplazan hacia abajo en un terreno resbaloso.

Estas son las caídas que vemos. La que no vemos, la caída que nombra la película y que detona sus hechos, Triet nos la da en la forma. A través de la dirección y del montaje. La caída que mata a Samuel.

Daniel llega de su paseo y encuentra a su padre muerto en el piso. Desesperado, el niño empieza a gritar por su madre. Antes que ella escuche su llamado, lo que vemos es el primer espacio donde nos es presentada en la película. Escuchamos el llamado de Daniel.

Pero ella ya no está.

Hasta que finalmente aparece.

Cuando el niño cesa el grito, lo que queda es solamente la música que había puesto Samuel. Una música que se convierte en un sonido que marca la presencia del padre, y que se escucha en esta secuencia de espacios que están conectados a él.

El primer espacio es la escalera, que es lo que vemos cuando escuchamos este “sonido de Samuel” por primera vez.

Después, subimos por los espacios en los que él trabajaba y ahí tenemos pistas sobre en que estaba trabajando. En construir y/o arreglar la casa.

Paseamos por estos espacios hasta que vemos a Samuel en el piso. 

Triet nos muestra todo el camino. Vemos la caída sin verla.

Quinto: el recorte de género.

Al principio de este artículo, mencione que Justine Triet fue apenas la tercera mujer en 76 años de Festival de Cannes en ganar el premio más importante. Esto es porque me gusta pensar que el cine es un arte cíclico y aquí esto se podría verificar al ver que la misma estructura patriarcal, que hace con que en 76 años apenas 3 mujeres hayan sido premiadas con la Palma de Oro de Mejor Película, es también uno de los engranajes de la historia de la protagonista de esa misma película. 

Sandra es una protagonista muy segura de sí misma tanto en el plano profesional como sexual. No diría que es una “mujer fuerte” porque la forma como ella nos es presentada en Anatomy of a Fall es más elegante que esta clasificación que, para mi, se tornó un cliché más del feminismo liberal dentro del cine. Sandra no es la heroína de la historia. Es la escritora. Literal y simbólicamente. A pesar de eso, y quizás también por eso, se convierte en el punto de mira de un escrutinio público, delante de una corte de juicio, en el cual su acusador y todos sus auxiliares (especialistas convocados por la acusación) son hombres.

Es interesante observar como la película construye el abordaje del recorte de género: por un lado, a través de un intercambio de roles tradicionales de hombres y mujeres, por otro, a través del uso de estos roles en su forma más primitiva. Lo que llamo de “forma primitiva” es la principal herramienta que la acusación utiliza en juicio para probar que Sandra asesinó al marido: su sexualidad. 

No importa en qué silla cualquier mujer del mundo esté sentada: en la de los acusados, en la de las víctimas (aquí, pienso en el caso de femicidio de la brasilera Ângela Diniz, que inspiró la película Ângela, de Hugo Prata y uno de los podcasts más escuchados de 2023 en Brasil, Praia dos Ossos), o en la silla presidencial (ejemplos latinoamericanos no faltan). La principal forma de atacar públicamente a una mujer es siempre la sexualidad: “Puta!”, “Zorra!”, “Promíscua!”.

Ya el intercambio de roles tradicionales de género hecho por Triet se produce en la mejor escena de la película en la cual somos testigos de una discusión entre Sandra y Samuel que ocurre en la noche anterior a su muerte. A él lo vemos débil, lloroso, deseoso de que las tareas del hogar sean compartidas más igualitariamente entre los dos. A ella, la vemos más fría y racional, visiblemente más preocupada por su carrera que por las actividades domésticas. Y puede ser pura coincidencia, o una evidencia más de que el cine realmente es este arte cíclico, que al poner a la figura masculina como principal responsable por las tareas de cuidado – histórica y compulsivamente destinadas a las mujeres – el resultado sea a la vez, una vertiginosa caída y un espectacular ascenso: la caída de ficción de Samuel y el ascenso real de Justine Triet al selecto podio ocupado por 73 hombres y 3 mujeres.