“Crisis de conciencia”

Por Ian Quintana.

Durante la década del 60 la Unión Soviética aún mantenía vivo el primer régimen comunista de la historia. Basado en los principios de igualdad y justicia social, así como en el respeto y el apoyo a la clase trabajadora, la URSS logró edificar un paraíso proletario y darle continuidad en el tiempo. Pero las ideas que sostenían ese régimen por momentos fueron contradictorias y su puesta en práctica expuso paradojas que hicieron tambalear los verdaderos objetivos. Los hechos relatados en la reciente película de Andrei Konchalovsky ratifican esa contradicción y muestran, de forma crítica y minuciosa, cómo el pueblo soviético perdió la fe en su propio país.

Dear Comrades! (2020) dramatiza una cruel historia real sucedida en 1962, que fue escondida por los sucesivos gobiernos soviéticos hasta la década del 90. El relato nos ubica en Novocherkassk, una pequeña ciudad al sur de la Unión Soviética en donde, debido a una fuerte suba de los precios de alimentos, se ha generado una huelga masiva de trabajadores. Miles de manifestantes salen a la calle a reclamar por sus derechos y lo que reciben es una brutal represión que deja un centenar de muertos y heridos. Lyuda (Yuliya Vysotskaya) una fiel funcionaria del partido comunista que en un principio condena los actos de los manifestantes y acepta la represión deberá reevaluar sus ideales así como su adhesión al partido al enterarse de la desaparición, y probable muerte, de su hija durante las manifestaciones.

La revisión  que hace Konchalovsky sobre la historia de su país parte de la mirada de Lyuda, un punto de vista que representa, en pequeña escala, lo que percibió el país entero durante muchos años. Lyuda es una persona cuya fe hacia el régimen es incondicional, pero todo su mundo se destruye cuando debe enfrentarse a una mirada diferente, la de su hija, una nueva generación que no comparte el amor al régimen, ni observa románticamente el gran tiempo pasado de Stalin o el gobierno presente de Nikita Khrushchev. Estos dos puntos de vista extremos, personales y humanos, se mimetizan con las miradas de los funcionarios del gobiernos y los huelguistas. Cuando Lyuda se convierta en víctima del sistema que idolatra será momento de revisar sus convicciones y enfrentarse al poder que algún día alimentó.   

La recreación de la masacre, potente y realista, se transmite de forma sutil sin perder el estilo sólido de la narración. Luego de sucedida la masacre comienza el cambio en Lyuda, que se percibe de forma pausada, con una intensidad contenida que en cualquier momento puede estallar. El gran trabajo de Yuliya Vysotskaya en su interpretación hace partícipe al público de todo el sufrimiento y de la agonía de su personaje.  La crisis de conciencia en la que se sumerge Lyuda acompaña la tensión del relato que en sus dos horas no detiene su crítica y revela los reales intereses de los personajes, tanto de funcionarios gubernamentales, como policías de la KGB o del padre de Lyuda, quien ha perdido toda esperanza en el devenir de su país.

Todo el relato de Dear Comrades! se tiñe de un halo de nostalgia, como añorando un pasado que ya no existe y condenando un futuro incierto que pareciera ser peor. El tratamiento en blanco y negro, así como el formato cuadrado de pantalla genera en la imagen un tiempo atemporal que permite conectar con el presente y pensar cuestiones acerca de los derechos sociales así como el fanatismo político y el cuidado del pueblo por parte de sus gobernantes. La película de Konchalovsky permite entender la fragilidad y las paradojas del sistema comunista soviético desde la perspectiva de las personas que vivieron allí.  Una mirada crítica y rigurosa sobre los secretos y sufrimientos de una nación. 

Titulo: Dear Comrades!

Año: 2020

País: Rusia

Director: Andrei Konchalovsky

 
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