La inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser una promesa futurista para convertirse en protagonista indiscutida del presente en el Festival de Cannes 2025. Mientras en la competencia oficial desfilan estrellas y autores consagrados, en el corazón del Marché du Film, el mayor mercado cinematográfico del mundo, se multiplican las voces que analizan cómo esta tecnología está transformando la producción audiovisual, desde los flujos de trabajo hasta los dilemas éticos y legales. Uno de los momentos más relevantes del encuentro fue la mesa redonda Reimaginar la producción: navegando las innovaciones de IA, nuevos modelos de negocio y marcos legales emergentes, organizada por Cannes Next y el International Screen Institute. Celebrado el 18 de mayo, el panel reunió a especialistas de distintos campos para discutir los profundos cambios que atraviesa la industria.
Moderado por Sten-Kristian Saluveer, el debate osciló entre el entusiasmo pragmático y una saludable dosis de alerta. Verena Puhm, directora creativa con experiencia en cine tradicional, celebró la velocidad y versatilidad que le ofrece la IA: “Me siento como una niña otra vez. Puedo hacer más, mejor y más rápido”. Para ella, la IA no sustituye al artista, sino que lo potencia.
La productora polaca Marta Krzeptowska compartió una visión similar, basada en su experiencia directa. Gracias a la IA, ha pasado de manejar tres proyectos a trabajar en doce simultáneamente. Sin embargo, advirtió sobre la fragilidad de los derechos de autor en esta nueva era: “Estamos en el borde de un nuevo siglo, donde incluso los peores escenarios se vuelven posibles”. Desde el plano legal, Charlotte Lund Thomsen, asesora de políticas de propiedad intelectual, subrayó la necesidad urgente de establecer marcos regulatorios claros. En su colaboración con la UE, defiende que el sector audiovisual debe estar contemplado en la legislación del AI Act. “No trabajamos solo con tecnología. Creamos cultura, empleo y crecimiento económico”, señaló.
El debate también abordó el impacto práctico de la IA en los procesos creativos. Puhm detalló cómo integra herramientas específicas para lograr resultados visuales precisos, como en escenas de breakdance donde solo una IA, Google Veo 2, ofrecía resultados satisfactorios. “No se trata de eliminar empleos, sino de transformarlos”, aseguró.
En paralelo al foro, el impacto cultural de la IA también se reflejó en la programación del festival. En la película Dalloway, del francés Yann Gozlan, una escritora bloqueada recurre a una IA generativa que acaba controlando su proceso creativo, cuestionando los límites entre asistencia y dependencia. “¿Nos ayudará o nos esclavizará?”, se pregunta el director.
En el thriller de acción Misión imposible: Sentencia final, fuera de competición, la IA directamente asume el rol de villano, encarnada en una entidad malvada que busca eliminar a la humanidad. La presencia de estos relatos confirma que la IA no solo está cambiando cómo se hacen las películas, sino también sobre qué se narran. Por su parte, empresas como Largo.ai ofrecen servicios a productoras para reducir costos y optimizar procesos. Su cofundador, Sami Arpa, sostiene que “la IA no reemplaza la creatividad humana; la potencia”. La herramienta analiza guiones, propone castings y predice rendimientos en taquilla, y ya cuenta con más de 600 clientes en Europa y Estados Unidos.
Ante tantas voces, el delegado general del festival, Thierry Frémaux, buscó calmar las aguas: “No creo que debamos preocuparnos demasiado. La IA no va a inventar que alguien pruebe una magdalena y de ahí surjan 500 páginas”, bromeó en referencia a En busca del tiempo perdido. La conclusión general parece clara: la IA ya no es una amenaza lejana, sino una realidad ineludible. La clave está en cómo se utilice: con ética, criterio y en diálogo con los principios creativos y legales que sostienen al cine como arte y como industria.
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