“La Niña Encerrada”

Por Javier Grinstein

El cine siempre se ve en una sala a oscuras. Puede ser en una pantalla gigante, con sonidos que emanan de decenas de parlantes, en el sillón de tu casa frente a un televisor o por la pantalla de una notebook arropado en una cama. Siempre hace la tarea de transportarnos lejos para mostrarnos algo que nos pasa más cerca y que no podemos ver. En Camping, la ópera prima de Luciana Bilotti, la acción transcurre al aire libre, en la naturaleza y  aunque hoy necesitemos más que nunca esos escenarios de libertad, todo lo que allí sucede tiene mucho más que ver con lo que significa estar encerrado.

A partir de recuerdos, Luciana gesta esta historia en la que un fin de semana de dispersión es la bisagra en la que Estefanía, una niña de 12 años, empieza a entender algo del mundo de “lo adulto” mientras se desoculta una inminente separación entre sus padres. El relato está planteado sin dejar dudas: enmarcado entre imágenes de archivo en la que vemos a la autora en El Carrizal, el mismo espacio dónde se desenvolverá todo. La protagonista tiene su mismo rostro pero esta coincidencia va a ser lo único que va a resultar forzado. Camping sucede con mucha soltura y juego. Fuertemente centrada en el presente del relato, en sus personajes, en sus devenires. Se ocupa de “mostrar Mendoza de una manera diferente lejos de la mirada turística.”. La fotografía aprovecha de lentes cerrados para separar figura y fondo. Transformando la espesura verdosa en algo más relacionado con un contraste que con un tranquilizante.  

La directora está fuertemente influenciada por narradoras audiovisuales contemporáneas. Martel, por supuesto, con esos planos obtusos donde la acción no está en un solo lugar y tampoco a nuestro fácil alcance, sino que la acción es también su forma de exhibirse. Sumo también a Dominga Sotomayor que en su De Jueves a Domingo trabaja una materia prima muy similar con conceptos que coinciden. Como esos momentos en que Estefanía queda desamparada, lejos de la presencia de sus padres y en eso entendemos su proceso – Pueden leer una reseña de esa película también publicada en esta misma revista –. Y para nombrar una última referencia inevitable: The Florida Project de Sean Baker. En el juego entre contar con el espacio no como un fondo pintado, sino como un significante que aporta sentido; y contar con la verdad de ese mismo instante sin recurrir a herramientas de guión mas sofisticadas. Una secuencia en particular, tiene un fuerte aire y logra un efecto de una extrañeza similar a esta última película. Estefanía está en el bote con su padre, amarrados al muelle. Se acerca un desconocido a conversar con él. Ella presencia el diálogo y afecta la conducta de su padre, pero no hace nada. El desconocido incomoda, hace muchas preguntas y parece que quiere algo. Nada artificioso pasa. La tensión es orgánica. 

Retomando esta idea de “lo adulto”, hay un evento en la película que desencadena la incomodidad que tendrá la protagonista durante el resto de la cinta. La directora y guionista cuenta que fue el disparador en la escritura del guion. Jugando en la pileta un niño lastima a Estefanía rasguñándole la espalda. A partir de eso no va a poder entrar más a la pileta a jugar. Yo voy a hacer foco en la forma de la cicatriz. No voy a asegurar que es algo intencional porque no puedo. Pero inmediatamente la imágen que se me construyó es que a Estefanía le habían cortado las alas. Estefanía va con una amiga al Camping. Mientras ella juegan en la carpa, en off se oye la discusión de sus padres. Su amiga la pelea con una almohada, le hace preguntas, la distrae como puede; pero es inútil, cada vez Estefanía escucha más claro lo que sucede afuera, en ese otro mundo. 

El clímax es consistente con la intersección de esos mundos. Después de escuchar demasiado y entender “lo adulto”, Estefanía no puede soportarlo más y decide huir en la lluvia. El clima acompaña perfectamente como materialización de esa atmósfera que antes estaba latente. Lo más maravilloso, sin embargo, no está en Estefanía sino en su contracara. Su madre, que opera durante toda la trama desde “lo adulto” soportando esa tensión y manteniendo las formas, también se quiebra y como resultado lo que deviene es un gran berrinche. Un gran berrinche con esa energía destructiva que saben tener los niños y que los adultos deciden perder.  

Camping es el resultado de mantener encerrada a una niña demasiado tiempo. Ese acto estético que desarma algo y construye sentido. Resignificando ese encierro en algo nuevo y potente.  De la niña que me refiero, por supuesto, es a la pequeña que una vez en El Carrizal supo ser Luciana Bilotti

Titulo: Camping

Año: 2020

País: Argentina

Directores: Luciana Bilotti

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