“Los trabajos y los días”

Por Sebastián Francisco Maydana

El título puede parecer paradójico para una película filmada en estricto blanco y negro, pero no lo es. Simplemente se trata de un guiño al espectador, que le indica a qué prestar atención. Es que aquí importa más lo que se esconde que lo que se muestra, lo cual resulta sorprendente para una opera prima. Más aún, esta no es la única sorpresa que uno se lleva al ver esta obra que se muestra modesta pero que desarrolla una profundidad asombrosa a medida que avanza.

Los planos, largos y pensados, siguen el ritmo de los trabajos y los días en una zona interurbana de la República Checa, donde un personaje parsimonioso se aplica a lo que parecen actividades rutinarias, pero que siempre dan la impresión de que son algo más. Gradualmente, la rutina da paso a lo extraordinario y, por supuesto, aparece la tragedia. De un país, de una vida. Esto se ve revelado en la escena que abre la película, donde la cámara a la altura de la mirada de un chancho muestra sus últimos minutos de vida antes de ser sacrificado y carneado. El rojo sangre del título se supone, no se ve. Y s por momentos la palpitación del autofoco delata que se trata de una producción mínima, individual, este proyecto filmado en un iPhone no tiene nada de improvisado.

La narrativa avanza también a base de guiños, en gran medida sugeridos desde el encuadre y el sonido. En este sentido, el escaso recurso a la música no es señal de mezquindad sino de precisión. El silencio puede contar una historia con la misma eficacia o más. Lo mismo vale para la “falta” de personajes, que no es tal si contamos a los animales como personajes, al modo de las películas de Kusturica o quizás más precisamente de Béla Tarr. El hecho que el silencio funcione como un personaje más lo emparenta más con el segundo que con el primero.

De hecho, la participación del propio Béla Tarr como supervisor de guion aparece como clave, aunque no explica todo. Si uno permanece magnetizado en todo momento no es porque el húngaro metió la mano, sino porque el director supo escuchar y conjugar esa sabiduría con un material muy bien filmado. No es una película de Tarr ni una hecha en su estilo. Es otra cosa. Un primer largo profundo, inquietante, bello, que sabe ver y escuchar y que merece ser visto y escuchado, sobre todo en nuestras latitudes y en nuestro tiempo.

Titulo: Blood Red

Año: 2025

País: Rep.Checa

Director: Martin Imrich

 

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CARTELERA MARZO: