La directora de la Berlinale, Tricia Tuttle, destacó recientemente que el festival ha comenzado a recopilar información sobre el uso de inteligencia artificial en las películas inscritas, aunque aclaró que este proceso no implica, por ahora, ningún cambio en las normas de participación. La consulta aparece por primera vez en los formularios oficiales de inscripción, donde se pregunta a los realizadores si emplearon IA en alguna etapa de su obra. Según Tuttle, el propósito es estrictamente investigativo: comprender de qué manera la tecnología se integra en los procesos creativos y logísticos del cine contemporáneo, desde la elaboración de presupuestos y planes de rodaje hasta usos más experimentales.
Durante una conversación en el Festival Internacional de Cine de la India (IFFI) con el cineasta Shekhar Kapur, la directora reafirmó que la Berlinale no contempla la creación de nuevas secciones dedicadas a obras generadas con IA, ni la incorporación de etiquetas visibles que señalen su empleo en pantalla. Tampoco evalúa redefinir los límites entre cortos y largos a raíz de estas innovaciones. Para Tuttle, el European Film Market está mejor posicionado para explorar preguntas orientadas al futuro, mientras que el programa artístico del festival mantiene como eje central la defensa de la experiencia colectiva de ver cine.
En el intercambio con Kapur, quien impulsa una escuela de cine basada en inteligencia artificial en Mumbai, quedaron en evidencia dos posturas complementarias. Kapur celebró la capacidad democratizadora de la tecnología, que podría reducir costos y permitir que más personas se acerquen a la realización cinematográfica. Tuttle, en cambio, expresó reservas frente a la posible saturación que esto podría generar: cada año la Berlinale recibe unas ocho mil películas y selecciona cerca de doscientas, y un aumento aún mayor en la cantidad de obras disponibles podría dificultar la labor curatorial y la visibilidad de trabajos que realmente dialoguen con el público.
Aunque ambos coincidieron en que la IA terminará encontrando un lugar natural dentro del lenguaje audiovisual, del mismo modo que ocurrió con la transición al cine digital, Tuttle subrayó que su preocupación más urgente no es tecnológica sino estructural: la disminución de espacios de exhibición para el cine de autor. A su juicio, el desafío inmediato consiste en sostener un ecosistema en el que las obras singulares puedan llegar a las salas y ser descubiertas por el público, más allá de las transformaciones que imponga la era de la inteligencia artificial.
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