La búsqueda de modelos verdaderamente equitativos en las co-producciones internacionales fue el eje central de una mesa realizada el 16 de noviembre, que reunió a cineastas de África, Europa y América Latina. Bajo la moderación de Nora Philippe, directora de EURODOC, participaron Sam Soko (LBx Africa), Rosa Spaliviero (Twenty Nine Studio & Production), Marcela Lizcano (Viceversa Cine/Nodo Sur) y Fabien Greenberg (Antipode Films). La conversación partió de una premisa clara: como recuerda el informe 2025 de EAVE sobre co-producciones inclusivas, la equidad no se alcanza solo con buenas intenciones; requiere transformar prácticas arraigadas.
El realizador keniano Sam Soko, cofundador de la productora LBx Africa, subrayó la importancia de reconstruir la confianza dentro de los ecosistemas regionales y priorizar alianzas entre países africanos antes que depender de intereses externos. Explicó que los sistemas de financiamiento actuales reproducen la lógica del modelo de ayuda internacional, condicionando tanto los relatos que buscan los fondos como las historias que llegan a las pantallas. Contó que, al producir Matabeleland —debut de Nyasha Kadandara y coproducción entre Kenia, Zimbabue y Canadá— recibieron múltiples rechazos porque los fondos esperaban un enfoque político que no correspondía a la visión del equipo ni a las necesidades de las audiencias locales. Aunque el filme tuvo dificultades para entrar en festivales fuera de África, su estreno en CPH:DOX y sus funciones abarrotadas en la región demostraron la fuerza de una perspectiva verdaderamente local.
Desde Bélgica, la productora Rosa Spaliviero compartió su experiencia trabajando de manera recurrente con cineastas africanos y eligiendo ocupar un rol minoritario. Durante la producción de Liti Liti (The Attachment), de Mamadou Khouma Gueye, trabajó junto a la productora senegalesa Aminata Ndao, una alianza clave para acceder al fondo nacional FOPICA, que financió una cuarta parte del proyecto. Spaliviero destacó la necesidad de flexibilizar los términos pro rata habituales, algo que lograron negociar, y remarcó la presencia mayoritaria de talentos senegaleses en el equipo. Recordó además que quienes filman en Senegal lo hacen frecuentemente en condiciones complejas, por lo que la composición del equipo y la autonomía local deben considerarse parte esencial de la equidad.
La moderadora, Nora Philippe, amplió el concepto de co-producción más allá de los tradicionales ejes de dinero, propiedad y responsabilidades, proponiendo incorporar también la noción de impacto. En esa línea intervino la colombiana Marcela Lizcano, quien dirige Viceversa Cine y el programa de impacto Nodo Sur. Recordó el caso de A Loss of Something Ever Felt (2020), coproducida entre Estonia, Colombia y Suecia, cuya urgencia narrativa —una búsqueda real en Bogotá— llevó al equipo a filmar sin esperar fondos ni realizar preproducción. Su labor como coproductora, en ese caso, se centró en las estrategias de distribución e impacto. Señaló que estas tareas deberían considerarse parte del marco formal de las co-producciones y que es necesario discutir prioridades desde el inicio: a veces el objetivo no es Cannes o Venecia, sino llegar a las comunidades directamente afectadas.
Fabien Greenberg, de Antipode Films (Noruega), aportó su experiencia en colaboraciones internacionales, entre ellas con la directora iraní Firouzeh Khosrovani. Insistió en la importancia de definir con claridad el modelo de trabajo desde el comienzo y en evitar el rol de coproductor pasivo, demasiado frecuente en Europa. Relató cómo, en Past Future Continuous, trabajaron para conseguir financiación europea respetando el deseo de la directora de ser la productora principal del proyecto, un gesto que consideró esencial para una relación verdaderamente horizontal.
El encuentro concluyó con un llamado a fortalecer las colaboraciones Sur-Sur y a practicar un necesario desaprendizaje que permita evitar la reproducción de estructuras dañinas dentro de los propios equipos. Los panelistas coincidieron también en la urgencia de valorar las contribuciones no fiscales —como el conocimiento de las comunidades o el aporte creativo— que, aunque a menudo invisibilizadas, son fundamentales para construir co-producciones más justas y sostenibles.
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CARTELERA MARZO: