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Noticias 16 de mayo - 2026

Algunos apuntes sobre el panel "Hay que hablar de la piratería: amenazas en evolución en la era de la IA" en el Marché du Film de Cannes

La industria audiovisual mundial enfrenta un punto de inflexión. Así lo advirtió un panel celebrado en el marco del Marché du Film de Cannes, organizado por FIAPF, IFTA y la MPA, que reunió a juristas, productores y ejecutivos del sector para analizar cómo la piratería ha dejado de ser un problema de ingresos perdidos para convertirse en una amenaza al modelo mismo de financiación, distribución y valoración del cine. El presidente de la FIAPF, Luis Alberto Scalella, abrió la sesión describiendo la piratería como “un problema global que no conoce ni respeta fronteras”, con consecuencias que alcanzan por igual a productores, distribuidores, creadores y públicos. La moderadora Charlotte Lund Thomsen, asesora jurídica en materia de propiedad intelectual, situó el debate en torno a la erosión del valor a lo largo de toda la cadena del ecosistema audiovisual, citando estimaciones de hasta 100.000 millones de dólares perdidos cada año a escala global, y subrayó que la piratería temprana, incluso antes del estreno, puede arruinar una cadena completa de ventanas de distribución.

Börje Hansson, fundador y productor ejecutivo de Scandinavian Content Group, aportó una perspectiva histórica desde Suecia, país que, por su temprana implantación de la banda ancha, funcionó como banco de pruebas de las consecuencias culturales de la piratería. “De repente, la gente dejó de reconocer que robar contenido era ilegal”, señaló, argumentando que el mayor desafío sigue siendo cambiar las actitudes del consumidor. Hoy, añadió, muchos usuarios pagan por plataformas ilegales creyendo que son legítimas, mientras el dinero termina frecuentemente en redes criminales organizadas.

Jackie Brenneman, presidenta y directora ejecutiva de IFTA, fue más lejos al plantear que el problema no es de actitud, sino de cultura. “No existe ningún mecanismo para eso en internet”, dijo, señalando que el comportamiento en línea carece de los tabúes sociales que regulan la conducta fuera de ella. “Creo que tenemos que construir barreras porque la gente no puede dar lo mejor de sí misma en ausencia de cultura. Por eso creo que las leyes son necesarias en ese espacio.”

Desde el ámbito jurídico, el abogado Richard Willemant, del despacho Féral, explicó cómo las herramientas legales europeas han intentado trasladar la responsabilidad desde los usuarios individuales hacia los intermediarios. Destacó el enfoque de las órdenes judiciales sin necesidad de culpa establecido en la UE, que permite a los tribunales ordenar a los intermediarios el bloqueo del acceso a servicios infractores. Francia, precisó, ha ampliado recientemente ese bloqueo más allá de los proveedores de acceso a internet para alcanzar también a proveedores alternativos de DNS, VPN y otros actores involucrados en la resolución de nombres de dominio. Los primeros resultados, apuntó, son alentadores, con caídas de ciertas formas de infracción de entre el 20% y el 25%.

Willemant destacó también el Tribunal de París como foro especialmente útil para titulares de derechos internacionales que buscan información sobre infractores. Mediante órdenes ex parte, procedimientos no notificados previamente al intermediario, los titulares pueden obtener datos de servicios como pasarelas de pago, plataformas y actores cripto. En algunos casos, esto permite identificar a los operadores detrás de los grandes sitios de piratería.

El panel abordó asimismo el impacto de la piratería en la financiación. Lund Thomsen señaló que los bancos y los financiadores de gap tienen en cuenta los índices de piratería al valorar los derechos en territorios concretos. Hansson coincidió en que esto endurece las condiciones de financiación y empuja a los productores hacia presupuestos más bajos y menor asunción de riesgos.

Brenneman amplió el diagnóstico al contexto actual, en el que los filmes se estrenan cada vez más en plataformas digitales. Para los creadores emergentes, los vídeos robados no solo suponen vistas perdidas, sino también pérdida de datos de audiencia, que pueden ser precisamente el activo necesario para atraer financiadores o estudios. “No es solo que la propiedad intelectual sea valiosa, que lo es; es que los datos asociados a esa propiedad intelectual también son muy importantes”, afirmó. Y añadió: “Una película no es una cosa… Las películas son paquetes de derechos. Eso es todo lo que son. Y si tenemos un sistema que no protege ese paquete de derechos, ¿cómo sostenemos una economía?”

El cierre correspondió a Charles Rivkin, presidente y director ejecutivo de la MPA, quien describió la piratería como “una amenaza en constante evolución”, ahora amplificada por herramientas impulsadas por inteligencia artificial que permiten a los actores criminales moverse más rápido, disimular sus operaciones y generar sitios engañosos. Advirtió además que los sitios de piratería pueden exponer a los usuarios a malware y robo de identidad, y que con frecuencia están vinculados a redes de crimen organizado más amplias.

Rivkin anunció también que Central European Media Enterprises se une a la Alliance for Creativity and Entertainment, la coalición antipiratería liderada por la MPA, y citó acciones recientes contra grandes operaciones de piratería, entre ellas FMovies en Vietnam, StreamEast en Egipto y una gran red de IPTV en España. Para Rivkin, la industria debe mantener la lucidez sin caer en el miedo. El cine, recordó, nació de la innovación tecnológica y se ha adaptado una y otra vez. El reto ahora es garantizar que las nuevas tecnologías no se conviertan en instrumentos para el robo. “Reconocemos la piratería por lo que es”, concluyó: “robo, ni más ni menos.”

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