Wim Wenders introduce en su texto “Secuencias temporales. Continuidad de movimiento” que al principio -quizás cuando era un observador de los que observan pero no imprimen luz en un celuloide, es decir un espectador- él pensaba que hacer películas significaba establecer la cámara en un lugar, enfocando algún objeto y dejándola correr, al modo de los hermanos Lumière. Lo que lo fascinaba en ese momento de hacer cine no era tanto la posibilidad de alterar, afectar o dirigir algo, sino de observarlo. 

En 2017 fui a ver Readers de James Benning a una sala de cine. Son cuatro planos de cuatro lectores leyendo. La película dura una hora y cuarenta y ocho minutos, lo que hace que cada uno tenga, más o menos, media hora de observación (este más o menos es en realidad un cálculo exacto, que Benning como matemático establece, pero que yo como temerosa a las matemáticas prefiero nomenclar como un poquito más o un poquito menos). Sin embargo acá la matemática no ingresa para atormentarme sino para generarme algunas preguntas: ¿por qué se le otorga a esos lectores ese tiempo exacto, ni un poquito más, ni un poquito menos? ¿Qué es lo que hace que Benning decida cortar en ese frame, y no en otro? ¿A la duración se la adjudicó en toma o la decide luego en el montaje? 

En su película Ten Skies, Benning filma (observa) diez cielos y los monta uno atrás del otro en un film de una hora cuarenta y siete minutos. Cada cielo tiene, más o menos, nueve minutos de duración. A diferencia de Readers, a Ten Skies la vi en Youtube. Cuando terminé de verla, leí todos los comentarios y me asombró comprobar que el público reaccionaba igual que en Readers, separándose en dos polos opuestos: los de la aberración o la fascinación. Un chico llamado Ismael comentó ofendido ¿What is the point? (¿Cuál es el punto?). Muchxs le responden en dónde encuentran el sentido. Por lejos mi respuesta preferida fue Contemplation (Contemplación), de un usuario llamado ChickenAtomic. Y es que estando de acuerdo con el usuario, encuentro que la temporalidad en las películas de Benning no radica en descifrar exactamente un punto, un sentido,  muchxs usuarixs comentaban que Ten Skies quiere mostrar cuán contaminados están los cielos a causa de la polución que el ser humano genera, sino de sublimar lo que existe. Hay una capacidad de encantar con la presencia y la espontaneidad, y cierta sensación de generosidad en la mirada, un trabajo de paciencia sobre las cosas. Es una oportunidad para descubrir algo en donde no creíamos que íbamos a descubrir nada para sorprendernos por la variación y la narración que existe dentro de algo que a simple vista luce igual, para, si se quiere, encontrar sentido en donde no lo hay, algo que torna a las películas de Benning en films sorprendentemente entretenidos. 

Para dejar de calcular a ojo, 60 planos de 60 segundos forman una película de 60 minutos que se llama One Way Boogie Woogie, la película fue filmada por Benning en su ciudad natal y registra de frente, y siguiendo sus parámetros estructurales, distintos puntos del valle industrial de la ciudad. Acá mis preguntas ya no tienen que ver con la matemática, sino con otro orden que tiene que ver con el azar. Uno puede ir mil y una vez a filmar el valle industrial de Milwaukee y nunca podrá repetir un mismo plano dos veces. El día que va al frente de cierto edificio se encontrará uno con lo que el azar tiene para darle a la cámara, y deberá conformarse con eso o no terminar jamás su película. Entonces, ¿qué es lo que hace que Benning elija esos sesenta segundos exactos y no otros? ¿Hizo el ejercicio de registrar sólo más o menos lo que sabía que iba a utilizar, o filmó planos que duraban horas y luego eligió sus segundos de preferencia? De ser así, ¿qué es lo que hace que los prefiera?

Pienso en el azar al que Benning se entregó en esas películas, y en, por el contrario, lo calculada que está su película L. Cohen, quizás la más bella de su filmografía. Benning viaja con su cámara hasta Oregon y encuadra dejándonos ver el Monte Jefferson. El tiempo pasa junto a la montaña inmaculada. En la sala esperamos junto al plano y, como estamos acostumbradxs a esa temporalidad, miramos el cuadro en busca de algo. De pronto nos sorprende la voz de Leonard Cohen y junto a ella aparece un eclipse que modifica absolutamente todo lo que veníamos viendo, y probablemente lo que habíamos visto antes, en otros lados. Nada de lo que diga es suficiente para describir el final de esa película. 

Me acuerdo de que, viendo Readers, me alegraba mucho cuando podía descubrir en algunx de lxs lectorxs un gesto parecido al que tengo yo cuando leo, o cuando paso mucho tiempo realizando la misma acción en una misma posición, como la que tengo cuando miro un film en una sala de cine. De pronto me encontré haciendo lo mismo que lxs lectorxs de la película: moviendo una pierna hacia arriba del asiento, desviando la mirada hacia otro foco de atención, corriéndome el pelo de la cara, retomando la atención durante un largo rato, sonriendo cuando algún momento en particular me resultaba cercano. Esa complicidad con la pantalla la brinda la temporalidad de los planos, que me permitió moverme al mismo tiempo que aquello que estoy mirando, y que como resultado devino en una de las películas más acogedoras que vi en mi vida.

Una vez mi hermano Alejo tocó la puerta de mi cuarto y me encontró ofuscada intentando resolver un ejercicio de matemática que me habían dado en el primario. Tenía once años y quince consignas para resolver. No podía ayudarme con la tarea. Hay ciertas cosas de la matemática que unx olvida cuando crece, como calcular un vector o despejar una X. En cambio, me dijo que las matemáticas ayudan a salvar vidas y que algún día podrían llegar a salvar la mía. Eventualmente resolví los ejercicios, y rápidamente olvidé cómo se hace, y una vez que había finalizado el ciclo lectivo pensé que las matemáticas eran inútiles, que nunca jamás iba a poder llevar a mi vida algo de lo que estaba aprendiendo en esa materia. Sin embargo, gracias a Benning descubrí que la matemática puede usarse para esperar lo maravilloso y, mejor aún, para llevar tu cámara a esperar que ese acontecimiento suceda. No tengo una respuesta exacta para mis preguntas en torno a sus películas, pero estoy segura de que tiene que ver con el misterio de la belleza y la confianza en el azar

Autora: Lara Franzetti.

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