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Noticias 9 de abril - 2026

Albert Serra y Bi Gan debatieron en Shanghái sobre literatura, cine e inteligencia artificial

Aunque se conocieron personalmente hace apenas un mes en París, el director español Albert Serra y el cineasta chino Bi Gan protagonizaron en Shanghái una conversación que pareció la continuación de un debate iniciado mucho tiempo atrás. Ambos participaron el 21 de junio en el encuentro “Historias que viajan más lejos: literatura y cine en el diálogo España-China”, celebrado en el marco del Mercado Internacional de Cine y Televisión de Shanghái, que se desarrolla en paralelo al Festival Internacional de Cine de Shanghái.

La actividad reunió a dos de las voces más singulares del cine contemporáneo para reflexionar sobre la adaptación literaria, las formas de narración audiovisual y el papel de la creación artística en una época marcada por la tecnología y la globalización. La jornada comenzó con la proyección de cortometrajes de Carla Simón, Turbo y Nicolás Méndez, además de una presentación de la Federación de Gremios de Editores de España sobre el potencial cinematográfico de la literatura española.

Durante el diálogo, Serra defendió una concepción libre de la adaptación literaria. El realizador catalán, conocido por inspirarse en textos clásicos sin trasladarlos literalmente a la pantalla, explicó que el material de partida pierde protagonismo una vez iniciado el proceso creativo.

“Simplemente uso algunos métodos o algunas ideas básicas que todos conocen, y desde ese punto de partida creo algo propio”, afirmó. Según Serra, desarrollar una película a partir de una obra literaria o de una idea completamente nueva implica un proceso igualmente creativo. “No me importa. Sólo quiero hacer una buena película, una película original y personal”, agregó. Bi Gan, por su parte, describió su vínculo con la literatura desde una perspectiva menos confrontativa y más estructural. El director de Largo viaje hacia la noche sostuvo que la influencia literaria en su cine se manifiesta especialmente en la construcción narrativa y poética de sus obras.

“El título de una película es su cara”, señaló. “A menudo utilizo títulos de libros de literatura como títulos de películas, ofreciendo al público la puerta de entrada perfecta a la historia”. También explicó que incorpora estructuras literarias y poéticas que modifican el desarrollo de los personajes y el flujo narrativo habitual del cine de género. La admiración mutua fue otro de los ejes de la conversación. Serra elogió el uso de la poesía en Resurrección, la más reciente película de Bi, mientras que el realizador chino destacó la experiencia que le produjo ver Tardes de soledad, la obra más reciente del cineasta español.

“La película organiza la literatura en un lenguaje cinematográfico, lo cual es realmente nuevo y fresco para mí”, afirmó Bi. Incluso las largas secuencias contemplativas, como las imágenes de nubes, le resultaron estimulantes y alejadas del aburrimiento.

El debate se volvió especialmente intenso al abordar la adaptación literaria. Serra sostuvo que cualquier adaptación implica una tensión inevitable entre la fidelidad y la reinvención. “Hay que respetar el material, porque si no crearás tu propia historia”, explicó. Sin embargo, añadió que “al mismo tiempo, debes traicionar el material original para crear tu propia historia. Hay que ser valiente”.

Fiel a su estilo provocador, fue aún más lejos al cuestionar el sentido mismo de las adaptaciones. “No veo el sentido de hacer adaptaciones. Así que es para gente vaga que no quiere proponer ideas originales”, declaró.

Bi respondió reivindicando la importancia histórica de la relación entre literatura y cine. Recordó que numerosas corrientes cinematográficas se desarrollaron a partir del diálogo con la narrativa escrita y destacó películas como Honor de caballería, de Serra, por su capacidad para deconstruir los textos originales y expandir los límites del lenguaje cinematográfico.

Pese a sus diferencias, ambos coincidieron en una idea paradójica: los libros considerados menores suelen generar mejores adaptaciones que las grandes obras maestras. Para Serra, el excesivo respeto que despiertan los clásicos termina restringiendo la libertad creativa de los realizadores. “La gente que tiene buenos libros los respeta demasiado, por eso no son libres”, sostuvo. “Se sienten como si estuvieran en una prisión”.

Bi resumió el desafío con una frase contundente: “Adaptar textos a la pantalla es una tarea enorme y plagada de obstáculos, lo que hace que las películas literarias verdaderamente exitosas sean extremadamente raras”. La conversación también abordó las influencias literarias de ambos autores. Bi destacó especialmente la figura de Federico García Lorca, cuya poesía definió como “breve y bella, como pequeñas y suaves exclamaciones”. Según explicó, la influencia del poeta español se percibe menos en la superficie de sus guiones que en cuestiones más profundas relacionadas con la muerte, el miedo y la sensibilidad artística.

En el tramo final del encuentro surgió el tema de la inteligencia artificial y su impacto sobre la creación audiovisual. Ambos directores se mostraron escépticos respecto de la idea de que estas herramientas puedan democratizar plenamente la producción cinematográfica.

Bi cuestionó incluso la posibilidad de una comunicación transparente entre humanos y sistemas de inteligencia artificial. “El lenguaje es una enorme fantasía”, afirmó, señalando las contradicciones inherentes a la pretensión de que una máquina pueda interpretar con exactitud los deseos de un creador.

Serra fue aún más categórico. “Lo único que no tendrá la IA es inocencia, porque la IA se basa en recopilar datos, y la inocencia se basa en borrar datos”, sostuvo. Para el director español, la verdadera creación artística sigue dependiendo de la capacidad humana de romper con las formas establecidas y encontrar caminos inesperados. Más allá de las diferencias de enfoque, el diálogo dejó una conclusión compartida: el cine continúa siendo un territorio profundamente ligado a la experiencia humana, donde la intuición, la memoria cultural y la mirada personal del autor siguen siendo irremplazables.

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