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Invention – MALBA Cine
“Deslumbrar desde los margenes

Por Fernando Bertucci

Con Al oeste, en Zapata, el director David Bim, logra una ópera prima profundamente conmovedora y visualmente poderosa, que pone al descubierto la vida de quienes habitan los márgenes de la sociedad cubana. Filmado en una impresionante fotografía en blanco y negro, este documental observacional nos traslada a la Ciénaga de Zapata, donde la naturaleza salvaje, la historia revolucionaria, la pandemia y la vida cotidiana se entrecruzan con una sensibilidad que emociona. Dividida en dos partes, Al oeste, en Zapata sigue la vida de Landi y Mercedes, una pareja que lucha por subsistir mientras cuida de su hijo Deinis, un adolescente con discapacidad. En la primera mitad, titulada “Landi”, acompañamos al protagonista en su trabajo como cazador de cocodrilos dentro de una zona protegida. Lo vemos atravesar el pantano con un cocodrilo sobre los hombros, escuchando las noticias del mundo, la pandemia, la propaganda estatal, las efemérides de la Revolución, a través de un viejo radio de cuerda, su única compañía durante semanas de soledad.

Es notable cómo Bim construye la narración sin necesidad de palabras ni entrevistas. La cámara se vuelve observadora silenciosa, siguiendo los movimientos de Landi con planos largos que evocan el cine de Flaherty y también de Lisandro Alonso, pero aportando una sensibilidad propia. La secuencia de la captura del cocodrilo, con Landi sumergido hasta la cintura en medio de una lluvia tenue, es de una belleza y tensión únicas, y demuestra que el cine no necesita grandes recursos para ser profundamente cinematográfico. La segunda parte del film, “Mercedes”, introduce un nuevo punto de vista. La esposa de Landi cuida de su hijo, cocina, produce carbón y lo busca en el monte. Ella también vive en aislamiento, pero en un encierro doméstico donde las preocupaciones son inmediatas y concretas: el bienestar del niño, la falta de recursos, la ausencia del marido. Deinis aparece como una figura de gran ternura, sin victimismo ni dramatismo. Bim lo retrata desde el amor incondicional de sus padres, y le otorga una presencia llena de humanidad y dignidad.

La película evita el discurso explícito y se decanta por una representación poética del tiempo y del espacio. El uso del blanco y negro genera una atmósfera suspendida, como si el presente de Cuba estuviera anclado en un pasado que no termina de irse. La radio, con sus noticias repetitivas y su tono épico, contrasta con las imágenes silenciosas y humildes del día a día. Hay una tensión permanente entre la memoria oficial y la realidad concreta que viven los protagonistas. Esa tensión es uno de los hallazgos más potentes del filme. Aunque se inscribe en una tradición del cine que “muestra Cuba” desde los bordes, como hizo El Mégano en los años 50, Al oeste, en Zapata no busca denunciar ni romantizar. Su gesto es más íntimo: ofrecer una mirada sincera y amorosa sobre una familia que sobrevive entre el pantano y la precariedad, pero también entre el amor y la resiliencia. Hay momentos de verdadero misterio, como cuando Mercedes canta “La de la mochila azul” y Deinis, absorto, realiza un movimiento corporal enigmático, que parece un trance. Es en ese instante donde el cine se convierte en algo más que testimonio: se vuelve poesía.

Más allá del valor documental, su propuesta es profundamente artística: capta la esencia de lo cotidiano y lo convierte en cine. Es un retrato de Cuba, sí, pero también de la condición humana, de las contradicciones entre lo colectivo y lo individual, del peso del pasado y la fragilidad del presente.

Titulo: Al Oeste, En Zapata 

Año: 2025

País: Cuba

Director: David Bim