Las películas En nombre del hijo (2020) de Martina Matzkin y Tomboy (2011) de Celine Sciamma construyen un cine que representa la diversidad de género y sexual en la niñez y pubertad. Dos historias que proponen una mirada alejada del discurso cisnormativo y logran visibilizar la adolescencia trans desde un punto de vista sensible y poético.

El cortometraje de la directora argentina Martina Matzkin, describe los cambios físicos y emocionales por los que atraviesa Lucho (Tristán Miranda), un adolescente trans de 13 años, al momento de redescubrir su identidad. El relato se sumerge en las distintas emociones que atraviesa el protagonista. Con muy pocos diálogos, avanza a un ritmo suave y casi meditativo.

La directora propone una narrativa visual y poética que transmite los estados emocionales a través de colores, luces y texturas. Las escenas transcurren en la intimidad familiar durante unas vacaciones en la costa. La relación con su padre y su hermana menor es uno de los ejes principales de esta historia. A pesar de los miedos y la angustia, el adolescente tiene una certeza: se siente varón.

Por otro lado, Tomboy de Celine Sciamma  -la directora francesa de Water lilies (2007) y Retrato de una mujer en llamas (2019)- es un largometraje que cuenta la historia de Laure, una niña de 10 años, que tras mudarse con su familia a un barrio en las afueras de París, decide presentarse como Michael ante sus nuevos compañeres. Una de elles es Lisa, una chica de su edad por la que siente atracción. Dentro de su nuevo escenario, Laure vive diferentes situaciones en las que explora su género y sexualidad.

Laure asume mediante la perfomatividad las conductas asociadas al género masculino. De esta manera, la cineasta francesa refuerza la idea de que todo género es performativo y se construye a partir de las prácticas sociales. El relato contrapone el espacio familiar, de la mano de una madre opresiva, con el espacio social, donde el niñe encuentra mayor libertad para crear una nueva identidad.

Ambos relatos exponen la temática desde dos puntos de vista: la mirada externa y la búsqueda interna. Los personajes de Laure y Lucho nos introducen en el proceso  emocional y en las violencias cotidianas que atraviesan las identidades trans. Por eso, respetar, apoyar y contener la transición desde el primer momento de identificación es un acto de amor y empatía⚫

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