“Un manifiesto silencioso contra la hiperproductividad

Por Kristine Balduzzi

Hay una fatiga que no se puede medir en horas de sueño ni en tazas de café. Es un cansancio que se adhiere al cuerpo como una segunda piel y que, en lugar de aliviarse con el descanso, parece intensificarse cada vez que suena una notificación o se abre un nuevo correo. Paula Ďurinová explora esa extenuación contemporánea a través de un ensayo fílmico que evita fórmulas fáciles y se adentra en la contradicción de una generación atrapada entre la autoexplotación y la ilusión de libertad. La directora no se limita a registrar jornadas laborales interminables o a compilar estadísticas alarmantes sobre la productividad. Lo que hace, más bien, es abrir un espacio de escucha y observación, en el que un grupo de jóvenes berlineses se expone en toda su vulnerabilidad. Sus rutinas se entrelazan con fragmentos de conversaciones, confesiones a media voz y un montaje que renuncia a la linealidad para proponer la experiencia de la deriva mental. Entre planos de calles grises, interiores impersonales y detalles casi abstractos, se filtra una pregunta insistente: ¿de dónde proviene esta sensación de estar siempre en deuda con el tiempo?

La estrategia de Ďurinová es doble. Por un lado, construye un archivo personal de imágenes que reelabora como si quisiera volver a habitar, cuadro por cuadro, los lugares donde alguna vez sintió la ansiedad rozarle la garganta. Por otro, convoca a una pequeña comunidad de voces que reflexiona colectivamente sobre la frontera difusa entre agotamiento íntimo y violencia estructural. Así, lo que empieza como un diario de crisis se despliega como un manifiesto silencioso contra la normalización del estrés crónico. Lejos de limitarse a ilustrar teorías críticas, la película se permite explorar la textura misma de la fatiga. Un sonido que golpea como un eco obsesivo, un plano sostenido que retiene el parpadeo de un neón o una toma borrosa de un rostro que se desvanece en la penumbra: cada elemento participa de una coreografía de la confusión. Y sin embargo, entre tanta saturación, la lentitud se vuelve una forma de resistencia. Hay pausas, silencios y negros que abren grietas por donde asoma la posibilidad de pensar colectivamente lo que se nos presenta como un mal estrictamente individual.

Aunque algunas miradas puedan acusar cierta ingenuidad en su propuesta, y es cierto que por momentos la narración se aproxima peligrosamente a la autorreferencia cerrada, hay en la puesta en escena de Ďurinová una honestidad que sostiene el conjunto. La narradora, que interviene de tanto en tanto, no pretende pontificar ni dar respuestas definitivas. Más bien se sitúa como una acompañante que comparte dudas y fragmentos de lecturas, como si recordara a cada momento que no hay manual posible para desmontar el mito de la hiperproductividad. Visualmente, el film equilibra la observación directa con incursiones casi oníricas. Una bicicleta que zigzaguea por calles vacías, un cuerpo que se desploma sobre un montón de heno, un foco de estadio encendido en mitad de la noche: metáforas que tal vez parezcan demasiado explícitas, pero que logran sostener un contraste fértil entre lo visible y lo latente. Es allí donde Action Item encuentra su impulso más político: cuando muestra que el desgaste no es solo una cuestión de psiquis individual, sino un síntoma de un orden que patologiza lo que debería discutirse colectivamente.

En sus mejores momentos, la película se siente como un espacio de descompresión, un respiro en medio del bombardeo de tareas pendientes. Su brevedad, lejos de empobrecerla, la vuelve compacta y decidida. La estructura fragmentaria y el uso de material de archivo contribuyen a reforzar la sensación de que se trata de un trabajo inacabado, abierto a nuevas capas de interpretación. Quizás no todos encuentren en este ensayo respuestas que alivien la carga diaria, ni soluciones prácticas para redefinir la relación con el trabajo. Pero en tiempos en que hasta el descanso se vuelve parte de la agenda de la autoexplotación, detenerse a mirar la fatiga de frente es, en sí mismo, un gesto subversivo. Ďurinová invita a habitar esa pausa, a compartirla y, tal vez, a entender que, aunque parezca un asunto privado, el agotamiento de uno es siempre el síntoma de algo que excede cualquier terapia individual. Si algo deja este trabajo es la certeza de que filmar el cansancio puede ser una forma de cuidar y de confrontar. Entre la voz que narra, las miradas que se cruzan y los planos que insisten en permanecer un segundo más de lo necesario, se filtra una idea que desafía la resignación: repensar la angustia no como una debilidad que aisla, sino como una oportunidad de tejer vínculos y rehacer colectivamente las preguntas sobre qué significa, hoy, estar vivo y disponible para los demás sin dejarse consumir del todo.

Titulo: Action Item

Año: 2025

País: Eslovaquía

Director: Paula Ďurinová

 

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CARTELERA MARZO: