Los directores israelíes mostraron por primera vez en Estados Unidos su documental con testimonios de soldados y oficiales sobre la guerra en Gaza, en una charla con Dennis Lim en el Festival de Cine de Nueva York.
El Festival de Cine de Nueva York fue escenario del estreno estadounidense de NAZA, el documental de Yuval Abraham y Rachel Szor (codirectores de No Other Land) que reúne los testimonios de 24 soldados y oficiales israelíes sobre cómo se llevan adelante los ataques en Gaza. Tras la proyección, los realizadores conversaron con Dennis Lim, director artístico del festival, que recordó que la película llegaba precedida por una fuerte polémica desde su estreno en Venecia, alimentada “mayormente por gente que no la vio”. Abraham, periodista de investigación de la revista +972, de Local Call y de The Guardian, que produce el film, explicó que el documental se apoya en más de once investigaciones publicadas y en más de cien fuentes confidenciales. “Algunos sentían la necesidad de hablar, especialmente en hebreo, para atravesar los muros de negación, de justificación y de silencio en la sociedad israelí”, dijo sobre los entrevistados. También reconoció que todo esto fue documentado “primero y ante todo por periodistas palestinos en el terreno durante muchísimos años”. “No hace falta escuchar a soldados israelíes para entender el horror de lo que pasa en Gaza. Pero persiste porque mucha gente todavía lo niega, y parte de nuestra esperanza es que esta película haga esa negación un poco más difícil”.
Frente a las críticas por el anonimato de los testimonios, Abraham recordó que uno de los entrevistados dice en la película que Israel podría tomar represalias si mostrara su rostro. “En la historia del periodismo de investigación, garantizar la confidencialidad de las fuentes es muchas veces una forma de buscar la verdad. Esta película no se habría podido hacer de otra manera”, sostuvo. Remarcó que revelaciones como la cantidad de civiles que el ejército permite matar por ataque o la existencia del sistema Lavender fueron corroboradas por otros medios, y que todas las identidades fueron verificadas junto con la mesa de investigaciones de The Guardian. Szor, directora de fotografía, explicó por qué eligieron filmar en terrazas con Tel Aviv de fondo: “Cuando caminás por Tel Aviv tenés la sensación de que todos estos crímenes están ocurriendo, que los estamos cometiendo nosotros, y que nadie habla de eso”. Recordó que muchos de esos oficiales se consideran de izquierda, viven en la ciudad y operan desde el cuartel general ubicado en su centro. “Ves las fotos de los rehenes por todas partes. Pero nadie habla de lo que pasa en Gaza”. Sobre los dibujos que hacen los entrevistados, dijo que sirvieron para mostrar que sistemas que Israel oculta incluso a su propio público “son algo real”.
Abraham contó que eligió preguntar por el “cómo” y no por el “por qué”, sin narración ni infografías, porque anticipaba una reacción muy dura. “Creo que Netanyahu ayer comparó esta película con una andanada de misiles balísticos. Y ya saben qué les pasa a los que disparan misiles: los matan. Es una criminalización del periodismo”, denunció. Al final, ante la mención de Lim de los casi 4.000 millones de dólares anuales de ayuda militar estadounidense a Israel, recordó que lo relatado en el film “se hizo con el dinero de los contribuyentes de la gente que está sentada acá”. Frente a los camiones que protestaban afuera con imágenes del 7 de octubre, afirmó que esa masacre “es completamente injustificable, pero tampoco puede justificar la matanza de tantos civiles en Gaza”. Y cerró: “No quiero vivir en un mundo donde la empatía legítima hacia las víctimas israelíes sea usada como arma por líderes como Netanyahu para significar falta de empatía hacia los palestinos. Todos deberíamos negarnos a jugar este juego de suma cero”.