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En la conferencia del jurado de Venecia, Maggie Gyllenhaal defiende el carácter político del cine y cuestiona la escasa presencia de directoras
2 de septiembre · 2026

La presidenta del jurado de la Competencia Oficial sostuvo que las películas son “fundamental e inevitablemente políticas” y señaló que existe “un problema sistémico” que dificulta a las mujeres acceder a financiación. Alberto Barbera, por su parte, defendió una selección atravesada por conflictos contemporáneos y aseguró que el único criterio para elegir las películas es “la calidad y la complejidad de una obra”.

La política y la representación de las mujeres en el cine ocuparon buena parte de la conferencia de prensa inaugural del jurado de la 83ª Mostra Internazionale d’Arte Cinematografica de Venecia, que comienza hoy. En un contexto internacional marcado por las guerras en Gaza y Ucrania, las tensiones políticas en Estados Unidos y el avance de la extrema derecha, Maggie Gyllenhaal, presidenta del jurado de la Competencia Oficial, fue consultada sobre el lugar de la política en el cine.

“¿Cómo es posible que estemos aquí hablando de cine ahora mismo, cuando el mundo se encuentra en estado de emergencia?”, planteó la directora de La hija perdida y La novia. Para Gyllenhaal, la respuesta está en una de las capacidades fundamentales del cine: la empatía. “Creo que tiene que ver con la empatía. El cine ofrece una oportunidad para encontrarla”, sostuvo, en referencia a la posibilidad de acercarse a experiencias y vidas diferentes a través de las historias que cuentan otros.

La cineasta defendió además que no existen temas ni cineastas que deban quedar fuera de esa posibilidad de ser escuchados. “No creo que haya ningún tema ni ningún cineasta que no deba ser escuchado”, afirmó. “Creo que podemos desafiarnos a nosotros mismos para escuchar historias sobre las personas más corruptas, más perversas, porque eso nos brinda la oportunidad de encontrar empatía hacia esas personas”.

Para Gyllenhaal, incluso acercarse a personajes moralmente incómodos puede permitir una reflexión sobre nosotros mismos: “Incluso de observar las formas en las que nosotros mismos podemos llevar dentro un pequeño lado malo”.

La discusión sobre el carácter político del cine estuvo acompañada por otra cuestión que atraviesa esta edición de Venecia: la escasa presencia de mujeres directoras en la Competencia Oficial por el León de Oro. De las 21 películas seleccionadas, solo dos cuentan con participación femenina en la dirección: Woman Unknown, de la danesa May el-Toukhy, y Naza, codirigida por la israelí Rachel Szor y su compatriota Yuval Abraham, ambos realizadores de No Other Land.

Consultada por esta situación, Gyllenhaal respondió inicialmente con ironía: “Diría que finalmente ha quedado claro que los hombres hacen mejores películas que las mujeres”.

Pero rápidamente abandonó el tono irónico para abordar el problema de manera directa. “Diría que existe un problema sistémico. Evidentemente, creo que es mucho más difícil para las mujeres conseguir financiación para sus películas”, reflexionó.

La directora también cuestionó los criterios mediante los cuales la industria determina qué películas son consideradas valiosas o pertenecientes a la llamada “alta cultura”. “¿Puede ser que los temas sobre los que las mujeres quieren hacer películas, al haber tenido una experiencia diferente en el mundo, no siempre sean vistos como ‘alta cultura’?”, planteó. Y agregó: “¿Quién decide qué es bueno? ¿Quién decide qué es valioso?”.

Gyllenhaal señaló además que la desigualdad tiene una dimensión histórica. “Ha pasado muy poco tiempo desde que las mujeres han tenido la oportunidad de hacer películas”, afirmó, por lo que, a su juicio, “todavía queda camino por recorrer”.

“Llevará algún tiempo acostumbrarse al hecho de que, creo, muchas mujeres hacen películas de una manera bastante diferente a como las hacen los hombres”, concluyó.

La presidenta del jurado también destacó la relevancia de que una mujer haya sido elegida para encabezar el principal jurado de la Mostra. Junto a ella integran el comité la directora tunecina Kaouther Ben Hania, la cineasta afgana Shahrbanoo Sadat, el compositor británico Daniel Blumberg, los realizadores Xavier Giannoli (Francia) y Johnnie To (Hong Kong), y el profesor e historiador del cine italiano Francesco Casetti.

La conversación derivó también hacia una de las características más evidentes de la selección de este año: la fuerte presencia de películas vinculadas con conflictos políticos, guerras, crisis sociales, migración y otras problemáticas contemporáneas.

Alberto Barbera, director artístico de la Mostra, defendió la selección y aseguró que no existen “temas que se rechacen” a la hora de elegir las películas ni vetos hacia determinados directores o países.

“El único requisito es la calidad, la complejidad de una obra”, afirmó Barbera. Según explicó, la presencia de tantas películas vinculadas con la actualidad responde en buena medida a la sensibilidad de los propios cineastas: “Ahora tenemos muchas películas que hablan de actualidad, quizá porque la mayoría de directores tiene una sensibilidad especial y no quieren refugiarse en mundos de fantasía, prefiriendo afrontar cuestiones dramáticas en un momento particularmente difícil”.

Las declaraciones se producen además en un festival que llega a su apertura bajo una creciente presión para posicionarse frente a la situación en Gaza. El colectivo Venice4Palestine difundió una carta abierta firmada, entre otros, por Annie Ernaux, Roger Waters, Isabel Coixet y Matteo Garrone, en la que reclama a la Mostra adoptar “medidas concretas” en apoyo de Palestina y solicita que la bandera palestina sea exhibida durante el festival.

La dimensión política de la edición también había sido anticipada por el propio Barbera, quien definió la selección como una de las más políticas de los últimos años. Para el director artístico, la abundancia de películas que abordan guerras, Palestina, inmigración, cambio climático, tensiones sociales y restricciones a las libertades no responde a una línea editorial impuesta por el festival, sino a una coyuntura que los cineastas están eligiendo abordar desde sus propias obras.

En ese escenario, la primera conferencia del jurado dejó planteadas dos de las preguntas que probablemente acompañarán a Venecia durante las próximas semanas: qué lugar puede ocupar el cine frente a un mundo atravesado por emergencias políticas y sociales, y quiénes tienen realmente la posibilidad de participar en la construcción de esas imágenes.

Para Gyllenhaal, ambas cuestiones están relacionadas con la capacidad del cine para ampliar nuestra mirada. “Estoy aquí abierta. Estoy aquí curiosa”, había dicho al referirse a las películas que deberá juzgar. Ahora será el jurado que preside —y no solo la conferencia de prensa— el encargado de decidir cuáles de esas miradas llegarán al León de Oro.

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