Hearing (2026), de Lê Bảo
"Lo más llamativo de Hearing no es tanto su trama, deliberadamente fragmentada, sino la manera en que Lê Bảo construye una experiencia sensorial casi hipnótica."
El sonido que separa
El director vietnamita Lê Bảo confirma con su segundo largometraje, Hearing, la sensibilidad singular que ya había mostrado en Taste, su debut de 2021 premiado en la Berlinale. Si aquella película giraba en torno al gusto, esta nueva entrega convierte el oído en el centro de una historia familiar marcada por el silencio, la distancia y las heridas que se transmiten de generación en generación.
El protagonista, Ninh, es un hombre de mediana edad que se gana la vida instalando medidores de decibelios: aparatos equipados con una luz que se enciende cuando el ruido de un lugar supera cierto umbral. Su trabajo lo lleva desde bares abarrotados hasta rincones de la selva habitados por monos escandalosos, pasando por casas particulares y espacios insólitos. Mientras tanto, su vida personal transcurre en un registro muy distinto: vive con su madre anciana, visita esporádicamente a un padre que optó por el aislamiento en el campo, y arrastra el peso de un divorcio que lo mantiene alejado de sus hijos. El relato sugiere, sin subrayarlo demasiado, que la violencia doméstica atraviesa a ambas parejas, la de sus padres y la suya propia, como un patrón que se repite sin que nadie logre romperlo del todo.
Lo más llamativo de Hearing no es tanto su trama, deliberadamente fragmentada, sino la manera en que Lê Bảo construye una experiencia sensorial casi hipnótica. El diseño de sonido, obra de Vincent Villa, transforma ruidos cotidianos, el agua al caer, el crujido del plástico de burbujas, el roce de una hoja contra la hierba, en algo que roza lo hipnótico, casi como si la película quisiera reeducar el oído del espectador. A esto se suma la banda sonora del artista noruego Mental Overdrive, que irrumpe en un par de escenas con un techno estridente, protagonizado por vecinos de mediana edad que se entregan a un baile desbordado; una imagen tan extraña como memorable dentro de un film por lo demás contenido.
En el plano visual, la cámara de Nguyễn Vinh Phúc mantiene el gusto por los espacios interiores densos y penumbrosos que ya caracterizaba a Taste, aunque aquí se abre también al paisaje: bosques envueltos en niebla, luces que se filtran de manera casi mágica entre los árboles, criaturas que parecen surgidas de un sueño. Esa composición en profundidad de campo evita jerarquizar la mirada del espectador: cada detalle del encuadre pesa lo mismo, invitando a recorrer la imagen con calma en lugar de seguir un punto focal evidente. Ahora bien, cuando la película se detiene demasiado en explicar los conflictos familiares de Ninh, algo de su magia se diluye. Es en los momentos más libres, menos atados a la lógica causal, donde Hearing alcanza su mayor fuerza: una quietud imposible que envuelve un edificio entero, un grupo de figuras solitarias en un almacén abandonado a las que Ninh alimenta con huevos hervidos, o el plano final, en el que una criatura gigantesca semejante a una tortuga nada río arriba mientras el protagonista, entre sollozos, habla de su madre.
Con apenas dos películas, resulta arriesgado sacar conclusiones definitivas sobre Lê Bảo. Pero si algo queda claro con Hearing es que su cine no busca explicarse del todo: prefiere que el espectador se deje llevar por sus imágenes y sonidos, aunque el sentido último permanezca, deliberadamente, fuera de alcance.









