Los días libres (2026), de Lucila Mariani
"Los días libres reivindica esa capacidad adolescente para construir universos a partir de casi cualquier cosa. La fantasía de Bego pertenece a ese momento de la vida en que todavía es posible ensayar mentalmente distintas formas de existir y preguntarse cuál podría ser la propia."
Imaginar otro mundo para encontrar el propio
A los doce años, el mundo comienza a adquirir una forma extraña. La infancia todavía permanece cerca, pero algunas de sus certezas empiezan a perder consistencia. El cuerpo cambia, las relaciones se transforman y los espacios cotidianos adquieren nuevas reglas. La familia parece hablar un idioma diferente, el colegio puede convertirse en un territorio difícil de recorrer y la identidad aparece como algo todavía incompleto. Los días libres, de Lucila Mariani, encuentra en ese momento de transición el corazón de su relato y convierte la imaginación en una forma de atravesarlo.
Bego vive un verano interminable, marcado por la proximidad de un eclipse solar y por una sensación de desplazamiento respecto del mundo que la rodea. En su familia y entre las chicas de su edad, busca un lugar que todavía no consigue identificar. En ese contexto aparece REN__, una amistad nacida en Internet que la introduce en el shifting, una práctica asociada al sueño lúcido y a la posibilidad de acceder mentalmente a otras realidades. Para Bego, imaginar otro mundo significa también imaginar una versión de sí misma capaz de habitarlo. El shifting funciona como una metáfora precisa de la experiencia adolescente. Bego se encuentra físicamente en un mundo mientras interiormente comienza a vivir en otro. Su existencia queda suspendida entre la infancia y la adolescencia, entre la dependencia y el deseo de autonomía, entre lo que conoce y aquello que todavía puede imaginar, y también entre viejas amistades y las que llegarán. El estado hipnagógico, ese territorio impreciso entre la vigilia y el sueño, ofrece una imagen perfecta para comprenderla: Bego atraviesa una zona intermedia en la que las fronteras todavía son móviles.
Crecer consiste, en buena medida, en atravesar una realidad que todavía no sentimos completamente nuestra. Durante la infancia, gran parte del mundo viene dado por los adultos: ellos determinan los espacios, los horarios, las reglas y las posibilidades. Con la adolescencia aparece la necesidad de construir un territorio propio, aunque todavía no existan las herramientas para modificar aquello que nos rodea. Entonces aparece la imaginación. Mariani comprende esa imaginación como una fuerza creativa y encuentra una idea especialmente poderosa al convertir el shifting en una expresión de esa necesidad interior. Bego construye mundos porque necesita un espacio donde sus preguntas puedan existir. La fantasía se convierte en una manera de ensayar posibilidades: otras formas de ser, de relacionarse y de comprender lo que sucede alrededor.
El deseo de escapar adquiere una dimensión íntima. Bego no quiere simplemente desaparecer: quiere encontrar una versión del mundo en la que pueda sentirse más cómoda consigo misma. Su deseo de desplazamiento expresa la necesidad de construir una identidad que todavía está tomando forma. La fantasía funciona como un territorio donde esa búsqueda puede desarrollarse.
Internet ocupa un lugar fundamental porque permite que Bego encuentre a alguien situado fuera de sus coordenadas habituales. REN__ representa una comunidad construida a partir de intereses y sensibilidades que quizá no encuentran lugar dentro de la familia o del colegio. El vínculo virtual se convierte en una forma de educación sentimental: alguien del otro lado de una pantalla puede ofrecer palabras para aquello que todavía resulta difícil explicar. Internet fue para muchos adolescentes uno de los primeros lugares donde aquello que parecía extraño podía ser compartido por otras personas. Los alias, las comunidades y las conversaciones con desconocidos permitieron experimentar identidades y deseos difíciles de expresar en el mundo cotidiano.
Los días libres reivindica esa capacidad adolescente para construir universos a partir de casi cualquier cosa. La fantasía de Bego pertenece a ese momento de la vida en que todavía es posible ensayar mentalmente distintas formas de existir y preguntarse cuál podría ser la propia.
El eclipse que se aproxima intensifica esa sensación de transformación. La luna proyecta su sombra sobre animales y personas, alterando la percepción del paisaje cotidiano. El fenómeno celeste acompaña el movimiento interior de Bego: algo está cambiando y todavía no es posible saber qué forma tendrá después. El mundo conocido adquiere una apariencia distinta porque también está cambiando la mirada de quien lo observa. Bego se encuentra entre una infancia que empieza a quedar atrás y una identidad que todavía está tomando forma. Fantasear, soñar, inventar mundos y buscar personas con quienes compartirlos forman parte de ese proceso. Bego aprende a mirar su realidad desde otro lugar y, en ese movimiento, comienza también a descubrir qué clase de lugar quiere ocupar dentro de ella. Mariani construye con sensibilidad y gran claridad conceptual este territorio de transición. Los días libres es una valiosa ópera prima, sostenida por ideas consistentes y potentes, capaz de convertir una fantasía adolescente en una reflexión sobre la necesidad profundamente humana de imaginar un lugar propio.









