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The Loneliest Man in Town – MALBA Cine
Caligari
American Cinematheque
Cinema of DespairBleak Week
7 al 14 Jun 2026 Buenos Aires, Argentina
Crítica
Crítica
Yes, Nadav Lapid

The Loneliest Man in Town (2026), de Tizza Covi y Rainer Frimmel

"¿Significa estar rodeado de recuerdos estar muerto en vida? La película demuestra que la pasión y el arte no son meros pasatiempos para evadir el tiempo, sino auténticos escudos metafísicos contra el aislamiento social."

El dilema de Kaurismäki: La dignidad en la soledad y la vejez

Existe una conocida máxima atribuida al último líder soviético, Mijaíl Gorbachov, que hoy en día los manuales de liderazgo y el pensamiento corporativo repiten como un mantra indiscutible: «Si no te mueves hacia adelante, te mueves hacia atrás». Bajo esta premisa implacable, la sociedad contemporánea ha convertido el movimiento constante, la productividad y la reinvención permanente en las únicas formas válidas de existencia. Detenerse es retroceder; envejecer sin producir es quedar obsoleto. Frente a este mandato de aceleración, la figura de un anciano músico de blues en el corazón de Viena se presenta como un acto de resistencia silenciosa pero radical. A través de la mirada de los cineastas Tizza Covi y Rainer Frimmel, la historia de este singular artista nos invita a cuestionar la validez de esa urgencia moderna, proponiendo en su lugar una profunda reflexión existencial sobre cómo habitamos la vejez, la aparente quietud y el aislamiento.

El título define de forma contundente al protagonista como el hombre más solitario de la ciudad. Sin embargo, lo que emerge en la pantalla dista mucho de ser el retrato patético o lastimero de la decrepitud que el cine comercial suele construir. Al igual que los entrañables y lacónicos personajes del director finlandés Aki Kaurismäki, la soledad del músico vienés no se vive desde el desamparo, sino desde una profunda e inquebrantable dignidad. Su existencia está rodeada de recuerdos, discos de vinilo y reliquias de un tiempo que el resto del mundo ya ha decidido archivar. Habita un edificio que se cae a pedazos y del cual es el último inquilino, resistiendo los embates de un entorno que pretende desahuciarlo. Para el observador externo, este hombre parece atrapado en reversa, un náufrago del siglo veinte testarudamente desconectado de las dinámicas del presente. Es aquí donde el ensayo existencial cobra su verdadera fuerza. ¿Significa estar rodeado de recuerdos estar muerto en vida? La película demuestra que la pasión y el arte no son meros pasatiempos para evadir el tiempo, sino auténticos escudos metafísicos contra el aislamiento social. Mientras las corporaciones inmobiliarias le cortan la luz en plena Navidad para forzar su salida, el protagonista enciende unas velas y, con una guitarra entre las manos, transforma la hostilidad exterior en una melodía serena. No hay desesperación en sus gestos; hay un control absoluto de su propio tempo vital. La música, en este contexto, opera como un refugio y como un lenguaje que le permite dialogar con sus fantasmas y con sus mitos sin necesidad de encajar en el bullicio de una Viena que avanza hacia la homogeneización. Su soledad es melódica, está estructurada bajo las leyes de un blues pausado que sabe que la melancolía también puede ser una forma de belleza.

La aparente inmovilidad del personaje se rompe cuando la presión exterior vuelve inevitable el desalojo. Es en ese instante de crisis profunda donde la noción del progreso lineal se desmorona y da paso a una verdad más humana: nunca es tarde para la autorrealización. Al verse obligado a desprenderse de su santuario físico, el músico decide desempolvar un viejo sueño de la juventud, aquel que postergó durante décadas mientras cuidaba de su difunta esposa y consolidaba su estatus de leyenda local: viajar al Delta del Misisipi, la tierra prometida de sus acordes. Este giro transforma por completo el significado de su vejez. El viaje planeado a los Estados Unidos a una edad tan avanzada no es un intento desesperado por rejuvenecer, sino el cumplimiento de un pacto postergado con su propia identidad. Al vender sus posesiones más preciadas, el protagonista realiza un ejercicio de desapego que, lejos de empobrecerlo, lo libera de las ataduras materiales que lo mantenían anclado. El movimiento hacia adelante se produce finalmente, pero no bajo la presión del mandato social de Gorbachov, sino bajo sus propios términos y en el momento exacto en que su fuero interno lo demanda.

Parece que la idea clave es que la vejez no tiene por qué ser un periodo de repliegue pasivo ni una etapa de horror clínico. La dignidad con la que el protagonista trata incluso a los invasores de su espacio, esos intermediarios rústicos que pretenden amedrentarlo, demuestra una estatura moral que solo se alcanza cuando se ha vivido con fidelidad a una pasión. El arte no salva al cuerpo de la decadencia física, pero sí rescata al espíritu del olvido y de la vulgaridad del entorno. Al final, la odisea de este bluesman centroeuropeo nos confronta con el espejo de nuestras propias prisas. La verdadera soledad no es la ausencia de compañía, sino la ausencia de un propósito íntimo, y que la dignidad consiste en saber sostener la mirada al tiempo, con el cuello de la chaqueta levantado y una guitarra dispuesta a tocar la siguiente nota, sin importar cuán tarde parezca en el reloj del mundo.

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