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14 de mayo - 2026
Cannes Next puso el foco en la IA y los derechos audiovisuales con el panel “AI Meets IP: Voice, Rights and Creative Control”
El avance acelerado de las herramientas de inteligencia artificial dentro de la industria audiovisual está obligando a productores, creativos y especialistas legales a replantear cuestiones vinculadas con la autoría, el consentimiento y la transparencia. Ese fue el eje central del panel “AI Meets IP: Voice, Rights and Creative Control”, organizado por el International Screen Institute durante el Marché du Film del Festival de Cannes.
La charla, moderada por Carlo Rizzo, reunió a Andrea Elisa Pisu, la asesora legal y de políticas públicas Charlotte Lund Thomsen y a Margarita Grubina, quienes analizaron cómo los flujos de trabajo impulsados por IA ya están transformando los procesos de producción, al mismo tiempo que abren nuevos interrogantes éticos y contractuales.
Durante el encuentro, Pisu explicó que el International Screen Institute viene incorporando cada vez más contenidos vinculados con la transición tecnológica dentro de sus programas de formación. Según sostuvo, los profesionales del sector necesitan comprender de manera práctica el funcionamiento de los sistemas de inteligencia artificial y las implicancias que tienen sobre la producción audiovisual.
La especialista detalló que la institución amplió iniciativas ya existentes —como capacitaciones en negocios y aspectos legales, diseño de audiencias y estrategias orientadas al mercado— mediante componentes centrados en tecnología. En ese sentido, remarcó que el desafío pasa por combinar métodos tradicionales con herramientas automatizadas y modelos basados en datos, especialmente en áreas como la interacción con el público y los flujos de producción.
Pisu también presentó “Future Ready”, un nuevo programa que comenzará en noviembre y que busca preparar a los profesionales frente a la transformación tecnológica que atraviesa el sector audiovisual. “La IA es simplemente el próximo avance tecnológico”, afirmó, y aclaró que el objetivo no es “demonizar ni celebrar ciegamente” estas herramientas, sino brindar a los creadores los conocimientos necesarios para tomar decisiones informadas sobre cómo y cuándo utilizarlas.
En esa línea, el panel destacó el trabajo experimental del productor austríaco Georg Tiller y su “Prometheus Manifesto”, un proyecto que “explora críticamente el mundo de la IA”. Pisu señaló que Tiller representa el caso de un productor que pasó del “cine tradicional” a experimentar con inteligencia artificial para ampliar las posibilidades creativas y repensar el rol del productor dentro de la cadena de valor audiovisual.
La conversación se desplazó luego hacia aplicaciones concretas de la industria a partir del trabajo de la empresa ucraniana Respeecher, especializada en tecnologías de generación de voz mediante inteligencia artificial para cine, televisión y videojuegos. Grubina explicó que la compañía desarrolla esta tecnología desde hace aproximadamente ocho años, mucho antes de que la IA se convirtiera en un tema central dentro del entretenimiento.
Al mostrar fragmentos de producciones realizadas con herramientas de la empresa, Grubina subrayó que el enfoque de Respeecher prioriza las garantías éticas y la colaboración con intérpretes y titulares de derechos. “Nunca clonamos voces sin el permiso de su propietario”, aseguró. Además, explicó que la compañía evita utilizar datos protegidos por copyright de sus clientes para entrenar sus modelos y que el acceso a las voces generadas queda restringido exclusivamente al cliente involucrado en cada proyecto.
La ejecutiva añadió que la transparencia frente a las audiencias y colaboradores resulta fundamental, especialmente en un contexto donde muchas de las reacciones negativas hacia la IA aparecen cuando las producciones intentan ocultar el uso de estas tecnologías. Como ejemplo, mencionó la película Emilia Pérez, donde se emplearon herramientas de mejora vocal de manera transparente para potenciar la capacidad de canto de una intérprete sin alterar la intención artística original.
Otro de los puntos centrales del debate estuvo relacionado con la incertidumbre jurídica y las diferencias regulatorias entre distintos países. Thomsen explicó que actualmente los productores enfrentan múltiples desafíos, desde el uso de materiales protegidos por derechos de autor para entrenar sistemas de IA hasta las obligaciones de informar cuándo un contenido fue generado artificialmente.
La especialista recordó que las nuevas regulaciones de la Unión Europea vinculadas con transparencia en inteligencia artificial y etiquetado de deepfakes entrarían en vigor en agosto, aunque advirtió que todavía existen numerosos aspectos sin resolución legal definitiva.
Aunque se definió como “agnóstica respecto de la tecnología”, Thomsen insistió repetidamente en la importancia del consentimiento, la documentación y la claridad contractual. “La transparencia, la consulta y el consentimiento” deben ser la base de cualquier flujo de trabajo relacionado con IA, sostuvo, especialmente cuando se utilizan voces, imágenes o datos personales de intérpretes.
La abogada también destacó que los productores que trabajan en proyectos internacionales deberán adaptarse a regulaciones de financiamiento, políticas de broadcasters y marcos legales diferentes según el país donde las obras se produzcan o distribuyan. En ese contexto, consideró cada vez más relevante mantener una “cadena de titularidad limpia”, respaldada por registros detallados de los elementos generados con IA y de los permisos obtenidos, algo que podría resultar decisivo para acceder a financiamiento, participar en festivales y concretar ventas internacionales.
Tanto Thomsen como Pisu coincidieron finalmente en que las herramientas de inteligencia artificial no deberían entenderse como sustitutos del talento creativo, sino como instrumentos complementarios que requieren una sólida formación artística y técnica previa. Al volver sobre el trabajo de Tiller, Thomsen concluyó que incluso las experiencias más innovadoras con IA siguen dependiendo, en última instancia, del conocimiento y la sensibilidad del realizador.