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Yes, Nadav Lapid

Lo que trajo la tormenta (2025), de Miguel de Zuviría

"Lo que era una serie de imágenes dispersas se condensa en un libro terminado. Entre las idas y vueltas llega la circularidad, y por lo tanto, el amor."

Aferrarse a lo inabarcable

El Romanticismo, el fragmento aparece como una forma posible. Viene de esta idea de intentar captar lo infinito a partir de lo finito. Es interesante pensar que un recorte, en realidad, elimina la posibilidad de reflexionar en términos de principio y fin. Aferrarse a lo que no se puede concretar solo da lugar a que las cosas perduren. Lo hacemos con los objetos, las personas, los vínculos, con todo aquello que amamos. Lo que trajo la tormenta (2026) de Miguel de Zuviría retoma ese procedimiento y hace que todos sus elementos operen bajo esa lógica.

En principio, vemos a Manuel, un joven artista que va a presentar su proyecto a una galería. Sabemos que ha terminado una relación porque su madre lo anuncia por llamada. Desde un primer momento aparece la idea del doble -también romántica-. Tanto el espacio como el personaje se ven desdoblados. Vemos a Manuel observar su propia sombra, lo que nos adelanta la aparición de su doppelganger en la segunda mitad de la película. La ciudad se encuentra desplegada, una esquina representa la totalidad. Corrientes y Alem aparece en la forma de una maqueta que evoca una manera de escuchar y habitar ese recorte. El proyecto que plantea el personaje, en principio, se basa en la idea de separar el espacio de su contexto. Podríamos pensar que intenta desfasar la relación entre imagen y sonido, procedimiento que aparece a lo largo del film. Desmenuza la naturaleza de las cosas constantemente pero, a su vez, es lo que nos permite acceder a la totalidad.

La película tiene una destreza muy particular para dividir en partes, para fragmentar. Por un lado, el espacio. Por el otro, las relaciones. El tiempo y, por lo tanto, la memoria aparecen dispersos en la narración. No podemos ubicar un principio ni un final concreto porque, en cierto punto, no es algo que a los personajes les interese, y menos que menos a la película. De cierta manera, Lo que trajo la tormenta es un ensayo sobre la ontología de un duelo. ¿Cómo ordenar aquello que me parece inabarcable, la pérdida del otro? La forma está arraigada a la incapacidad de los personajes de dejarse ir. Todo esto se narra con ternura y pequeñeces. Los detalles y las particularidades hacen a la película. Camila, la ex novia, en uno de esos recuerdos aparece dibujando las prendas que caen en el piso del departamento donde viven. Hasta incluso lo erótico aparece metonímicamente: el sexo son las prendas que nos sacamos y nuestra relación es cada lugar donde nos dimos un beso. Y se desdobla siempre en la representación de las partes, en este caso, los dibujos.

Por último, como mencioné antes, lo que se desdobla es al fin y al cabo el cine. Se divide entre lo que vemos y lo que escuchamos. Las partes se corresponden acentuándose una a la otra. Lo que escuchamos se vuelve autónomo, vemos los micrófonos que escuchan el viento y los susurros. El recuerdo se suscita a partir de lo íntimo y de lo ínfimo de los momentos que quedan registrados en la grabadora. El dolor frente a esas imágenes -y sonidos- cuenta con tal inmensidad que solo dividiéndose en dos el personaje puede al fin tomar la decisión de seguir avanzando.

La totalidad, entonces, aparece en la tormenta. Lo que parece unir todos estos pedazos es aquel cielo que comparten. Las nubes, la lluvia y los relámpagos son lo que le permite a Manuel volver, ser uno, decidir. Lo que era una serie de imágenes dispersas se condensa en un libro terminado. Entre las idas y vueltas llega la circularidad, y por lo tanto, el amor. O, por lo menos, los encuentros parecen llegar a su fin. La propia película es el intento de los personajes de no terminar, no irse. El final, aunque no queramos, llega. Pero, lo que perdura es el amor, ya sea en los gestos o en la tormenta que nos une.

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