“Arqueología poética de lo digital”
Por Fernando Bertucci
El segundo largometraje de Manuel Embalse, Las ruinas nuevas, se presenta como un ensayo visual y sonoro que transforma la experiencia de mirar basura electrónica en un viaje arqueológico del presente. Lejos de ser un mero registro de objetos desechados, la película propone una lectura sensible y política de nuestra relación con la tecnología, la memoria y el trabajo. Embalse convierte cables, teclados, monitores y discos en vestigios de una era que, aun estando viva, ya acumula ruinas. Desde sus primeras imágenes, la película atrapa con la paradoja de mostrar lo cotidiano como si fuese un hallazgo milenario. Los restos tecnológicos, placas madre, celulares quebrados, fragmentos de CPU, aparecen en pantalla como piezas de museo, acompañados de un montaje que oscila entre la contemplación pausada y la vibración rítmica. La experiencia es envolvente: a la vez que el espectador observa, siente la urgencia de pensar en la velocidad con que esos mismos dispositivos fueron reemplazados.
Embalse se posiciona como un arqueólogo de su tiempo. Durante más de una década recolectó imágenes de basura electrónica en Buenos Aires, Río Turbio y Lima, reuniendo un archivo que le permitió construir este ensayo fílmico. Lo que en principio parece un gesto personal, guardar restos tecnológicos como si fueran tesoros, se despliega en una mirada política: mostrar que vivimos rodeados de desechos programados, productos que nacen con fecha de caducidad en nombre del consumo permanente. La película recuerda que la obsolescencia no es un accidente, sino una estrategia de mercado. Cada objeto descartado revela la fragilidad de un sistema que convierte la innovación en desecho inmediato. Lo que hoy parece indispensable será mañana un estorbo en la vereda. Ese ritmo frenético, al que estamos habituados sin notarlo, es puesto en evidencia con imágenes que oscilan entre lo bello y lo inquietante.
Sin embargo, Las ruinas nuevas no se queda en la mera contemplación de residuos. El film abre un espacio para la memoria de los trabajadores que sostienen el ciclo tecnológico. Entre ellos aparece Xu Lizhi, joven obrero-poeta de la fábrica Foxconn en China, quien dejó un testimonio doloroso de explotación y soledad antes de su muerte. Sus versos, que resuenan en la película, funcionan como contrapunto íntimo a los paisajes industriales vaciados. Con esta inclusión, Embalse amplía el horizonte de la obra: ya no se trata solo de lo que arrojamos, sino de las vidas invisibles detrás de cada dispositivo. La arqueología se vuelve antropología. El cineasta no reduce a Xu Lizhi a símbolo de tragedia; lo presenta como una voz que ilumina la otra cara del progreso. Así, la película conecta lo material con lo humano, lo industrial con lo poético.
A pesar de su tono melancólico, Las ruinas nuevas también encuentra espacio para lo lúdico. Embalse juega con el montaje musical y sorprende con momentos que rozan lo absurdo, como la aparición de una secuencia animada que convierte satélites en bailarines de un musical inesperado. Estas irrupciones descolocan, pero lejos de restar fuerza, suman ligereza a un relato que podría haber caído en la solemnidad. La inclusión de sonidos cotidianos, como los maullidos de su gato, actúa como recordatorio de lo orgánico en medio de tanta chatarra tecnológica. Esa fragilidad animal contrasta con la dureza del metal y el plástico, recordándonos que en la memoria también caben afectos pequeños, irrepetibles y vivos.
La propuesta de Embalse dialoga con una tradición de cine ensayo que explora la intersección entre política y estética. El film no busca sermonear ni ofrecer soluciones inmediatas; en cambio, invita a observar con atención, a dejarse interpelar por imágenes repetitivas que muestran la magnitud del problema. La redundancia visual de cables y pantallas rotas no es un descuido, sino parte de la estrategia: transmitir la sensación de que el desecho nos rodea, inevitable, infinito. En este punto, la película se convierte en una crítica al “realismo capitalista” que nos hace creer que no existe alternativa. Mostrar montañas de restos electrónicos es un gesto de resistencia, una manera de hacer visible aquello que preferimos ignorar. Y en esa visibilización radica su fuerza política. Lo notable de Las ruinas nuevas es que, a pesar de todo, no cae en el derrotismo. La película encuentra en la memoria, la poesía y la organización colectiva un camino posible. La secuencia final, con su juego gráfico a partir de disquetes que forman palabras en español, funciona como un llamado a la acción. Es cierto que el recurso puede parecer explícito, pero resulta efectivo porque concentra la energía acumulada en todo el metraje: la bronca, la ternura, la necesidad de imaginar otra forma de habitar lo tecnológico. La propuesta estética combina lo inmediato del videoclip con tiempos muertos que abren espacio a la reflexión. Así, la película no se limita a denunciar, sino que construye una experiencia sensorial que oscila entre la fascinación y la incomodidad. Embalse nos invita a pensar desde las ruinas, pero también a organizarnos desde ellas.
Titulo: Las ruinas nuevas
Año: 2024
País: Argentina
Director: Manuel Embalse