El ciclo presenta tres de los largometrajes más celebrados del gran realizador italiano: Muerte en Venecia, El gatopardo y Rocco y sus hermanos, estos dos últimos protagonizados por Alain Delon. La Sala Lugones ofrece en paralelo un Homenaje a Alain Delon, a un año de su muerte, integrado por otras tres películas con el gran actor francés.
Sábado 12
A las 20 horas
Rocco y sus hermanos
(Rocco e i suoi fratelli; Italia/Francia, 1960)
Dirección: Luchino Visconti.
Con Alain Delon, Annie Girardot, Renato Salvatori, Claudia Cardinale.
Rosaria y sus cuatro hijos (Simone, Rocco, Ciro y Luca) abandonan su tierra natal, Lucania (la actual Basilicata), para emigrar a Milán en busca de trabajo y oportunidades que les permitan mejorar sus condiciones de vida. Allí encuentran a Vincenzo, el hermano mayor, que trabaja de albañil pero que está relacionado con el mundo del boxeo.
“El preferido de mis films siempre ha sido Rocco y sus hermanos, y sigue siéndolo. Una historia ‘entera’: Milán, el choque entre el Norte y el Sur, toda una temática que desde La terra trema en adelante me ha importado muchísimo”.(Luchino Visconti, 1975).
“Rocco y sus hermanos aparece en un momento en el que la nouvelle vague francesa está conmoviendo al cine y provocando nuevas olas en todo el mundo. Y, sin embargo, la película se mantiene fiel a los postulados narrativos clásicos de Visconti, inspirados en el melodrama y la tradición operística propia de la cultura de su país, a la vez que trasciende la herencia del primer neorrealismo –del que él mismo había sido un pilar esencial con La terra trema (1948)– para alcanzar un aliento novelístico a gran escala. (…) La juventud de los personajes (y de sus intérpretes) es una fuerza de la naturaleza que empuja toda la película. Para la época del rodaje, Visconti tenía 55 años, pero la mayoría de su elenco –con excepción de Katina Paxinou– rondaba apenas los veintitantos, lo que le da a Rocco y sus hermanos una energía muy especial, como si las propias pasiones de los actores y actrices, que dan todo de sí, fueran uno de los motores de los que se valió el realizador, algo que no le sucedía desde sus inicios con Ossessione (1943) y La terra trema. (…) Así como la dramaturgia de Rocco y sus hermanos admite diversas fuentes de inspiración, también las tiene su composición visual, un trabajo extraordinario del director de fotografía Giuseppe Rotunno, uno de los grandes iluminadores del cine italiano de todas las épocas, quien por aquellos años trabajó regularmente con Visconti –desde Senso (1954) hasta El extranjero (1967), pasando por la monumental El gatopardo (1963)– para luego pasar a colaborar con su antítesis, Federico Fellini. Hecha de grandes contrastes, de claroscuros profundos, la fotografía en blanco y negro de Rocco y sus hermanos trasciende el mero registro del primer neorrealismo para buscar equivalencias dramáticas, como si Rotunno se hubiera propuesto plantear el enfrentamiento entre Rocco y Simone en términos de luces y sombras, ya sea en el ring de box, con un estilo muy film noir, o en el terrible, interminable choque a golpes de puño entre ambos por las afueras de Milán: allí un fulgor fantasmal proyecta sus siluetas en los edificios solitarios y dormidos, como si fuera una prolongación de las pesadillas urbanas de Giorgio de Chirico”. (Luciano Monteagudo, Página/12, abril 2025)
(177′; DCP).
Domingo 13
A las 17 horas
Muerte en Venecia
(Morte a Venezia; Italia/Francia, 1971)
Dirección: Luchino Visconti.
Con Dirk Bogarde, Silvana Mangano, Björn Andrésen.
A principios del siglo XX, un compositor alemán de delicada salud y cuya última obra acaba de fracasar, llega a Venecia para pasar el verano. En la ciudad de los canales se sentirá profundamente atraído por un hermoso y angelical adolescente, sentimiento que le irá consumiendo mientras la decadencia también alcanza a la ciudad en forma de epidemia.
“La adaptación que en 1971 concretó Luchino Visconti sobre una novela de tan sólo 122 páginas de Thomas Mann es una de las más extraordinarias obras de un director definitivamente excepcional. Así, hace exactamente medio siglo, Visconti conseguía con Muerte en Venecia una de las mejores traslaciones de un libro a la pantalla grande y resumía en su poco más de dos horas de metraje los aspectos esenciales de la obra de Mann: una honda meditación sobre la belleza en su acepción platónica, la decadencia de la carne, el vacío de la existencia en la lucha entre el deseo y lo prohibido, y también una mirada al fin de esa aristocracia europea a la que el propio realizador pertenecía. Muerte en Venecia, además de representar la corrupción moral en un entorno dominado por el mal como una constante poética del director, también será el segundo eslabón de la denominada ‘Trilogía alemana’ junto con La caída de los dioses (1969) y Ludwig (1973), así como otra de las obras sobre las que se señalará su ‘decadentismo’, definición que pareciera acompañar cualquier aproximación a su cine. ‘He sido frecuentemente acusado de decadente. Tengo de la decadencia una opinión muy favorable, como la tenía también, por ejemplo, Thomas Mann. Estoy embebido de dicha decadencia. Mann es un decadente de la cultura germana, y yo de la cultura italiana. Lo que siempre me ha interesado es el examen de una sociedad enferma’, declaraba el realizador sobre su película, que enmarcaba la historia de un compositor que, luego del fracaso de su último estreno, se dirige a Venecia para reposar su malograda salud encontrándose con el deslumbramiento de la belleza encarnada en un joven llamado Tadzio, mientras en la ciudad una epidemia se disemina en silencio, oculta, para no espantar a los turistas”. (Pablo De Vita, La Nación, julio 2021).
(130′; DM).
A las 20 horas
El gatopardo
(Il gattopardo; Italia/Francia, 1963)
Dirección: Luchino Visconti.
Con Burt Lancaster, Alain Delon, Claudia Cardinale.
La acción se desarrolla en Palermo y los protagonistas son Don Fabrizio, Príncipe de Salina, y su familia, cuyas vidas se ven alteradas tras la invasión de Sicilia por las tropas de Garibaldi (1860). Para alejarse de los disturbios, la familia se refugia en la casa de campo que posee en Donnafugata en compañía del joven Tancredi, sobrino predilecto de Don Fabrizio y simpatizante del movimiento liberal de unificación.
“Es increíble comprobar cómo en este medio siglo que ha pasado, desde que obtuvo la Palma de Oro del Festival de Cannes, la versión de Luchino Visconti de la novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa no ha perdido nada de su dimensión política ni de su belleza formal. Protagonizada por Burt Lancaster (en el que probablemente sea su mejor actuación) como el Príncipe di Salina, un señor feudal siciliano hacia 1860, cuando se produce la revolución popular garibaldina, la enorme película de Visconti sigue siendo un análisis tan lúcido como impiadoso de la manera en que la aristocracia terrateniente permitió el ascenso al poder de las emergentes clases medias para asegurarse sus privilegios. ‘Algo tiene que cambiar para que nada cambie’, reflexiona el feroz Salina, una frase que, primero a través de la novela de Lampedusa y luego en el film de Visconti, acuñó para siempre el término ‘gatopardismo’. La boda de su noble sobrino Tancredi (Alain Delon) con la plebeya Angelica (Claudia Cardinale en su plenitud) será la maquiavélica consumación de esta estrategia política. ‘Somos un pueblo hecho de compromisos’, susurra Salina en uno de los grandes momentos íntimos, confesionales, de una película épica y política como ya nadie hace ni podría hacer, que fue posible gracias al talento de Visconti, pero también al tesón del padrone de la productora Titanus, Goffredo Lombardo, ‘l’ultimo gattopardo’, que llegó a poner en riesgo la salud económica de la empresa familiar con tal de concretar el que sigue siendo el capolavoro de la compañía”. (Luciano Monteagudo, Página/12, agosto 2014).
“El Tiempo es el protagonista de El gatopardo: la escala cósmica del tiempo, de los siglos y las épocas, sobre las cuales el príncipe cavila; el tiempo siciliano, en el cual los días y noches se estiran hasta el infinito; y el tiempo aristocrático, en el que nada es apurado y todo ocurre tal cual debería ocurrir, como si siempre hubiera ocurrido. Los paisajes, los extraordinarios escenarios con sus objetos y diseños cuidadosamente seleccionados, los vestuarios, las ceremonias y los rituales, todo puesto al servicio de hacer más profundo nuestro sentido del tiempo y de los cambios a gran escala. El film concluye con una secuencia de un baile de una hora de duración durante la cual el espectador puede sentir, a través de los ojos del príncipe, todo un estilo de vida, que Visconti conocía muy bien. (…) Podría seguir hablando sobre El gatopardo durante horas y horas. Es una película que, en lo personal, se ha convertido en algo más y más importante con el correr de los años”. (Martin Scorsese).
(185′; DM).
Sábado 19
A las 16.30 horas
El gatopardo
(Il gattopardo; Italia/Francia, 1963)
Dirección: Luchino Visconti.
Con Burt Lancaster, Alain Delon, Claudia Cardinale.
(185′; DM).
A las 20.30 horas
Muerte en Venecia
(Morte a Venezia; Italia/Francia, 1971)
Dirección: Luchino Visconti.
Con Dirk Bogarde, Silvana Mangano, Björn Andrésen.
(130′; DM).
Domingo 20
A las 20 horas
Rocco y sus hermanos
(Rocco e i suoi fratelli; Italia/Francia, 1960)
Dirección: Luchino Visconti.
Con Alain Delon, Annie Girardot, Renato Salvatori, Claudia Cardinale.
(177′; DCP).