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Father – MALBA Cine
“Amores que no fueron, pero pudieron haber sido”

Por Laura Santos

¿Qué pasa cuando el amor se cruza con el tiempo, pero no con el momento justo? Hors Saison, la nueva película del francés Stéphane Brizé, es una sutil y melancólica exploración de los amores inconclusos, de los caminos no tomados y de la nostalgia como una emoción tan embriagadora como peligrosa. En esta historia, dos antiguos amantes se reencuentran por casualidad en un pueblo costero fuera de temporada. Y como el paisaje desolado que los rodea, ellos también parecen estar en pausa, detenidos entre lo que fueron y lo que podrían haber sido. Mathieu (Guillaume Canet) es un actor famoso que, en pleno colapso emocional, decide abandonar una obra de teatro semanas antes del estreno y refugiarse en un spa de lujo en una remota ciudad costera. Lo agobian los medios, las expectativas y una relación amorosa vacía con una presentadora de noticias. Su fama no le da tregua: es reconocido por el personal del hotel, sus movimientos son seguidos con atención y, sin embargo, él se siente solo, desorientado, cansado. Hasta que un mensaje inesperado lo saca de su letargo. Alice (Alba Rohrwacher), una mujer a la que amó quince años atrás, le propone verse. Ella vive en el pueblo, ahora es madre, esposa, profesora de piano. El reencuentro es inevitable. Y también, la tensión entre lo que se cerró y lo que aún arde.

Brizé retoma una vieja tradición del cine romántico, donde las historias no son épicas, sino contenidas, dolorosamente reales. Hors Saison resuena con ecos de Brief Encounter (1945), aquella joya de David Lean donde dos personas se aman, pero no pueden cambiar el curso de sus vidas. También recuerda a Un hombre y una mujer de Claude Lelouch, con esa delicadeza para retratar los vestigios del deseo atrapado entre responsabilidades. Brizé no busca innovar la fórmula; más bien, la desempolva con cariño y la filma con una contención que evita el sentimentalismo.

La relación entre Mathieu y Alice se construye en los silencios, en las miradas que cargan más de lo que se dice. El guion, coescrito junto a Marie Drucker, evita los grandes gestos y se enfoca en los pequeños momentos donde se decide todo: un almuerzo lleno de incomodidad, una caminata entre la lluvia, un concierto compartido. Mientras Mathieu aún puede escapar, reinventarse, Alice parece atrapada en una vida que no eligió del todo. Rohrwacher transmite esa ambivalencia con una actuación delicada, marcada por la tristeza contenida y el deseo reprimido. El diseño sonoro y la música original de Vincent Delerm juegan un rol crucial. La banda sonora acompaña los momentos de mayor añoranza sin subrayarlos, como un susurro que evoca lo que no fue. La fotografía de Antoine Heberle, por su parte, capta la bruma del lugar, la grisura de una estación intermedia, sin turistas ni agitación, reflejando el estado emocional de los protagonistas: suspendidos, esperando algo que ya no llegará.

La película también se permite cierta ligereza y humor. Un fanático que exige una selfie mientras Mathieu está atrapado en una máquina de tratamiento. Un camarero que describe con entusiasmo el método “humanitario” con el que se sacrificó el pescado del día. O una escena en una residencia de ancianos donde unos jóvenes actores imitan aves, desatando reacciones entre el desconcierto y la risa. Estos detalles excéntricos no restan solemnidad a la historia; al contrario, la enriquecen con humanidad y absurdo.

Uno de los personajes secundarios más entrañables es una anciana amiga de Alice, una mujer que en su vejez se permite explorar libremente su sexualidad. Alice la entrevista en cámara con ternura y complicidad. La conexión entre ambas mujeres se convierte en un espejo: lo que Alice teme perder aún está a tiempo de recuperarse. Pero ¿quiere realmente hacerlo?

Brizé no ofrece soluciones ni finales felices. Su propuesta es contemplativa, serena. No hay grandes rupturas ni confesiones dramáticas. Hay aceptación. La escena final no busca catarsis, sino comprensión. Los protagonistas se reconocen en el otro, pero también entienden que, aunque el amor exista, no siempre es suficiente para torcer el destino. Hors Saison no revoluciona el género, pero encuentra en lo cotidiano la belleza del desencuentro. Es un retrato honesto de esa melancolía que todos hemos sentido alguna vez al reencontrarnos con un amor pasado: la ilusión de que quizá, en otro momento, todo habría sido distinto. Pero el tiempo, como siempre, ya se ha ido.

Titulo: Hors Saison

Año: 2025

País: Francia

Director: Stéphane Brizé