“Conocer para comprender”
Por Sebastián Francisco Maydana
Romane está absorbida en su rutina mientras de fondo se oye una entrevista televisiva con Clémentine. En ella, la escritora habla con honestidad descarnada sobre su nuevo libro, centrado en la figura de su desaparecida madre. Esto la hace parar para prestar atención. Para Romane, las palabras de Clémentine resuenan con una fuerza inesperada, evocando la contundencia emocional de la frase que inaugura El extranjero de Camus: “Hoy ha muerto mamá”. Pero como la certeza de la pérdida nunca es tan mala como la incertidumbre de no saber qué pasó exactamente, la historia de Clémentine moviliza profundamente a Romane, cuya madre también desapareció, impulsándola a emprender una búsqueda personal que se convierte en el motor de la película. Romane le propone a Clémentine transformar su libro en una película, en lo que claramente es un ejercicio terapéutico para ella y quizás para las dos.
La historia se despliega a través de una serie de flashbacks en los que se van reconstruyendo dos historias de vida paralelas, unidas por dudas nunca respondidas. Los recuerdos son brumosos, pero persistentes. Ambas comparten infancias rotas marcadas por la adicción, que aleja a las personas, pero no tanto como para amortiguar el golpe de la pérdida. A través del libro, de la película, buscan conocer para comprender, para estar en paz con el pasado, llegando a un reconocimiento tácito de que una madre hace lo que puede dentro de sus propias limitaciones y luchas.
La búsqueda de respuestas de Romane toma la forma de un proceso detectivesco. Habla con la psicóloga, coteja fuentes, revuelve cajones, examina fotos viejas, cuadernos amarillentos de su madre que nunca se había atrevido a abrir. Esta investigación, que ocupa la segunda mitad de la película, la hace con ayuda de su hijo, inyectando un dinamismo bienvenido a una historia que de otra manera sería muy aburrida. En este sentido, es un recurso narrativo efectivo para no perder el interés del espectador.
Es una película profundamente emotiva, que se sostiene precisamente en la capacidad de las actrices para transmitir esas emociones y en la capacidad del espectador para identificarse con las historias de vida de Romane y Clémentine. Es la autenticidad de las interpretaciones lo que evita que se transforme en una experiencia árida. También ayuda la variedad estética. Las escenas de flashback están filmadas al estilo de otras épocas del cine francés (pienso en los tempranos 90 y en Kieslowski), aunque la temática es decididamente actual. En este sentido, la película tiene algo de lo generacional que es difícil de poner en imagen y sonido, y sin embargo lo logra en gran medida. Y sobre todo, a través de una palpable ternura.