Crítica: La mula (The mule) (2018), de Clint Eastwood

La mula (The mule) (2018), de Clint Eastwood

Dime con quién andas y te diré cómo nos quieres.

Héroes controversiales, un cierto humor irónico, un interés sobre la reflexión nacionalista, una pizca de xenofobia, un respetable compromiso por el cine, son algunos de los elementos con los que esperamos encontrarnos en una película del prolifero – ¿acaso eterno?- director y actor Clint Eastwood. La Mula , su última película dirigida y protagonizada por él mismo, no es una excepción. Está basada en un caso real que Eastwood y su guionista (Nick Schenk) recogieron de la revista The New York Times Magazine”. Un viejecillo de unos 90 años, blanco, rubio y de ojos claros, se ve envuelto en una situación económica apremiante que lo lleva a convertirse en la más eficaz mula – o transportista de cocaína -, de todo un cártel de Sinaloa, que opera entre el Sur de Estados Unidos y el Norte de México. A esta trama, se le agrega una más intimista referida al conflicto familiar del personaje, que es un marido y un padre abandónico. Con más defectos que virtudes, ambas tramas se entrelazan con una sorprendente torpeza narrativa, en especial en la primer parte de la película, donde se nos introduce en la trama policial. Sin embargo esto puede ser comprendido, teniendo en cuenta que a la narración poco le importa el hecho curioso del viejecillo horticultor devenido en mula. Sin embargo, es menos comprensible la flaqueza de los personajes. No tanto el que interpreta Eastwood, como así los que funcionan de catalizadores. La hija (Alison Eastwood, la misma hija del director), la ex mujer (Diane Wiest), el agente de la DEA (Bradley Cooper) o bien, el jóven narco mexicano (el actor nacido en Argentina Ignacio Serricchio). Son todos personajes que su única función es la de rodear al protagonista, como para que este haga sus reflexiones y tome sus decisiones. No tienen la profundidad de los personajes secundarios de otras películas del director, por ejemplo Gran Torino (la cual puede funcionar de buen contrapunto), sino mas bien parecen salidos de una primera versión de guión.

Ahora bien, ¿Qué es, entonces, lo que sí le interesa a la narración? Pues lo que siempre le interesa a Clint Eastwood. Hacer América grande de nuevo. Otra vez, la nostalgia característica habita en el personaje que interpreta y a través de este invade todo el relato. La puesta en escena hace gala de su orígen en el clasicismo cinematográfico. Se vale del cine americano por excelencia, como lo es el Western (incluso el protagonista imita a Jimmy Stewart), pero en este caso, el héroe está lejos de ser épico, y es un tímido héroe trágico. Como si hace años, Eastwood vaticina el fin de un tipo de hombre, que en un contexto de tolerancia liberal, solo tiene como fin uno trágico. El desencanto estructural de las subjetividades de estos personajes, los condena ineludiblemente hacia la reclusión, a convertirse en huraños, o algo así como automarginados.

Una banda de motoqueras lesbianas, una familia de afrodescendientes perdida en una ruta sureña, mexicanos narcotraficantes o de familias trabajadoras (de los “buenos” y de los “malos”). A todas estas personas él ofende de alguna manera, pero sin mostrar ninguna voluntad por hacerlo. Y aquí, tal vez se encuentre la mayor virtud de la película de Eastwood, en donde se extiende una reflexión crítica de ese contexto social, que desde hace años, de manera innegable, sufre algunos cambios traumáticos.

Alguna vez escuché por ahí que Estados Unidos es el imperio que mas autocrítica ha generado en la historia de la humanidad. Por supuesto que siempre ha contado con la ventaja de consolidarse como tal en la era de la comunicación, pero solo un necio negaría que este poder de autocrítica es casi tan grande como su nacionalismo, no hay que engañarse con esto. No existe la mala publicidad, solo la publicidad. En el caso de Clint Eastwood, y en especial de La Mula , no existe la crítica a un sistema de producción que por su voracidad provoca esas guerras que desparraman veteranos como sus personajes. No, en su lugar son aportes a moldear un carácter, una forma correcta de ser, o mas bien de actuar. Es un caso típico de dime con quién andas y te diré quién eres. No es casual que el magnate narcotraficante de Sinaloa sea interpretado por Andy García, ni tampoco que la música de la película esté a cargo de Arturo Sandoval. Ambos exitosos latinos, más precisamente cubanos, que renunciaron al país caribeño para llevar sus artes al país del norte y adoptaron de manera militante ese estilo de vida estadounidense.

Hay algo confuso en la película. Como si por esta vez, y solo por esta vez, Eastwood no tuviera las ideas tan claras. Pero tal vez esta confusión, no sea más que el desencanto, ese desencanto que deviene de una frustración, o una decepción provocada, por el actual Presidente de Estados Unidos, por quien Eastwood manifestó su apoyo y hoy ya no tiene la misma percepción. Tal vez exista alguna confusión entre los pensamientos de este reflexivo cineasta. Sin embargo, haya algo que tiene bien en claro. Los latinos con los que el quiere andar, son los Andy García o los Arturo Sandoval. Por lo demás, su decepción respecto de ese proyecto de volver a esa América que era grande, convierte a esta película en poco más que un pataleo nostálgico y a su autor en un verdadero ácrata en celo⚫

Título: The mule

Año: 2018

País: EEUU

Directora: Clint Eastwood