Crítica: Suspiria (2018), de Luca Guadagnino

Suspiria (2018), de Luca Guadagnino

31 -Enero-2019. Por Ivan Garcia  – ivangarcia@caligari.com.ar

“Visiones de Luca”

Muchas veces cuando la inminente reversión de una película de otra generación adquiere mucho hype comenzamos a pensar en las similitudes y diferencias con la obra original, en las posibilidades de expansión narrativa, pero sobre todo suele surgir la pregunta de si es necesario volver a encarar algo que ya podría considerarse “cerrado”, un filme que no requería ni anticipaba secuelas, precuelas o cosas por el estilo. En el caso de Suspiria, es claro que esta “remake” nace puramente del deseo del autor italiano Luca Guadagnino, que luego de lograr fama hollywoodense con Call me by your name el año pasado, ha logrado su deseo de plasmar su propia visión del horror de Dario Argento en la pantalla.

La nueva Suspiria sorprende desde un inicio con sus disidencias con respecto a la estética de Argento. Si el filme original se caracterizó por escenas de gran impacto y contrastes, puestas donde predominaba la simetría y una paleta de colores sumamente psicodélica que reflejaba el tono de delirio en que nos veíamos sumidos, Guadagnino drena el color para traer un tono más oscuro, más gótico si se quiere, despojado por completo de esa grandilocuencia para dar paso a una propia. Los escenarios siguen siendo enormes y abrumadores, la academia sigue funcionando como un palacio irreal abstraído del mundo, si bien esta vez hay un contexto al que se nos introduce a través de personajes externos. Esta estética oscura y sombría se extiende hacia los personajes. Tilda Swinton interpreta a una líder espectral, de ojos grandes y vacíos, mientras que quien se destaca es Dakota Johnson, que sorprende dándole gran actitud y personalidad al complejo personaje que es Susy Bannion, la protagonista que se ve transformada de niña inocente y débil a mujer decidida y poderosa en poco tiempo.

A pesar de que se marcan las distancias y parece decirse a viva voz que esta es una nueva obra que no viene a reemplazar la del 77 ni a recapturar con nostalgia sus tropos, los guiños para con el giallo se hacen presentes en el uso de los espacios y sobre todo en la vivacidad de la cámara, que sigue la acción con grandes maniobras, paneos bruscos o repentinos zoom hacia algún personaje. Lo mismo sucede con la edición que desde la primera escena se muestra frenética y perturbadora, moviéndonos dentro de una pequeña habitación como a través de destellos, saltos dislocados.

El argumento sin embargo se mantiene a grandes rasgos en el mismo plano que el filme original. Susy Bannion es una joven americana que, tras la desaparición de una de las bailarinas principales, arriba a una antigua y prestigiosa pero empobrecida academia de baile alemana. Aquí se desarrollará una trama de misterio y horror ya que se sospecha que las directoras han cometido crímenes y tienen poderes de brujería con los que manipulan y abducen a las jóvenes bailarinas. Más allá de estas similitudes Guadagnino se expande mucho más en aspectos tangenciales de lo que Argento lo haya hecho, y por momentos esto lo perjudica. Se da mucho tiempo a explicaciones del contexto sociopolítico de aquella Alemania dividida de la guerra fría, pero sin arribar a nada en concreto. Lo mismo sucede con la historia del anciano psiquiatra que investiga la desaparición de Patricia, la bailarina que originalmente ocuparía el papel protagónico. Su pasado personal es traído a colación una y otra vez de forma confusa y hasta se le da una resolución al final, si bien no aporta nada a la historia central ni parece justificada. Este irse por la tangente perjudica a Suspiria, si bien es claro que su escala es aquella de la épica, como marca gran parte de los aspectos de su representación.

Un aspecto que merece párrafo aparte es la música, a cargo del vocalista de Radiohead, Thom Yorke. Si bien otros miembros de esta banda ya se habían probado como notables compositores para filme (como es el caso de Johnny Greenwood, que ha colaborado con nada menos que autores como Paul Thomas Anderson y Lynne Ramsay) lo de Yorke es muy interesante porque recorre distintos tonos y melodías de acuerdo a lo que cada momento requiere, o de acuerdo a lo que cada escena puede utilizar para potenciarse. Lo ominoso y pesado da paso a una canción más del estilo ligero y onírico que sugiere alguna canción reciente de la banda como podría ser Daydreaming, y esta canción a su vez contrasta con pasajes instrumentales más comunes al cine.

La resolución o el capítulo final merece un análisis en sí mismo, más allá del choque que representa por la brutalidad de su presentación, ya que cierra el arco de los personajes protagónicos, principalmente el de Susy Bannion. Aquí de nuevo se disocia en cierta medida de la visión del giallo original, en lo que intenta ser un mensaje más acorde a los tiempos que corren, es decir, de emancipación y empoderamiento femenino. Sin embargo, esta idea no está muy bien trabajada a lo largo de la obra y de ser ese el mensaje final queda poco claro. Suspiria es por sobre todo la visión demoníaca y épica de Luca Guadagnino, y esto excede todo mensaje social y político que quiera imprimirle al filme. Si bien es una obra que merece ser vista, interpretada y por sobre todo sentida, quizás hubiese sido mejor ir de lleno a esa estética de lo sensorial y lo brutal, que tan bien trabajada y presentada está por momentos, con una perfección formal que pocos pueden lograr. Eso sí, las escenas de baile son de un hipnotismo y una potencia únicas⚫

Título: Suspiria

Año: 2018

País: Italia

Directora: Luca Guadagnino