“El amor y la muerte”

Por Ian Quintana.

La adolescencia es una etapa de muchas emociones. El cuerpo y la conciencia se renuevan para explorar e intentar entender una existencia en la cual todo es posible. El amor se erige como pilar de la vida y la muerte se observa como un hecho extraño, tan lejano como desconocido. ¿Qué puede suceder cuando una joven adolescente en plena etapa de maduración se debe enfrentar a la reciente muerte de su madre?, ¿Qué será de esa búsqueda de amor cuando la figura femenina de referencia ya no esté y la vida continúe, con todas las incertidumbres y miedos que trae consigo la adolescencia?

Sophie Jones (Jessica Barr) debe transitar ese camino en la película homónima dirigida por Jessie Barr. En su historia se representan las pasiones, contradicciones y caprichos internos de una adolescente que necesita aliviar su dolor mientras debe comprender su futuro como mujer adulta. Aconsejada por una amiga y algunos compañeros de su escuela, Sophie se enfrenta al duelo de la muerte de su madre mientras atraviesa los últimos años de la escuela secundaria, días en los que sólo importa conseguir una pareja para perder la virginidad. En su intimidad lo que Sophie busca en realidad es un poco de cariño, el amor maternal que ya no tiene y que su hermana y un padre ajeno y distanciado no le pueden dar. Esa necesidad de amor será lo que le permita a Sophie equilibrar su mundo interno, olvidarse del dolor y retomar las riendas de su vida nuevamente.

El desarrollo de su historia durará más de un año, tiempo suficiente para que Sophie acumule noviazgos fallidos y peleas con amigas, mientras cura el dolor de la ausencia materna. La cámara de Barr mantiene constantemente a Sophie en el cuadro, construyendo su subjetividad y representando su mundo interno a través  de los movimientos corporales y los espacios que habita. Esa presencia constante muestra a Sophie como un ser contradictorio, al cual se puede querer y odiar por igual, y que lejos de distanciarnos de su personaje logra humanizarlo y hacer más profundo su drama.

La construcción del mundo interno de Sophie se logra a través de la puesta en escena y el montaje. Ello hace muy interesante la narración de Barr y construye un relato que transmite fuertes emociones, por momentos sofocantes así como también de total calma y reposo. El excelente uso de las luces y el color, sumado a las frecuentes secuencias musicales potencian los estados de ánimo de Sophie. Todo colabora para hacer visibles sus dificultades, para expresar lo que le sucede internamente y generar así un relato sincero.

Se destaca el gran trabajo de la actriz protagónica Jessica Barr, prima de la directora y co-guionista, que también ha debido atravesar en su vida real una reciente muerte familiar. Este aspecto se logra percibir en su actuación que se presenta con total naturalidad y que pareciera transformar el relato en un registro documental, dada la veracidad de su interpretación.

Sophie Jones (2020) es una propuesta sólida que logra captar y representar el universo adolescente con mucha honestidad, cargando en su protagonista una serie de emociones contradictorias y miedos internos que salen a la luz mediante un excelente trabajo de actuación, puesta en escena y fotografía. Una película sobre el amor y la muerte, pero también sobre el deseo, la amistad y los procesos para aliviar aquellas heridas internas que quedan guardadas para toda la vida.

Titulo: Sophie Jones

Año: 2020

País: Estados Unidos

Director: Jessie Barr

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