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CALIGARI

Raíz (2024), de Franco García Becerra

“Introducción a los opuestos”

Por David Sebastián Rodríguez

Hay épocas donde decirlo todo es casi una obligación porque, como dijo Barthes, el poder es el parásito de un organismo transocial cuyo objeto de inscripción es el lenguaje o, más precisamente: la lengua. La lengua no siempre se manifiesta oralmente, o de manera escrita. Lo hace también desde el fondo de la tierra y quizás quienes la habitamos con total naturaleza estamos incapacitados para percibirlo. Se acostumbra en estas reseñas a no dar por sentado nada y recurrir, cuando la hoja en blanco desespera, a un viejo método que suele fallar poco: escribir a partir de la selección de varios epígrafes imaginando que cada uno de ellos arremeterá con la misma fuerza que el agua lo hace con las represas que intentan contener su fuerza. Hemos aprendido que para escribir hay que optar por un tema aunque la consiga indique lo contrario dado que aunque parezca una trivialidad no sabemos lo que hacemos.

Nos gusta hablar sobre los efectos de las películas pero no tanto sobre sus causas porque ya estamos pensando en lo que vendrá; nos cuesta cada vez más estar pensando en lo que acaba de ocurrir. Coincidimos, con débiles discrepancias que ofician de vanguardia, de que el entendimiento y la claridad conceptual deben ser universales, sin embargo, aquí nos preguntamos: ¿Qué es el cine?¿Qué distancia cultural media entre los oprimidos y quienes oprimen? ¿Con qué ojos puede verse una película cuya lengua principal es el quechua? ¿De qué modo podemos explicar que un millonario negocio como el fútbol entrelace los deseos de una comunidad que al mismo tiempo está padeciendo la impugnación de sus vidas en las entrañas de la tierra que caminaron sus ancestros? Habrá que detenerse en el momento en que Feliciano habla con su padre y con su madre sobre el color infrecuente del agua del río donde sus alpacas sacian su sed.

El cine, tal como se cree en esta columna, es un ejercicio de permanente indagación tal como lo es la literatura y la música; es el intento de crear ámbitos ficticios para satisfacer nuestra búsqueda como especie. Fernando Garcia Becerra, el director de Raíz, cuenta en una entrevista que su camino era la antropología y que sin darse cuenta, el cine se cruzó por su camino. Qué paradójico porque su última película es una excelente intersección entre ambas cosas cuyo resultado, vuelve a emerger, es el estado de búsqueda. Con respecto a eso va el primer epígrafe:

“¿Qué es una ruleta, sino un platillo en el cual meten sus manos los dioses? ¿Y qué es el cine? Hemos gastado millones en construir cines con cinemascope y sonido estereofónico. Gastamos otros tantos en hacer películas con miles de intérpretes rodadas en todo el mundo. ¿Para qué? Para recobrar el asombro original. Cuando vemos una buena película no queremos que finalice, porque nos sentimos metidos en una realidad totalmente afín con nuestra vida, y porque nosotros mismos somos ese cowboy que salva a los indefensos, o el guerrero que vence a un ejército.”

Garcia Becerra invita a recuperar el asombro original del que hablaba Kush-autor del epígrafe- en contra del fuerte viento cinematográfico que hace de América Latina una región caracterizada por la violencia, el narcotráfico y la fuerte presencia de costumbres primarias. Lo singular es que el espejo en el que la industria cultural nos obliga a vernos evita de todas las formas posibles explicar las causas de esa actualidad. Quizás, los mismos que aplaudirán las películas latinoamericanas en el Berlinale 2024 sean, en principio, parte del problema. Lo que logra García Becerra es captar el no – tiempo de la comunidad en la que vive Feliciano, el personaje que interpreta Alberth Merma, algo totalmente opuesto de lo que vivimos quienes habitamos en las metrópolis.

De la mano de Kush podemos relatar la película por el lado de las sensaciones que nos provocó al final, pero también podemos relatar a partir del asombro original, antes que pudiéramos pensar “que mal que le hace el capitalismo a las comunidades originarias y la tierra que habitan”. La primera forma de relatar, dice el antropólogo, es la que nos puede permitir renovar todas las preguntas, resolverá las raíces de las cosas en vez de describirlas, como si se tratara de una planta ya hecha y de cuando esta fue semilla sin germinar. Desde allí, comentar una película sobre una comunidad quechua presionada por una empresa minera desde la perspectiva de un niño pastor de alpacas, es algo muy difícil. Lo es porque significa volver al punto cero, olvidarse de todo lo aprendido, de todo lo que se dijo sobre el cine latinoamericano. Insistimos: volver a cero ¿Por qué?- va el segundo y último epígrafe- “porque conviene revisar un poco esa realidad un poco fotográfica e inteligible en que nos vemos, en la cual todo se halla inteligentemente clasificado y donde los bárbaros son bárbaros y los civilizados civilizados y donde Dios ocupa su trono y el diablo su infierno. Es probable que Cristo y el diablo sean dos hermanos gemelos como piensan los indios, y también lo es que bárbaros y civilizados sean la misma cosa.”

No renunciar a buscar y a revisar nuestras bases, Kush mediante, siempre vale la pena.

Titulo: Raíz

Año: 2024

País: Perú / Chile

Director: Franco García Becerra