“La juventud 2.0”

Por Rocío Rivera.

Cada generación ha tenido alguna expresión artística, y sobre todo musical, que ha condensado los reclamos, intereses y gustos generacionales. En los años 50 fue el rock and roll bailable, en los 60 y 70 fue el turno del rock psicodélico y punk rock, la década siguiente fue el rock popero bailable y los años 90 el grunge invadió al mundo con su angustia existencial. Pasadas la barrera de los 2000 está implícita tradición cultural sigue con la misma vigencia y un género reinventado y que condensa distintos géneros está dándole la palabra a lxs millennials y centennials del mundo: El Trap. De este submundo cultural nos habla Piola, la ópera prima del director chileno Luis Alejandro Pérez, donde adolescencia, juventud, trap y el descontento generacional por el mundo que les estamos legando, toman el grito rimado de la música trapera.

Piola se encuentra divida en capítulos que nos introducen a los mundos de lxs protagonistas: Sol, Charly y Martín. En un gran montaje alterno, las historias comienzan separadas y alejadas entre sí, pero que luego confluirán en un mismo espacio y tiempo que condensará las distintas situaciones que se mostraron a lo largo del film. Martín y Charly tienen una banda de trap, quieren grabar su primer videoclip y para eso se juntan, ensayan y planean la producción, mientras dividen su tiempo en la escuela, sus familias y el tiempo de ocio de la noche, la calle y las picardías adolescentes. En este menjunje de situaciones, lxs protagonistas y su grupo de amigxs, experimentan el miedo a las fuerzas de autoridad -lxs pacos-, la decadencia social que se evidencia en el olvido de los cerros, donde parece que la sociedad termina, y el dolor de enfrentar la realidad que lxs envuelve: la caída en picada de la economía familiar y general, la estigmatización adulta hacia lxs adolescentes y la responsabilidad de una paternidad temprana.

Por otro lado, Sol, la tercera protagonista del trío que lleva adelante la acción de Piola, trae otra realidad, igual de verosímil que la de Charly y Martín. Ella estudia en el bachillerato y se lleva bien con su mamá, ama a la mascota familiar y divide su tiempo entre el fútbol que la apasiona y un “pololo” mayor con el cual pasa las tardes de placer, experimentación y también de ocultamiento, ya que en esta relación, Sol es el segundo vínculo sexoafectivo del muchacho en cuestión, quien tiene una novia de forma más tradicional. Pero a nuestra protagonista femenina, esta situación no la inmuta en lo más mínimo, sino que lo que a ella la conmocionará y le hará cambiar su periplo de personaje, es la mascota familiar, que por un descuido, se escapa de la casa. Esta búsqueda, la llevará a ampliar su circulo de conocidxs, enfrentarse a la autoridad de la madre, y conocer los peligros de la noche, así como también la llevará a luchar contra las injusticias cotidianas y conocer el compañerismo espontáneo de la calle. Esta muchacha también acompaña sus acciones por el trap, que musicaliza sus emociones y situaciones.

La historia de estxs tres personajes milenialls está acompañada por una estética visual interesante, una gama cromática pálida ayuda a ensalzar la música que deviene en la cuarta protagonista del film. Los intertítulos que dividen los capítulos poseen una impronta que tiene una rápida reminiscencia tarantinesca, que permite también la conexión con la violencia implícita que el film expone: una sociedad violentada con la exclusión social, con la falta de oportunidades iguales para todxs, el peligro latente del ejercicio ilegal de la fuerza policial, así como también la violencia de la estigmatización del mundo adultocéntrico hacia la adolescencia, entre las cuestiones más destacables y que quedaron en evidencia en la sociedad chilena desde el 2019 y la toma de conciencia del poder del pueblo y la importancia de luchar contra las instituciones del estado cuando las mismas no cumplen con las tareas que el pueblo depositó en sus manos.

Titulo: Piola

Año: 2020

País: Chile

Director: Luis Alejandro Pérez

 
 
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