Nunca quise escribir una crítica: notas sobre películas del BAFICI que volvería a ver

Por Pablo Foladori

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Llego a Buenos Aires desde Córdoba, mal dormido y de mal humor. Como algo y me cambio para ir a la Lugones.  Me acabo de pelear con mi familia y no sé si voy a poder escribir algo lúcido sobre lo que voy a ver esta noche. Los festivales me abruman y sacan lo peor de mí. 

Se estrenan Quisiera llegar pronto de Julieta Amalric y Huesos de Azúcar de Florentina Gonzalez- películas en competencia oficial argentina-. 

Comparto las películas en las historias del Instagram y salgo de casa. Los diez pisos del ascensor del San Martín hasta la Lugones me parecen interminables. Veo algunas caras conocidas y me tapo con un libro para no tener que saludar a nadie. Se abre la puerta del ascensor y la primera cara que veo es la de mi ex que levanta la mano para saludarme.

Quisiera llegar pronto de Julieta Amalric me hace acordar al tema “Emanuelle“ de Neubauten, debe ser porque el ostinato del tema de la banda de Blixa Bargeld me linkea con las gotas de lluvia que golpean contra el vidrio del auto que aparece en la película. Leo una voz que dice algo sobre los dobles y que crea un contrapunto hipnótico entre el ritmo de la lluvia, la velocidad del auto y ese relato de gemelos que acerca eso que no se bien qué es con lo siniestro. Me quedo pensando si la película habla sobre los dobles, sobre lo idéntico o si, en realidad, acelera y avanza sobre lo que queda demasiado distante y por eso la pieza resulta inquietante y reveladora.

Huesos de Azúcar de Florentina Gonzalez: Siempre me acuerdo de esa frase de Severo Sarduy que dice que la voz es el doble de cuerpo, lo que conecta al cuerpo con otra cosa. Sarduy definía también la voz como una cámara de eco, y la película de Florentina empieza con unos segundos en negro -casi 50- en los cuales se escuchan unos rugidos graves y cavernosos que anticipan unas monstruosidades que se revelan en colores rosas y verdes y en dos cabezas que cuelgan no sabemos bien de qué. Hay una conexión que está caída- supongo que de wifi- y que leemos en unos papelitos que se pegan a unas rocas que podrían ser prehistóricas. La pieza cierra otra vez en negro con esos rugidos monstruosos que la abren infinitamente hacia algo que me lleva a la adolescencia, pero no a cualquiera, sino a una que nunca voy a tener: una luminosa, flashera y prehistórica o una tierna, gigante y futura.

Escribo en la cama con fiebre y un ataque de tos. No sé sobrevivir a los festivales. En los ratos en los que el cuerpo me da un respiro trato de decir algo más sobre las películas que vi en los últimos días. Escribir en este estado puede ser peligroso, me digo a mi mismo. Mi ex me manda un sticker por instagram y me dice si puedo escribir algo bueno sobre su película. Prefiero no responder y le clavo el visto.

La trilogía de Lucia Seles: cuando terminé de ver la trilogía quedé hecho -literalmente- una mosca. Las tres películas de Lucía fueron la tela de araña en la que quedé atrapado durante los últimos días. Creo que algo de lo que intento decir está en las ideas de Von Uexküll ( biólogo estonio 1864-1944). Esta serie de películas puede parecer psicótica, pero hay algo más allá de eso. Podemos verla de otra manera. Me gusta pensar en la araña porque se ajusta a la idea de un animal que trabaja. Un animal que son Lucía y los actores de la trilogía. 

Hay un pesaje de Von Uexküll en el que se describe la relación entre la mosca y la  araña. En ese pasaje Uexküll dice que la tela de la araña es un retrato de la mosca, pero que la araña la teje sin conocer a la mosca ni a su mundo. La tela de la araña es como una copia virtual de su presa. Es como si la araña tuviese a la mosca en la cabeza, una melodía de mosca que es la que la impulsa a tejer su tela. De ese impulso alucinante se nutren las películas de Lucía.

25 segundos de Dafne Estrada: ¿Cómo se puede hacer una película en caída libre?  Para eso hay que estar dispuesto a caer y Dafne abraza ese gesto – con o sin miedo- hasta el final de la pieza. 

En uno de los capítulos de Los Condenados de la Pantalla Hito Steyerl dice “ Caer significa ruina y desaparición tanto como amor y desenfreno, pasión y entrega, declive y catástrofe” . Estos gestos aparecen laboriosamente en el montaje de  la película que también puede verse como un ensayo amoroso sobre la mirada del padre o como un salto de rescate en el vacío. Vuelvo a Steyerl “ (…) caer no solamente quiere decir venirse abajo, también puede significar que una nueva certeza caiga del cielo”.

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