Entrevista: Nicolás Torchinsky, director de La nostalgia del centauro

“Una buena película documental tiene algo de ficción y una buena película de ficción tiene algo de documental

Entrevista a Nicolás Torchinsky, director de La nostalgia del centauro

6-Febrero-2019. Por Mauro Lukasievicz  – mlukasievicz@caligari.com.ar

¿Cómo llegaste a la historia de Alba y Juan y que tanto hay de documental y que tanto de ficción en este acertado acercamiento a las tradiciones gauchas que van desapareciendo? 

Conocí a los protagonistas de la película en un viaje que hice a la provincia de Tucumán  para buscar locaciones para un cortometraje. En aquella oportunidad, mi gran amiga Mirta Gloria Soria, hija de los protagonistas, nos invitó a pasar unos días en la casa de sus padres: Doña Alba y Don Juan. Fueron jornadas de mucho intercambio y allí apareció la idea de llevar al cine ese universo de otro tiempo en el que ellos vivían. Ambos estuvieron de acuerdo y fue tomando fuerza la palabra “tradición” como columna vertebral de lo que hasta ese momento era solo proyecto. Así fue que nos comprometimos a comenzar tan pronto como fuera posible y un par de meses después, emprendíamos el viaje con el equipo para lo que sería la primera etapa de rodaje. Debo decir que no me identifico con una categorización demasiado marcada o estricta entre ficciones y documentales. Para mí una buena película documental tiene algo de ficción y una buena película de ficción tiene algo de documental. Fue clave entender cómo relacionarnos desde la cámara con los personajes, las acciones y los espacios. En este sentido, mi impresión es que todo lo verdaderamente importante en esta experiencia fue lo que no programamos y sucedió, a la manera del milagro, delante de la cámara.

 En La nostalgia del centauro no nos encontramos ante una historia narrada linealmente sino ante una experiencia audiovisual que nos enfrenta a diferentes momentos de la vida cotidiana de Alba y Juan ¿Como fue el proceso para el rodaje? ¿Utilizaste algún tipo de guión para avanzar?

El rodaje se hizo por etapas. Al primero fuimos con muchas preguntas, unas notas y algunas imágenes mentales que nos sirvieron como guía. Estábamos muy abiertos y atentos a lo que la experiencia nos propusiera. No sabíamos si el experimento en el que nos habíamos embarcando terminaría siendo una película o quedaría en el intento. Al segundo rodaje, un año después y con un trabajo de montaje ya iniciado, fuimos con varias propuestas un poco más concretas, entendiendo mejor hacia dónde apuntaban los materiales y qué asociaciones nos interesaban. La película técnicamente se escribió en el montaje.

Por momentos vemos las distintas situaciones desde la periferia pero en otros momentos la cámara nos muestra todo de manera tan íntima que nos hace sentir parte del mundo de los protagonistas ¿Como fue el trabajo con Alba y Juan y cuanto tiempo te llevo ganarte su confianza? 

La película nace desde la confianza. Al habernos conocido a través de una de sus hijas, desde el principio hubo una muy buena predisposición al diálogo y al encuentro. Y con el tiempo se generaron lazos de afecto. Tuve la suerte de contar con un equipo de rodaje verdaderamente receptivo, propositivo y sensible: Baltasar Torcasso (Director de fotografía), Ignacio Maggi (Asistente de dirección), Malena Kremenchuzky (Jefa de Producción) y Eugenia Reynoso (sonido directo). Entre todos nos llevamos muy bien y generamos el clima necesario para trabajar fluidamente. Doña Alba y Don Juan se sintieron cómodos con nosotros porque siempre respetamos sus espacios, sus tiempos, sus humores, sus ganas, lo que a ellos les interesaba compartir con nosotros y lo que no. 

Resulta muy interesante como jugas con los cortes de escenas y como están montadas cada una de ellas ¿Cómo fue el proceso del montaje y que tanto material tuviste que dejar afuera?

Tuve la suerte y el privilegio de poder escribir la película en el montaje con Ana Poliak (reconocida directora de cine y montajista). El proceso duró aproximadamente 2 años. Trabajamos por etapas al igual que en el rodaje. Se montaron los materiales del primer viaje para tratar de encontrar nuevas ideas, y a la vez avizorar qué imágenes, sonidos y situaciones podrían rimar con lo que ya teníamos. Un año después volvimos a viajar. Al retornar y visualizar el material, ya sabíamos que teníamos lo que necesitábamos para escribir la película. Si bien no generamos una cantidad excesiva de material, encontrar el corte final de una película implica, por lo general, dejar muchos planos valiosos y secuencias enteras afuera.

La Nostalgia del Centauro participó en competencia en dos prestigiosos festivales como son Visions Du Réel de Suiza y Dok Leipzig de Alemania ¿Cómo fue la recepción del público y que sensaciones te dejó?

Fueron experiencias muy valiosas para mí. Nunca antes había participado en festivales de esa envergadura y poder ver desde adentro cómo funciona el sistema de mercados y cómo se generan intereses alrededor de las películas fue todo un aprendizaje. Algo que rescato mucho es el encuentro con otros cineastas de otras partes del mundo. Escuchar sus pensamientos y motivaciones a la hora de hacer cine, conocer cómo cada uno se las arregla para continuar produciendo a pesar de las problemáticas específicas de cada territorio, con sus culturas e idiosincrasias particulares. La recepción y las devoluciones del público fueron muy interesantes. Es una película que siento muy local, y no me había imaginado cómo sería mostrarla en un festival en el exterior. De hecho, un programador me comentó que tuvieron que debatir mucho para decidir si la programaban o no. Uno de los argumentos que se esgrimieron en contra fue: “¿Y a quién le importan los gauchos?”. De cualquier manera, me llevé la impresión de que son públicos receptivos e interesados. Compartieron conmigo pensamientos muy enriquecedores que me llevé para pensar en mis próximos trabajos. También hay muchos prejuicios y a veces, por más que las propuestas quieran salirse de las búsquedas naturalistas, es difícil que cierta corriente multicultural no las asimile e interprete  como experiencias meramente etnográficas o antropológicas.

¿Cómo se financió La Nostalgia del Centauro?

Desde el inicio la película se produjo de forma autofinanciada (con ahorros y aportes de amigos y de todo el equipo de la película). También contamos con el apoyo de la Universidad del Cine –FUC- y de Milkwood con equipos para el rodaje.. Al no tener certezas acerca de las posibilidades de que este experimento finalmente terminara convirtiéndose en una película, no salimos en búsqueda de financiamiento de buenas a primeras. Una vez que encontramos el corte final de montaje nos presentamos y obtuvimos el apoyo del INCAA para la postproducción digital –apoyo fundamental para terminar la película sin el cual no estaríamos estrenando 6 años después..

¿Te encontras trabajando en otros proyectos?

En este momento me encuentro trabajando en el desarrollo y búsqueda de financiamiento para un nuevo proyecto documental que por ahora lleva el título de El Polvo⚫

La nostalgia del centauro se puede en MALBA cine los días:

Jueves 7: 19:00hs

Jueves 14: 19:00hs

Jueves 28: 19:00hs

Título: La nostalgia del centauro

Año: 2018

País: Argentina

Directora: Nicolás Torchinsky