Crítica: Somos una familia (Manbiki kazoku) (2018), de Hirokazu Koreeda

Somos una familia (Manbiki kazoku) (2018), de Hirokazu Koreeda

“Shoplifters of the world, ¡unite!” 

Un hombre y un niño entran en un supermercado. Se miran, hacen gestos, manejan un código en común. De modo que el mayor pone una canasta delante de un cliente para tapar mientras el menor  se esconde algunos productos. Luego salen victoriosos y van en búsqueda de croquetas antes de volver a su casa para repartir con el resto lo que acaban de obtener. En el camino se encuentran con Juri, una niña de cinco años en cierto estado de abandono que ellos no aceptarán. Al llegar a su casa, la mesa de la cena se completa con una anciana, una adolescente y una mujer que acepta quedarse con la pequeña y convertirla en un integrante más de la familia, en su “hija” menor aunque eso sea considerado un tipo de secuestro.
Con el correr de los días, esa niña no tenida en cuenta por una pareja de padres biológicos que ejercían sobre ella una serie de maltratos, comienza a adaptarse a esta nueva dinámica familiar, a entender el modo en que sobreviven antes de preferir estar en su anterior hogar, incluso aunque tenga que cambiar su peinado, vestimenta –robada de un mercado, claro- y su nombre para que nadie la reconozca y reclame ante su desaparición.

En su nueva producción, Hirokazu Kore-eda expone la pobreza y las consecuentes búsquedas que ésta impulsa. Los modos en que algunas personas se mantienen unidas mientras se plantean en conjunto diferentes alternativas para seguir adelante y sortear las adversidades actuales. Con un comienzo in media res, este largometraje japonés se ubica en el mero presente sin dar demasiadas explicaciones, a lo largo del relato, sobre el pasado de esa especie de familia ni lo que justifica los vínculos que se establecen alrededor de ella.  El resultado es una historia que no sólo refiere a la pobreza sino también a las diferentes soledades a las que los personajes se ven enfrentados, las cuales son representadas dejando al descubierto las vulnerabilidades de cada integrante cuyas  cicatrices exceden a los cuerpos.
La pertenencia emerge como la gran palabra que acompaña toda la trama y le permite al director a plantear un interrogante acerca de la propiedad no sólo de los objetos sino también de los sujetos. Los robos y secuestros dejan al descubierto esa exploración  pero también la pertenencia se plantea en otra clave al ser comprendida a partir del sentido que le asigna cada miembro de este grupo a la necesidad de sentirse parte, condensada en la afirmación que postula uno de sus personajes: “A veces es mejor elegir tu propia familia”.
Ganadora de la Palma de Oro en el Festival Internacional de Cannes 2018, la película propone una búsqueda en el terreno familiar ya conocido en Kore-eda –claro heredero del cine de Ozu-. Podría pensarse que éste es su punto débil si no fuera por la originalidad del tratamiento de la temática en tanto Somos una familia (Manbiki Kazoku) va más allá de los anteriores films del director para lograr demostrar que siempre los vínculos pueden ser más complejos y dejar al descubierto su intención de seguir interrogándolos para confirmar que aún el cine tiene mucho más para contar⚫

Título: Somos una familia (Manbiki kazoku)

Año: 2018

País: Japón

Directora: Hirokazu Koreeda