Artículo: La transgresión. El cine Kenneth Anger

Artículo: “La transgresión. El cine de Kenneth Anger”

Sería injusto tratar de limitar la idea de la transgresión en el cine –en los temas, en lo que se muestra, en cómo se muestra- a la esfera de lo experimental. En parte, porque sería en algún punto caer en el error de ubicar estas obras como simplemente eso: rupturas sucesivas a través y al margen de la historia del cine institucionalizado. Y, al mismo tiempo, se estaría sobrestimando el papel transgresor que pudieron tener películas realizadas dentro de los márgenes de la industria.

Dicho esto, existe una gran cantidad de realizadores y de películas que se aferraron a un cierto tipo de producción con el fin de exponer ideas o temas que no eran presentados ni por asomo en los filmes de las grandes productoras. Muchos de estos casos tuvieron lugar, incluso, antes de la aparición de lo que hoy se denomina cine de autor; podría hablarse también de la influencia que han tenido en muchos de los autores la apertura de nuevos horizontes gracias a la experimentación de realizadores del underFireworks (1949) de Kenneth Anger marca un hito en la visibilización de la homosexualidad, a través del cine, en la sociedad estadounidense de la época. Al momento del estreno de la película, Anger fue arrestado por cargos de “obscenidad”, aunque luego se establecería durante el juicio que la película era una expresión artística y no pornográfica. 

Quería mencionar esta pequeña anécdota para tratar de acercarnos un poco a esta cuestión de la transgresión que en Anger sería prácticamente una constante. De todas formas, no creo que se tratara de sucesivos intentos de rebelarse contra una autoridad cada vez más difusa. La particular de este director estadounidense tiene que ver con que no le importaba en absoluto cómo la gente percibiera sus películas o, mejor dicho, qué sería lo que finalmente sacaría en claro de ellas. En Fireworks tal vez la intención de una búsqueda subjetiva está más clara. Habíamos hablado en textos anteriores sobre otros cineastas experimentales que la cuestión de una exploración personal se constituía como la base de este tipo de trabajos, por la libertad formal y temática que permite el alejarse de los cánones del arte cinematográfico entendido dentro de los parámetros de una industria (es decir, una entidad que impone, de forma explícita o implícita, una estructura ideológica que rige el proceso creativo de las películas). El joven Kenneth Anger –con apenas 20 años cuando realizó Fireworks, que fue su primera obra conocida- empezaba a descubrir su sexualidad y ese camino lo llevó a realizar esta película, precisamente como una extensión de ese descubrimiento y a la vez como un manifiesto. La película está en la línea del trabajo de Maya Deren pero con una estética visual menos definida, con la concentración puesta más en lo que se ve o lo que se pretende contar que en cómo se aborda. Lo curioso es que si bien tiende a catalogarse este film como “homoerótico”, la realidad es que cualquier elemento de sexualidad está más bien sugerido de forma sutil o cómica. Uno de los mejores planos muestra a un hombre prendiendo un fuego artificial sujetado al cierre de sus pantalones, disparando en dirección a cámara. Cabe pensar que para una sociedad regida por la censura como era Estados Unidos en esos años este tipo de imágenes cobrara un tono provocador, alarmante. Hoy es difícil verla de esta forma. No sucede lo que se vería años después en películas como las de Paul Morrissey donde la exposición genital se convertía en un valor estético.

Fireworks (1949)

Como sucedía en casi todas las películas de Deren, el protagonista aquí está encarnado por el propio realizador, poniéndole cuerpo a esta idea de exploración personal. Si bien muchos cineastas experimentales trabajan acompañados de un equipo –que si lo hay suele ser mínimo-, es interesante pensar una comparación entre esta forma de hacer cine y sus resultados y la forma que podríamos denominar más tradicional, donde por lo general un grupo de gente se reúne para dar forma a una historia bajo el liderazgo creativo de un director (no quiero reducir a esto toda experiencia cinematográfica de ficción, ya que existen modos de producción diversos, pero la generalización sirve para desarrollar la idea que sigue). La necesidad de contar una historia surge, en el mejor de los casos, de buscar una respuesta o un desarrollo a un cuestionamiento que se supone universal, aunque muchas veces este concepto provenga de la cabeza de una sola persona. De ahí se deduce que, por sencilla que pueda ser, siempre hay algo que entender en esas películas, algo que se colocó ahí para que el espectador lo reciba de cierta forma que puede más o menos variar, pero que va a tender casi siempre hacia un lugar común. La dificultad a veces para rescatar algo de un primer visionado de una película experimental quizás tenga que ver con el hecho de que la realización integral del film gira en torno a una sola persona tratando de comprender algo sobre sí misma. Esto no quita que puedan existir, luego, ideas universales o que al menos sirvan para la identificación con un otro. 

Lucifer Rising (1972)

Volviendo a Anger, su búsqueda personal y su relación con lo que podría saltar como agresivo o rupturista para un público general seguiría desarrollándose y no solo en relación a su homosexualidad sino también en relación al culto que decía profesar, relacionado al ocultismo y a la figura de Aleister Crowley, un escritor delirante que inventó una religión de la que se decía profeta. Las ideas de este tipo y un poema suyo en particular –“Himno a Lucifer”- lo llevaron a desarrollar una película que llevó el título de Lucifer Rising (1972), una producción bastante grande para una película experimental e incluso independiente, filmada en varios lugares del mundo y con un trabajo meticuloso en cuanto al diseño de los espacios y los vestuarios. Se trata de una especie de videoclip largo –unos treinta minutos- donde se suceden imágenes relacionadas al antiguo Egipto, las figuras de Isis y Osiris, e imaginería asociada al culto satánico; una invocación de la figura de Lucifer, que Kenneth Anger imaginaba como un “joven problemático”. En relación a lo que decíamos más arriba, no existe una idea que pueda extraerse de la película claramente más que una continua sensación de extrañamiento, incomodidad y terror. Quizás sea la falta de conocimientos sobre los temas que trabaja, pero me atrevería a pensar –en base a cosas que diría luego Anger en varias entrevistas- que el director no tenía en mente una finalidad efectista con respecto al espectador. Más bien, pretende poner en imágenes ciertas cosas que concibe como importantes para él, independientemente de la idea de un público que vaya a recibirlas. Aún así, fue una de las películas experimentales más vistas en el momento y la más conocida que realizó Anger, aunque esto probablemente tenga también que ver con la participación en el soundtrack de Jimmy Page, Mick Jagger y Bobby Beausoleil –que formaba parte de la “familia” de Charles Manson- y con la intensa difusión y promoción que se le dio al film. Esto no quita que se pueda apreciar en las imágenes una belleza hipnotizante, dispuesta asimismo por el ritmo con que estas se suceden una tras otra y la saturación impactante de los decorados. 

Da la sensación luego de ver estas películas que hay algo que se pierde en la comunicación con el que se encuentra del otro lado de la pantalla entre una y otra. Fireworks, a pesar de haber sido recibida como escandalosa en su momento, tuvo un efecto sobre la sociedad y sobre muchos cineastas que tomarían el ejemplo de Kenneth Anger para evitar prestar atención a los prejuicios y lanzarse a crear algo con una mirada sincera y con cierto efecto de llamado de atención sobre temas que podían aparecer como tabúes en algún momento. Por el contrario, Lucifer Rising conserva esa idea de la incomodidad y de lo políticamente incorrecto, pero pierde la fuerza como posible transformadora de una sociedad que el director pretendía denunciar⚫