“Destellos de aquel cine liberado(r)”

Por Miguel Peirotti.

Ecos del cine blanquinegro argentino clandestino combativo comprometido de los sesentas reverberan en el cortometraje que presenta el cordobés Fernando Restelli en la decimosexta edición del FestiFreak independiente colorido platense. Restelli acababa de presentar, junto a Juan Fantin, un trabajo posterior, también cortometraje, en el festival de Valdivia, Sueños de Pedro (2020). Pero mientras que Sueños de Pedro es satelital a la opera prima de largometraje de Restelli, Construcciones (2019), Guajiro, fechada el año pasado también, opera de manera individual. Dado que Restelli está radicado acá y no en Cuba, es probable (pura especulación a espaldas de Restelli) que no continúe un corpus cubano sobre el campesinado, por lo que Guajiro podría obtener en el futuro inmediato un pase a objeto de culto por su centroamericana unicidad locadora.

Pero hablemos de lo concreto. El lunes por la noche, en su habitual espacio en Youtube de la versión pandémica (online) del programa de televisión Filmoteca, temas de cine, Fernando Martín Peña presentó un cortometraje y dos fragmentos que hicieron las veces de cortometrajes dirigidos por Gerardo Vallejo en el seno del Grupo Cine Liberación, allá lejos y hace tiempo, en los confines colapsados del tiempo de las trincheras políticas de las filmaciones clandestinas de historias y sobre documentos que atestiguaban la piel lacerada del sur continental en la década de los sesentas. El mismo día –el mismo lunes–, las redes sociales se vieron invadidas por los resultados de los comicios democráticos en Bolivia, en los que el ex ministro de economía de Evo Morales se consagraba presidente electo legítimamente con el 52 por ciento del electorado, algo que la derecha golpista que peleaba la punta no sospechaba ni en sus masturbaciones más pedófilas. La suma de este corto de Restelli, liberado del domingo al martes, duplicó la coincidencia en el panorama de lo que podemos ver en streaming sin pedirle permiso a ninguna plataforma que uniforme: rodado en un blanco y negro sin manierismos de iluminación ni rastros de manipulación estética (pero ya el blanco y negro es una toma de decisión), la facilidad con que los encuadres piden soberanía sobre las siluetas tornasoladas, cómo los primeros planos captan el sol sobre las pieles curtidas a la intemperie y los contrapicados de gramática épica son visualmente locuaces en un contexto de minimalismo expresivo o de expresividad acotada a lo mínimo indispensable (y con ese mínimo Restelli sale hecho) que exitosamente conjuga un logro importante en otro contexto: la escasez de recursos formales a disposición, una situación de rodaje que no podrá acusarse de incoherente: la película intenta capturar varias cosas en pocos minutos y, sin ser ambicioso en la intencionalidad, el procedimiento es logrado. Restelli enfoca por momentos la crudeza rutinaria y luminosa de cuerpos en acción – sin el glamur institucional de los avisos del tipo “hombres trabajando”– y por otros en la idiosincrasia simpáticamente endogámica de los trabajadores de los maizales que protagonizan con voz, voto, cuerpo y rostro este registro pequeño pero no desprovisto del aliento épico de las Espaldas acaloradas y las Camisas blancas que cantan para agradecer el pan y desconocen lo que hay más allá de Cuba; Argentina, un país remoto del que se sabe poco y nada fuera de su presencia icónica en la sección “Latinoamérica” del mapamundi; no obstante, los protagonistas lo saben: de Argentina en cualquier momento puede venir alguien a jorobar con esto de querer saber lo que pensamos. Alguien como Restelli, que, aunque sería precoz afirmarlo, puede intervenir en una probable herencia del Grupo Cine Liberación y componer una sinfonía pobre del destierro o del maltrato con unas pocas imágenes en el momento (histórico) justo, pero vivas, acompañadas de, por ejemplo, el Himno Nacional Argentino e ironizar con la discordancia, como hacían Gerardo Vallejo, Pino Solanas y el resto de la troupe del Nuevo Cine Latinoamericano, ya oxidados, pero vigentes en los anaqueles de la Historia, viejos carcamanes con motivos de sobra para serlo: el Diablo no ha muerto, se llama “Explotación del hombre, por el hombre” y las venas abiertas de Galeano todavía esperan cauterización. Y así estamos, esperando también. Esperando el resurgimiento de la furia perdida, orando al sol por la vuelta del cine documental etnográfico e invasivo como filamento transmisor de ondas desestabilizadoras de deseo y liberación, esperando con la camisa arremangada y la pluma y la palabra en 4K.

Titulo: Guajiro

Año: 2020

País: Argentina

Director: Fernando Restelli

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