Entrevista: Francisco Pedemonte, director de Ciclos

“Me quería centrar en lo arduo, en el estado inmersivo que supone el entrenamiento de un ciclista

Entrevista a Francisco Pedemonte, director de Ciclos

21-Febrero-2019. Por Andrés Schinocca  – andresschinocca@caligari.com.ar

En conversación con el incipiente realizador Francisco Pedemonte, quien estará presentando su largometraje documental, Ciclos, con estreno el 28 de febrero. En la entrevista que nos brindó, relata en profundidad sus intereses y motivaciones iniciales, y el devenir de un rodaje entrelazado con el propio devenir del joven ciclista, Ignacio Semeñuk, tanto en su desarrollo deportivo, así como el proceso de crecimiento como persona. Con un tono observacional, pero no por eso menos profundo, se nos permite disfrutar del cotidiano de este joven y su entorno de la vida de provincia.

¿Cómo llegaste a la historia de Ignacio Semeñuk? ¿Qué es lo que despertó tu interés en primera instancia? ¿Cuánto tiempo te llevó todo el proceso de producción?

A fines de 2015 yo tenía la intención de filmar algún atleta adolescente durante dos o tres años hasta la llegada de los Juegos Olímpicos de la Juventud que sucedieron en Buenos Aires hace unos meses. Mi objetivo era hacer una película que diera cuenta de un período particular y que estuviera centrada en reflejar un proceso. Me interesaba registrar la transformación paulatina de un adolescente dedicado al deporte, y tenía la idea de que esos años iban a incluir una decisión: seguir compitiendo a fondo hasta llegar al profesionalismo, o abandonar y tener una rutina más parecida a la de sus pares. Me interesaba sobre todo investigar por qué un chico de esa edad se dedica a algo tan arduo a pesar de estar rodeado de estímulos más placenteros como los amigos, el tiempo libre, el amor. Ignacio cumplía con dos condiciones interesantes: no había dudas de que era un buen ciclista (ya era múltiple campeón de su categoría), pero también era un chico divertido y sociable. Esas dos cosas eran la base del conflicto que yo quería narrar. Filmamos unos dos años con muchos baches en el medio, ya que sólo íbamos a las carreras más importantes o le proponíamos a Nacho filmar algo en particular. Luego editábamos, veíamos material y pensábamos nuevas cosas para la siguiente etapa de rodaje, que habitualmente coincidía con algún evento deportivo. En total, desde que empecé a filmar hasta que la película fue finalizada el proceso duró dos años y medio.

En la película hay, además de un relato de juventud ligada al deporte, un grato registro de la vida de provincia. ¿Eso es algo que te propusiste? ¿De alguna manera se vincula con tu historia personal?

Me atraía mucho la idea del retrato de Chacabuco. Realmente es muy próxima a Buenos Aires pero al mismo tiempo muy distinta. Yo soy de Bahía Blanca, pero vivo hace tanto tiempo en Capital que me había desconectado de algunas sensaciones propias de vivir fuera de la gran ciudad. La primera vez que fui a filmar a Chacabuco con Lucas Gaynor, el director de fotografía, sentí cierta familiaridad y eso me motivó a hacer la película alrededor de Ignacio y de esa ciudad de provincia.

La película elige narrar con pocas entrevistas y con una dosificación de información muy limitada, como si existiera el interés primordial por los comportamientos. Hay como cierta apatía narrativa, o al menos una distancia que se establece entre la narración y el propio Ignacio. ¿Crees que esto es así? ¿Te lo propusiste desde el comienzo, o fue una forma que se iba adecuando a lo que se narraba?

Cuando empezamos a filmar, mi idea era que no hubiese entrevistas ni tampoco demasiado diálogo. Confiaba mucho en la observación pura y me quería centrar en lo arduo, en el estado inmersivo que supone el entrenamiento de un ciclista. No quería intervenir demasiado en el accionar de Nacho porque me parecía que lo que él hacía era muy interesante por sí solo. Pensaba que sea cual fuese el proceso que viviera él durante esos años de filmación iba a ser notorio solamente en sus gestos y en las cosas que pasaran frente a la cámara. Pero luego de un tiempo concluí que eso volvía la película un poco repetitiva. Finalmente, preferí que la película fuese menos críptica, reconocí que había bastantes informaciones que necesitaba relatar y que la observación pura me limitaba un poco en ese objetivo. Las dos entrevistas que hay en la película sirven para presentar algunos personajes y situaciones indispensables para que el espectador siga la historia tranquilo, sin hacerse preguntas innecesarias. Es una historia que puede entender cualquier espectador independientemente de su interés por el ciclismo. 

Con una idea de ritmo bien clara, la película va siguiendo el acontecer cotidiano de los viajes de Ignacio que lo llevan de ciudad en ciudad para competir con su bicicleta. La tentación de lo épico es muy cercana cuando se decide contar sobre el deporte, donde hay triunfos y derrotas. Sin embargo, existe un tratamiento que se esfuerza por alejarse de eso, y cuando los viajes y la exigencia deportiva podrían verse como despojo, se transmiten como sentido de pertenencia y como un proceso natural. ¿Lo ves así?¿Te propusiste desde un comienzo narrar en este tono?

La dirección que va tomando la película, a medida que avanza, lleva a que descubramos a Ignacio prácticamente como un trabajador itinerante. Cuando estábamos en rodaje, a veces él ni se acordaba a dónde tenía que viajar ese fin de semana, o el siguiente. Estaba muy acostumbrado a sólo subirse al auto y que lo llevasen. A medida que filmamos más, la idea de lo épico que yo tenía en un principio empezaba a declinar, y el entusiasmo de nuestro personaje también parecía decaer, lo cual nos llevó de manera bastante orgánica al final de la película. No estaba pensado desde un principio; a mí me encanta imaginar que la película sería totalmente distinta si Ignacio hubiese ganado todas las carreras que filmábamos, o si hubiese llegado a competir en los Juegos Olímpicos. Incluso estábamos bastante fanatizados y queríamos verlo ganar, fuera eso bueno o no para la película. Cuando íbamos a filmar, documentábamos. Luego yo veía el material, escribía, pensaba y editaba en mi cabeza, hasta que introduje en el proceso a Manuel Ferrari, el montajista, porque ya no podía pensar más y necesitaba afinar el tono de la narración. Cuando pasaba mucho tiempo entre filmaciones, estas podían ser un poco discontinuas y el relato central iba cambiando de a poco, así que había que ajustarlo constantemente.

Hay muchas imágenes en donde vemos cómo se producen los eventos deportivos, el esfuerzo que conlleva de todos los que participan. ¿Te interesaba narrar especialmente el valor de todo esto, aunque sea al menos para una etapa de desarrollo de una persona?

Para mí esa es la parte más observacional e informativa de la película, que se impone de vez en cuando para darle descanso al conflicto de Nacho y su vocación. Para un espectador típico de cine creo que este mundo del ciclismo amateur le es desconocido. El deporte juvenil no tiene grandes recursos y particularmente el ciclismo lo sufre porque organizar una carrera es una superproducción. Mientras que un torneo de fútbol o básquet requieren solamente de una cancha, una pelota y algunas personas que organicen, el ciclismo requiere cortes de ruta, decenas de árbitros, motos de acompañamiento, seguridad y muchas cosas más. Me interesaba contarlo con sinceridad y de manera positiva, porque no quería que pareciera una de esas películas que retratan con ironía costumbres del interior. Yo siento mucha admiración por quien es apasionado por una actividad como esta y le dedica su tiempo, más allá de algunas precariedades y situaciones injustas que se pueden ver en el desarrollo de la película.

La música original, compuesta por Juan Tobal, es bien singular. ¿Cuál fue la búsqueda en el trabajo de musicalización?

La película transita un camino que comienza con mucha esperanza, va llevando de a poco hacia la desilusión y finalmente deja ver de nuevo las sensaciones positivas que llegan con el renacer del ciclo siguiente. La música tenía que dar cuenta de ese viaje y sus etapas intermedias. Cuando empecé a poner música de referencia -durante el montaje- había de todo: varios temas de Electrelane, algo de Alex Cameron, un tema de Homeshake; era una selección indie muy ecléctica. Le mostré esto a Juan y le propuse que hiciera algo más coherente, y él me hizo una contrapropuesta pensando mucho en “Tour de France” de Kraftwerk. La musicalización se volvió más dinámica y centrada en sintetizadores. Todo lo que iba entregando funcionaba de manera muy impresionante con las escenas filmadas en movimiento, además de acentuar los giros de la trama.

¿Estás trabajando en algún otro proyecto propio?

Si bien tengo la idea de escribir un guión de ficción este año y empezar a pensar en maneras de producirlo, en este momento estoy enfocado en el estreno de Ciclos. Mientras tanto, trabajo desde mi estudio como sonidista en películas de otros directores. A veces son procesos tan meticulosos e inmersivos que yo las considero propias, aunque sea algo poco perceptible para la mayoría de los espectadores⚫

Estreno: Jueves 28 de febrero en Cine Gaumont.

Título: Ciclos

Año: 2017

País: Argentina

Directora: Francisco Pedemonte