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CALIGARI

Family Portrait (2023), de Lucy Kerr

“Sobre los sonidos que hacen imágenes”

Por Ofelia Ladrón de Guevara

En la primera escena de Family Portrait, de Lucy Kerr, una familia camina a través del césped mientras conversa entre sí. Algún niño patea un balón de futbol. Una mujer reparte gorros de navidad. Otra jala del brazo a un hombre. La cámara sigue su desplazamiento. Sin embargo, hay algo en la imagen; más bien, fuera de ella: el viento. Vemos a la familia hablar entre sí, pero es imposible entender lo que dicen. La imagen, lo que en ese presente ocurre en su interacción, se entrecruza con lo que a su alrededor (en un también presente) acontece: el sonido del vendaval. Semejante a esos diálogos faltantes en el Ulises, de Joyce, en el que un automóvil al cruzar ocasiona que tanto el personaje, como nosotros, desconozcamos para siempre lo que se dijo. Pues la realidad es una mezcla de presentes que muchas veces se sobreponen.

Por un lado: el viento. Por el otro: la familia que camina por el césped mientras conversa. La imagen y, después, el sonido. ¿O es al revés? El sonido y, luego, la imagen.

En Family Portrait parecer ser que el sonido es el que arroja las imágenes al mundo. Un parto. A través de él: ellas nacen, se hacen posibles, reales. En un símil: es como mirar un cuadro. Y de repente, la cercanía, nuestros ojos sobre los trazos: la línea pierde su dimensión geométrica y se hace la sonrisa triste de una mujer.  Algo parecido ocurre con el diseño sonoro del filme. Otra escena. Una sala. Varios niños. Una mujer sentada. Entonces una risa, los sonidos que acompañan el juego entre ellos. La imagen (lo montado en escena), a consecuencia de aquellos ruidos, pierde su estar dentro de una película y surge como una conversación viva.

De lo anterior, dos preguntas se desencadenan: ¿Podría el diseño sonoro ser un símil cinematográfico de las sombras y las luces que hace que del color en la pintura surja un gesto, la profundidad de una mirada? En otras palabras: ¿es el sonido lo que le da la posibilidad de realidad a la imagen?

Jugando a la imagen estática y a la imagen en movimiento, lo filmado es casi un retrato que termina por adquirir presencia gracias al sonido. Mirar lo que la cámara ha seleccionado mostrarnos y no completarlo hasta que lo visto y lo escuchado intercambien sus frecuencias, su lenguaje, para hacernos experimentar la confusión de la protagonista. A su vez que el sonido dota a la imagen de realidad, también, hace aparecer a una especie de vulnerabilidad: la de lo efímero. «El sonido ocurre y ya está, lo que se dice se pierde», señala el sonidista Bernart Fortiana en una entrevista publicada en la revista Ambulante. No importa la presencia abarcante de la cámara en esa primera escena, la conversación se pierde sin que podamos escucharla. Quizá sea esa fragilidad (la de lo huidizo) a través de la cual el diseño sonoro acerca las imágenes a la vida. No importa la arquitectura del montaje. La planeación de los diálogos. Se necesita de una falla, de lo imprevisto, ¿o cómo nombrar a lo que el sonido del viento o la estridulación de los grillos hace emerger de una imagen?

Otra escena: las ramas de un árbol y el viento contra ellas. Su sonido. Después, un lago en calma, dos personas sobre una roca. A la distancia, el murmullo del viento que, pese a su ahora leve siseo, es para nosotros (los espectadores) el mismo. Dos intensidades que deforman a la imagen, que la hacen suya, que nos la entregan para que nosotros, también, podamos vivirla. 

La trama de Family Protait es la de la búsqueda de su madre por parte de la protagonista, sin quien la fotografía familiar no puede llevarse a cabo. Al resto no parece preocuparle su ausencia e incluso se les percibe desinteresados en reunirse. Mientras esto acontece, el tiempo y el espacio se desfasan de lo acostumbrado. Un retrato. Empero, la cámara no logra estar fija; en cambio, acompaña en sus idas y vueltas a la familia. Y al hacerlo, hurga en ellos, en su manera de relacionarse. La fotografía familiar que no puede ser materializada se antoja como una metáfora de la relación entre la imagen y el diseño sonoro dentro del filme. Un retrato familiar cuya intención es la de exhibir el lazo familiar. Pero, lejos de los formalismos, de la pose a la que obliga tal convencionalismo, y gracias a que no se trata de una fotografía sino de una película, una fuga ocurre: sus interacciones muestran, de a ratos, una distancia entre sí, en donde, y como un ejemplo, el resto conversa mientras la protagonista sale del lago empapada sin que nadie lo note. ¿No es tal hecho un retrato familiar más fidedigno? La solidez de una imagen fija se cuela ante la contingencia de lo filmado. Símil del sonido y la imagen: la tierra firme de la segunda se desarma ante los vericuetos sonoros para hacer de una película (y de su montaje) una realidad que, como la vida y sus hechos, erosione nuestras certezas.

Mirar una escena (desde nuestros cinco sentidos) como quien desde la orilla de una playa observa a las olas deshacerse en la costa. Lo impredecible, lo huidizo de un instante, de eso que llamamos realidad. Mirar a los sonidos crear imágenes. Escucharlos. Esa, quizá, sea la invitación que Family Protait hace al espectador: la de que el cine es algo más que lo mirado.

Titulo: Family Portrait

Año: 2023

País: Estados Unidos

Director: Lucy Kerr