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Entrevista a Nicolás Aráoz

Director de Barcos y catedrales

“Yo quería que la peli sea una ventana hacia la vida de Antonio. No me interesaba tanto la estructura clásica de guion. Más que nada quería mostrar un momento en la vida de este hombre grande.”

Por Fermín Muñoz

La idea de lograr seguir adelante parece ser un tema central en toda la película, presentado de manera poética y evocadora, especialmente en relación con la vida de Antonio. ¿Podrías contarnos cómo surgió esta idea?

Es curioso, pero vuelve a mí la primera versión del guion de la película, que terminaba con Antonio que volvía a su casa en la ciudad la cual estaba deshabitada y sin muebles. Recorría el lugar observando todo con atención y después se iba al jardín de atrás y se sentaba en una silla a fumar un cigarrillo. De pronto, a unos pocos metros de él, veía un puma caminando lentamente por el jardín. El puma se detenía y miraba hacia donde estaba Antonio. Los dos sostenían la mirada durante unos segundos y después Antonio miraba hacia otro lado, seguía fumando relajado mientras el puma continuaba su camino hasta salir de cuadro. La idea de seguir adelante ha estado siempre conmigo y el arte ha sido la herramienta, el barco, el medio de locomoción (L’atalante) para poder hacerlo. Esta idea ha estado siempre conmigo. Era obvio que se la prestaría a Antonio.

El uso de la cámara para seguir a Antonio es notablemente efectivo en la película, parece deslizarse junto a él en todo momento. ¿Podrías explicar cómo trabajaste en esta técnica y cuál fue tu enfoque para lograrlo?

En enero del 2021, durante la pandemia, me vine a vivir al campo. Entre otras cosas, quería encontrar las locaciones y armar mi guion técnico in situ. En medio de largas caminatas pensé la película plano a plano y por secuencias. Quería encontrar el tono. Por supuesto que el guion de rodaje perdió algunas escenas y el de montaje cambió de lugar algunas secuencias. Pero el plano que abre la película siempre fue el mismo: Antonio habla por celular en la galería de una vieja casa de campo frente a un ventanal donde hay un montículo de ropa y cosas tiradas. Sin dejar de hablar ingresa a la vivienda, y cuando lo hace, la cámara, suavemente, se acerca unos 20 centímetros al ventanal. Antonio, ya desde el interior y por la misma ventana, arroja cosas que fueron de su padre, hacia el montículo de la galería. Yo quería que la peli sea una ventana hacia la vida de Antonio. No me interesaba tanto la estructura clásica de guion. Más que nada quería mostrar un momento en la vida de este hombre grande. Y entonces la cámara la planteé, desde el comienzo, como una ventana móvil (por eso el 4:3 como formato también). Me interesaba mucho que el deslizarse de la cámara sea suave (por eso hay mucho travelling en carro o con gimbal) y no me interesaba que el foco sea prolijo.

El guión de la película destaca por su atención meticulosa a las pequeñas
escenas y conversaciones cotidianas. ¿Podrías compartir cómo preparaste y desarrollaste estas escenas para lograr esa autenticidad y detalle en el guión?

Trabajé mucho el guion. Muchos años. En una primera etapa lo hice con Agustín Toscano (que es uno de los productores de Barcos y catedrales) y él me hizo hacer varias versiones de reescritura pero cada vez una nueva, desde cero. Sin copiar y pegar. Esto me ayudó mucho a conocer mis personajes y a quererlos como eran, casi sin juzgarlos. Después trabajé el guion con Carlos Quintela (el realizador cubano). Trabajamos mucho la estructura y disfruté muchísimo de la escritura de diálogos. Paradójicamente, cuando empecé a rodar las primeras escenas me pareció que los diálogos no funcionaban. Que estaban muy bien en el guion escrito, pero que en la interacción actoral no fluían. Así que les pedí a los intérpretes que improvisaran. Que se escucharan y fueran orgánicos. Que si alguna frase del guion aparecía, la incorporaran, pero que dejaran ri lo que no era necesario. Fue un vértigo dirigir así pero disfrutamos mucho. También experimenté otra cosa en la dirección actoral. Les propuse que hicieran un entrenamiento somático previo a rodar cada escena (este entrenamiento que no duraba menos de 40 minutos y era preparado para cada situación en particular, lo coordinaba Antonella Mazziotti -bailarina y eutonista-). Creo que todo esto generó el tono de actuación en la película.

Barcos y Catedrales marca tu debut como director y está seleccionada para competir en la competencia argentina. ¿Cuáles son tus expectativas para su estreno?

Estoy muy contento de participar en el BAFICI, yen la sección de películas nacionales. Quisiera que tanto el estreno como las otras dos funciones sean una fiesta y que venga un montón de gente y que disfruten de este convite.

¿En qué otros proyectos te encontrás trabajando?

Estoy dirigiendo en Tucumán un espectáculo de danza contemporánea que se llama Ideogramas, ensayando un espectáculo teatral con mi grupo y espero poder volver a rodar pronto, ya que tengo un proyecto docuficción sobre el alférez Sobral, el primer argentino que fue en un viaje científico a la Antártida.