Artículo: “El cuento de la manic pixie dream girl”

Artículo: “El cuento de la manic pixie dream girl”

13-Febrero-2019. Por Sofía Cazeres  – sofiacazeres@caligari.com.ar

A la adolescente cishet que fui había algunos estereotipos que ya no le importaban. No me interesaba ser la chica atlética, pelo rubio divino y levantadora de miradas. Digamos: zafé del deseo de parecerse a la China Suárez que compartían mis compañeras de colegio que prendían la tele para ver Casi Ángeles. En ese momento creía que haber ganado esa pequeña batalla me había llevado a una especie de paraíso donde éramos – mis amigas y yo – chicas realmente auténticas, distintas a todas las demás, porque escuchábamos The Libertines y no sabíamos menear un reggaeton hasta el piso (ahora nada quisiera más que tener un buen instagram y buen meneo). Con los años, la experiencia y la teoría feminista me di cuenta de que me había equivocado. Había calado muy hondo en mí otro estereotipo, distinto pero igual de cruel e inalcanzable. Yo pasé toda mi adolescencia esforzándome por ser Summer Finn en 500 días con ella. O Kirsten Dunst en esa indie romcom adorable que es Elizabethtown.

Lo que quiero decir es: me creía a salvo lejos de un estereotipo de mujer que veía que dañaba mientras caía en el cuento de la manic pixie dream girl que te obliga a ser flaca, muy hetero y despreocupada mientras le cambiás la vida a un chabón que escucha buenos discos y usa camisitas lindas. Las comedias románticas que yo consumía habían generado otro tipo de ideal de amor romántico, heterosexual, monogámico y doloroso. No se encuentra escapatoria en películas musicalizadas por The Smiths

El término lo creó Nathan Rabin al escribir un ensayo  después del estreno comercial de Elizabethtown. Él define a las MPDGs como un personaje femenino que existe sólo a través de la fantasía de escritores varones. Son personajes peculiares, divertidos, que tienen como objetivo salvar del aburrimiento al protagonista. Años después Rabin se retractó en una nota excusando que se estaba usando su concepto para definir a cualquier personaje femenino un poco raro, y tiene razón. Para que sea una MPDG su único propósito tiene que ser ayudar al protagonista. Si el personaje adquiere otra profundidad o el espectador tiene la posibilidad de conocerla de manera independiente a la identidad del hombre, entonces no es una Manic Pixie Dream Girl sin importar qué tan loca esté.

Claire en Elizabethtown es el ejemplo ideal. Si bien habla mucho a lo largo de la película no llegamos a saber nada certero sobre ella. Es azafata y simpática y tiene con Drew charlas largas que parecen ser íntimas y confesionales, pero no se dice nada que valga para la construcción del personaje. Lo único que sabemos con certeza es que está dispuesta a cambiar sus planes de vida para salvar a Drew, un joven que estaba a punto de suicidarse porque perdió mil millones de dólares cuando lo llaman para decirle que su padre falleció. Uno termina la película teniendo una imagen muy nítida del personaje protagonista, pero con la sensación de que Claire sólo fue una especie de ayudante que a fuerza de frescura le mostró la esperanza sobre la vida, con muchas frases de autoayuda de por medio. La MPDG no es ni siquiera bidimensional, es un personaje completamente vacío.

Summer Finn fue considerada una MPDG y lo es. La película trata sobre cómo Tom la construye a ella como una fantasía, negando todas las veces que dice no creer en el amor para toda la vida, o no querer una relación seria con él, y sólo es capaz de humanizarla mucho tiempo después de separarse. Que el relato esté contado desde el punto de vista de Tom funciona como obturador de Summer que no expresa querer ayudar a Tom ni lo hace de manera directa a través de sacrificios como Claire, pero que Tom interpreta permanentemente como la salvación de su vida. En lo personal (y esto lo digo sin más evidencia que charlar con mis amigxs) creo que para el 2008 no teníamos las herramientas necesarias para interpretar la relación entre ellos. Nos cansamos de compartir publicaciones en Tumblr y Facebook diciendo que Summer Finn era el peor personaje de la historia. Fue Joseph Gordon-Levitt el que se encargó una (Nota) y otra vez (Nota) de remarcar el egoísmo con el que se maneja Tom.

Probablemente, la mejor clave para leer la película sea este fragmento https://www.youtube.com/watch?v=4HkPuttj4R8 en el que Paul, el mejor amigo de Tom, habla sobre su amor por su novia y dice “ Robin es mejor que la chica de mis sueños, es real”. Y nosotros, que éramos muy jóvenes, lo dejamos pasar.

Ruby Sparks (2012) tiene una construcción similar pero más literal. Calvin es un escritor que inventa a su novia ideal, Ruby, que aparece mágicamente para él. Ruby es todo lo que él quiere pero también es inconsistente. No satisface todos sus deseos (excesivos) en una pareja por lo que la reescribe en numerosas ocasiones hasta que decide “liberarla”, escribiendo su última página. Aunque Zoe Kazan, la guionista y actriz de la película, reniegue del término en entrevistas, es justamente esa característica la que le da algún valor a la película.

Desde el estreno de Elizabethtown y la creación de MPDG como concepto pasaron trece años en los que sucedieron cientos de cosas, de las cuales en la industria del cine las más importantes son tanto el #MeToo como la organización de Actrices Argentinas. En los productos se empiezan a ver movimientos que pretenden correr el rol de las mujeres hacia otros lugares. A veces lo logran (Silver Linings Playbook) y varias veces más caen el estereotipo aunque hayan pretendido no hacerlo.

Mi esperanza es que las generaciones que ahora mismo miran comedias románticas buscando algún tipo de modelo a imitar se topen con personajes femeninos más diversos y complejos, que sería mucho más divertido y más real⚫