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CALIGARI

El santo (2023), de Agustín Carbonere

“Creer en la ficción”

Por Javier Grinstein

Se ha estudiado sobre el teatro isabelino que cuando Shakespeare escribió el primer acto de Macbeth y en él incluyó brujas que predecían el futuro; no estaba construyendo particularmente (o a conciencia) un planteo de cierto verosímil. También sabemos que sus tragedias no eran ajenas a la presencia de fantasmas y apariciones.

Esto no significa que Shakespeare, ni su audiencia de forma homogénea, creyeran en brujas y espectros. Se supone en algunos escritos que sí. Pero con más categoría podemos aseverar que, en ese tiempo, al construir ficción, no estaba la atención puesta alrededor del verosímil. Verosímil no en tanto a un acuerdo de suspensión de la incredulidad con el público; sino más bien a la construcción de un mundo imaginario sistémico con una serie de reglas consistentes y cohesivas en cada obra por separado.

Hoy en día es otro el cantar. Mauricio Kartun tiene un dicho poco apto para todo público que advierte lo siguiente: desde que un espectador se sienta en una butaca de teatro/cine lo que busca ahí es “acabar”. Y entendemos por “acabar” varias cosas escatológicas pero relacionamos todas ellas a una diversidad de expectativas. Una de ellas (quizás la menos valiosa) está relacionada con entender de qué se trata la obra. Entender es una de las formas de acabar. Y una de las cosas más importantes a entender en una película, es su verosímil. ¿Qué cosas son posibles en este mundo?

El Santo es una película argentina dirigida y guionada por Agustín Carbonere que cuenta la historia de un curandero que atiende en el fondo de una galería en ruinas (como todas las galerías). La película toma la forma de relato bíblico. Está dividida en cinco episodios que ponen la lupa en esta figura mitológica acompañándola en lo que podríamos decir que es su ascenso y caída (para no entrar en demasiados detalles).

En lo formal es una película muy valiosa porque sin dejar de ser potente y expresiva, se permite tomar una distancia justa. En esto está su principal virtud. En palabras del director mismo: “Quería que tanto si el espectador fuera un escéptico como si fuera un creyente, pudiera ver la película y sostener sus propias hipótesis”. Al contrario de lo que estipulo con Shakespeare que arroja sobre el universo lo metafísico en una suerte de empate, Carbonere realizó una operación minuciosa de montaje para lograr ese sutil balance. Para quién se encuentra la película sin una referencia previa puede llegar a sentir algo parecido a una nirvana tratando de descifrar el enigma de su verosímil.

También se le valoran algunas escenas donde la imagen, la situación y la narración van por carriles distintos. Algo parecido a lo que entendemos por metáfora. Estas sin dejar de ser un gramo de ominosas o dramáticas, ni tener un gramo de solemnidad o artificialidad de más, son también poéticas.

Una de ellas, acompaña en una noche densa al santo y su asistente en la realización de un polémico milagro que podría concluir en tragedia. Mientras esperan (no se sabe bien qué), el santo relata la historia de un gigante que se rehúsa a ayudar a unos aldeanos que le insisten que baje a unas personas varadas en un acantilado. Cuenta el santo antes de desvelarnos el resultado de la ejecución de su horroroso milagro que el gigante termina aceptando ayudar a los aldeanos a pesar de tener en claro de antemano el desenlace.

Si me permiten ponerme en crítico de más, diría que justamente por estas mismas virtudes que señalo de la película es que me quedé con ganas de conocer con más profundidad los arcos de dos de sus personajes. En la perspectiva abordada muy detrás del santo, quedaron algo vedados su fiel acompañante y la mujer que lo expone a las masas. A pesar de terminar teniendo roles muy significativos y ser, por si mismos, personajes interesantes.

Pero, de nuevo, investigando un poco, me han comentado que la película supo tener un corte del doble de metraje donde quizás se empantanaba un poco y perdía fuerza la totalidad. El resultado de esa difícil decisión de recorte produjo una película muy pulida y concreta. Volviendo a la metáfora de Kartun, en vez de desinflarse, te deja con ganas.

Titulo: El santo

Año: 2023

País: Argentina

Director: Agustín Carbonere