“El otro lado de la esperanza”

Por Nicolás Noviello.

En un bar de Murcia en la década del noventa o en el año concurrente; o quizás un bar anclado en el ’93 en el año veinteveinte, unos 50 personajes se reúnen a debatir, principalmente, sobre los sucesos ocurridos en 1992 donde una serie de huelgas terminaban con el incendio del parlamento local.

“Aunque no lo recuerde sí que lo he vivido.” Afirma un intertítulo que da comienzo a El año del descubrimiento y de esta manera anticipa una posición, un punto de vista. Porque el film pone algo por sobre todo: la conversación de bar, la charla entre desconocidos, el testimonio de los protagonistas de un suceso. Incluso por sobre la memoria misma, que es quizá una de las palabras cuestionadas implícitamente por el film “Aunque no lo recuerde…”. Pero ¿qué es lo que hace que el film tenga esa ambigüedad temporal? ¿qué es lo que une tan fuertemente a los últimos 30 años? Definitivamente hay un juego intencional con el vestuario, la locación y también con el dispositivo de filmación, pero dentro del film una frase puede ser una pista para estas pequeñas preguntas. “Aquí ha habido una guerra y la ha ganado el capitalismo” recuerda el personaje sindicalista del film “Celebramos la caída del muro de Berlín, la caída del comunismo, pero a los trabajadores nos están dando canutas”. Y desde entonces la lucha es contra un mundo globalizado, un mundo capitalista, un mundo de derecha que solo va hacia a la ultra derecha.

 ¿Hay lugar la memoria colectiva en un mundo globalizado? ¿Es posible que la memoria pierda cada vez mas terreno en un mundo lleno de archivos e imágenes? Al menos esto último, quienes amamos el cine y lo creemos un espacio de resistencia, sabemos que es cierto. Porque la llegada de las imágenes y videos digitales transformo la memoria del ser humano de manera acelerada. Sin saber esto a ciencia cierta sabemos que ante los escritos en un pizarrón podemos tomar nota o tomar una fotografía con el celular (hay un chiste muy gracioso en la serie Sherlock con respecto a eso), podemos presenciar una clase o grabarla y aunque nunca retengamos esa información el archivo esta allí, en algún lugar guardado. La memoria pasa a ser una verdadera fuente de almacenamiento global a la que “libremente” accedemos.  Por esto, cuando nadie parece saber que sucedió se vuelve necesario revisar para no olvidar lo que es importante recordar, y casi como una urgencia un film aparece, o al menos así debería ser siempre.

El año del descubrimiento entiende que entre la inestabilidad de la memoria y la inestabilidad laboral hay una conexión, que entre la hegemonía de los medios y la hegemonía del creer saber también hay algo. Tener acceso a una memoria absoluta no garantiza ningún saber, pareciera que todo lo contrario. Tal vez por esto el film por momentos se detiene en un lugar extraño de la mente, un lugar entre el saber y la memoria, un lugar en el que hay un único testigo y del que jamás queda archivo, los sueños; y nada más cercano a ellos que el cine. Es que el film, que lúdicamente podría pensarse como un Spin Off de un film precedente, de una gran ficción como por ejemplo 1987: When the Day Comes, logra materializar un testimonio colectivo, ese para el cual ya no parece haber un espacio trascendental.

El film de Carrasco es sin dudas excelente y demuestra la calidad que mantiene el festival aun en este formato excepcional. Aunque estéticamente no coincidan en nada, o tal vez justamente por la ambigüedad temporal que el documental presenta, pero principalmente por su espíritu, constantemente un titulo se me vino a la mente The Other Side of Hope. Como en un film de Kaurismaki, no hay optimismo, pero si un gran sentido de la injusticia sobre el mundo y el sistema en el que vivimos, porque  no hay nada más esperanzador que comprender una injusticia.

Titulo: El año del descubrimiento

Año: 2020

País: España

Director: Luis López Carrasco

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