Y se estiró una vez más la cuarentena para los habitantes de este país. Me siento a escribir, ¿qué más puedo hacer? Escribir me está salvando y sosteniendo. Me daba calor dar una recomendación más, sumar algo a todas las cosas que sentimos que tenemos que hacer durante este tiempo, pero nos quedan muchos días por delante y lo que me hizo bien a mí, quizás le puede dar aire y luz a otres. Además no sólo voy a reseñar (ponele) lo que vi, sino (como siempre) voy a hablar un poco de mí, de esta particular experiencia de encierro, y eso me va a hacer bien. 

La situación en mi casa es que hay un bebé de 15 meses lleno de energía. No es cosa fácil mirar películas y series sin parar como hubiese hecho (quizás) si no estaba Baltazar en mi vida. Así que no hemos visto tanto, pero hemos mantenido lo que los especialistas recomiendan: una rutina saludable de sueño, comidas y actividad física. Balta también ordena mucho la vida en esa dirección. Él amanece entre las 6 y las 7:30, si duerme más que eso es un milagro. Se levanta Seba o me levanto yo y arranca el desayuno y los juegos hasta la primera siesta del bebé. Por suerte en casa tenemos afuera de pasto y terraza, entonces estamos mucho pateando la pelota, correteando, trabajando la tierra en la huerta o en las macetas. Baltazar se entusiasma por todo muy ávido de juego y experiencias, extraña mucho a sus abuelos y cada tanto va hasta la puerta con unas llaves que encontró por ahí e intenta salir. La radio nos acompaña más que nunca, qué cosa noble la radio. Y cocinar: pan, galletas, guisos, sopas, milanesas, ensaladas, pescado, tartas, budines, leches vegetales, lo que venga. 

Al principio de la cuarentena Balta tuvo gastroenteritis y sus siestas eran del largo de una película extensa, pero los ánimos no estaban de cine actuado por humanos, así que aprovechamos que están subidas las pelis del estudio Ghibli a Netflix y empezamos a ver con Seba algunas de las que no habíamos visto. La primera que vimos fue Mi vecino Totoro. ¿Cómo es no había visto esa película? ¡Qué manera de reír y llorar y ser feliz con tanta belleza! Es una película hermosa, sana y llena de amor. Me hace gracia porque a Sebastián y a Balta les digo desde la llegada de Baltazar “mis cocoros”, casi son unos Totoros. Después vimos El Castillo en el cielo ya entrando en una tónica de acción con los mejores piratas del mundo y por último hasta ahora vimos La Princesa Mononoke, que es maravillosa y tiene una princesa muy luchona y autosuficiente. Me acuerdo que de chica veía mucho una película que se llamaba Fern Gully: the last rainforest, que tenía un discurso muy ambientalista y una línea anti-desmonte muy genial, pero que estéticamente era bastante feucha la animación; sin tanto vuelo como las de Ghibli. Pienso que me hubiese encantado ver pelis como Mononoke o Totoro en ese momento. Fern Gully es una peli del 92, yo tendría 7 u ocho años cuando la vi. Me hubiese copado con las del estudio Ghibli y me hubiese ahorrado de librar una batalla inútil contra mi mamá para que me deje ver Las tortugas ninjas, que no me las dejaba ver porque le parecían violentas. Tienen violencia igual las pelis de Miyazaki, Totoro no (aunque en niñes chiquitos puede ser medio impresionante), pero Mononoke sí, bocha de sangre y de fluidos, que igual son parte de la vida, ¿no? Ahora como madre pienso en estas cosas, ¿se las muestro yo a Balta? ¿Dejo que él las descubra? ¿Le interesarán las pelis de Miyazaki cuando ya pueda verlas?

Ahora que Balta ya está recuperado y sus siestas son más breves, con Seba empezamos a ver Evangelion. Son capítulos cortos, también es animación y también está en Netflix. Son unos intensos como sienten los personajes de los dibus japoneses, eso me gusta porque me siento identifica. Sus personajes hablan fuerte en general, o si son tímidos hablan bajito pero cuando están contentos, ansiosos o enojados, siempre hablan fuerte y yo soy muy así. Necesito ruido. Seba en un momento del día me baja la radio porque se aturde, pero a mí me encanta la casa ruidosa, la radio fuerte con las Furia Bebé gritando, Balta gritando, yo gritando o riéndome de las barbaridades que dicen, un rato al día todo ese bochinche me hace bien. Evangelion es más violenta, me parece que es más para pre-adolescentes, once doce años (aunque ni idea en realidad para qué edad es). Me gustan los personajes de Evangelion, tienen personalidades muy marcadas, se van develando sus historias a través de batallas aniquiladoras y eso explica por qué son así y asá. Seba propuso ver Evangelion, él lo veía de chico en la tele. Yo no sabía nada de Evangelion, sólo que había un personaje de pelo celeste que se llama Rei que Violeta Castillo le hizo un cosplay para Las Plantas, la película del chileno Roberto Doveris (muy recomendada). Me parecen un poco hegemónicos por demás todos los cuerpos de las mujeres en Evangelion, lo único, todas las mujeres tienen los mismos cuerpos tipo top model, pero bueno es una serie de 1995, todo lo demás es excelente. Además estamos en un momento semi- apocalíptico, llevando adelante una batalla, y ellos están luchando todo el tiempo por su vida en el mundo.

Cabe señalar que todos estos dibus me ponen a pensar en el planeta, en nuestra relación con la naturaleza y en lo cualquiera que estamos siendo como especie en la Tierra. Hay una nota muy interesante en Revista Anfibia que explica como los científicos llevan más de diez años alertando sobre nuevas enfermedades, consecuencia de la deforestación y el extractivismo global. Que una de las principales causas del surgimiento del Coronavirus es el asedio a los ecosistemas naturales. Así que ahí va quedando más claro quiénes son nuestros enemigos en esta batalla, que más que un virus diminuto, yo diría que son esos pocos extractivistas acumuladores de riqueza que van con topadoras y mega máquinas devastando hectáreas y hectáreas de vida, y los Estados que lo permiten por supuesto. Ojalá no volvamos a la normalidad, ojalá volvamos para ser mejores, mejores amigos y parte de la naturaleza⚫

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