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CALIGARI

Blondi (2023), de Dolores Fonzi

“El despilfarro”

Por Javier Grinstein

Hoy en día es difícil mirar para otro lado a una tendencia: los adultos cada vez se parecen más a los niños. A partir de esto se inventó una palabra: kidult.

La definición de esta palabra es tan adivinable que no hace falta escribirla. Lo que sí, quizás, hace falta escribir es que a los kidults los asociamos más a un hábito de consumo cultural que a cualquier otra cosa.

Adultos que juegan videojuegos, que van a fiestas eternas y consumen drogas recreativas, que coleccionan muñequitos, que participan de concursos de popularidad en redes sociales, que gastan sus ahorros en viajes. Esto es, sin duda, motivo de análisis; pero más lo son sus causas y consecuencias en el entramado social, en lo moral; en los vinculos sexo-afectivos, en la institución familiar.

Blondi, la ópera prima de Dolores Fonzi, es una honesta y lograda exploración sobre esta tendencia. Para llevarla adelante, el guion trabajado por la directora en conjunto con la actriz Laura Paredes, propone el vínculo entre la protagonista y su hijo.

Ella, que se llama igual que la película, lo tuvo de adolescente y ahora la diferencia de edad y de hábitos es mínima, despreciable. Ese vínculo nos propone mirar los dos lados del espejo, enfrentados. Para lograrlo reduce sesgos y prejuicios, estira la cuerda y propone contrastes. En el centro están Blondi (Dolores Fonzi, madre y protagonista) y Mirko (Toto Rovito, su hijo). A sus alrededores, su hermana (Carla Peterson), su madre Pepa (Rita Cortese) y su cuñado (Leonardo Sbaraglia). La película está financiada por Amazon y Gran Vía y producida por La Unión de los Ríos (Santiago Mitre, su marido, y Agustina Llambi Campbell)

Otro eje abordado en Blondi que no está de más mencionar, es una mirada actualizada sobre el género. No porque presente una novedad en cómo está conformada una familia o qué roles toman los géneros dentro de ella. Sino justamente actualizada en la representación. El hombre adulto ocupa poco o nada de tiempo en texto y pantalla bajo el mantra de “¿Para qué sirve un padre?”. 

Entonces, ¿Cómo nos cuenta Blondi esta exploración de lo jóven y lo adulto? De una de las formas más singulares que nos vamos a encontrar en el cine argentino en muchísimos años.

Blondi es un banquete, es un despilfarro de grandes proporciones. Está plagada de travellings elocuentes y trabajados. Tiene un elenco amplio y estelar. Es formalmente compleja. Abunda en locaciones espectaculares situadas en varias provincias. El arte trabaja un poco con lo atemporal. Tiene esencialmente en su banda sonora a  The Velvet Underground & Nico, el álbum completo. Todo esto en una comedia costumbrista, Una arthouse. Es decir, el tipo de películas que se suelen hacer de la forma más austera, pero con uno de los presupuestos más grandes del cine argentino de este año.  

Ante esta ecuación podríamos apresurarnos a sacar una mala conclusión. Por el contrario, el resultado es una película honesta, personal, luminosa, sensible y conmovedora. Les propongo una hipótesis.

Blondi no es justamente esas películas que, al menos en nuestras expectativas genéricas, hace coincidir la forma con el contenido. Pero sí, podemos trazar alguna analogía entre su narrativa y su producción. Conocemos este fenómeno, por ejemplo, en Rocky de Silvester Stallone. El viaje de un underdog austero y sin grandes chances, que aún así sacrifica todo para lograr una victoria únicamente de carácter simbólico. Este resumen es aplicable tanto al boxeador del relato como a esa parte de la vida personal del guionista y actor que lo encarnó.

Blondi, encuentra a una Dolores Fonzi a la cabeza de la acción pero rodeada de los suyos. Poniéndose a los hombros la historia con convicción, simpleza y humildad a su vez que se sostiene en su elenco de amigos, en su productor y marido. Algo de esta horizontalidad basada más en el cariño y la confianza que la acefalía, produce una fuerza especial que facilita la tarea. Esto se palpa en la cinta y la vuelve cálida, honesta y singular. Tanto que se puede traducir prácticamente en un manifiesto. “¿Para que sirve un director varón?”.        

Sí, es innegable la facilidad privilegiada que tuvo la película pero es difícil plantear que está desaprovechada. Porque está siempre puesta al servicio de la experiencia y del tema que indaga. La película es un producto kidult para kidults en su carácter celebratorio y desprejuiciado, en la seriedad y profundidad en la que juega, en su emocionalidad desnuda. Y esto nos invita a pensar de una forma distinta, a sumarnos a su desprejuicio.

Frente a esto, en vez de despotricar, deseamos que ojalá le vaya suficientemente bien como para que exista cada vez más confianza y se hagan así cada vez más películas.

Titulo: Blondi

Año: 2023

País: Argentina

Director: Dolores Fonzi