Crítica: Beautiful Boy (2018) de Felix Van Groeningen

Beautiful Boy: Siempre serás mi hijo (Beautiful Boy, 2018) de Felix Van Groeningen

“Love is (not) all you need”

Es probable que la adicción sea uno de los temas más explotados, aunque raramente explorados, en el comúnmente llamado género dramático. Es un tópico que fácilmente despierta sensaciones en el público, pero la naturaleza de estas depende mucho de dónde esté puesto el foco: si en la persona que padece la adicción, o en quienes la rodean. En el primer caso, el público expulsará unas jugosas lágrimas, y en el segundo, expresará su enojo hacia la desconsideración de esx adictx por sus hijxs, progenitores o amigxs.

Pero como ya insinué, el foco de las historias sobre adicciones suele estar en las consecuencias, no en las causas. En parte, no vamos a negarlo, esto se debe a que se trata de una problemática sobre la cual recién hoy, gracias a los avances de la neurociencia y su alianza con la psicología, se están haciendo descubrimientos que pueden acercarnos a un por qué, a qué sienten lxs adictxs y por qué cuesta tanto dejar eso que los tiene atrapados.

En toda su simpleza técnica y narrativa, Beautiful Boy se destaca por no contentarse con una única perspectiva —es decir, o por la lucha interior de unx adictx, o por el sufrimiento de quienes lx quieren—, sino que intenta darle un voz tanto al hijo como al padre. Basada en una historia real, se trata de una película que rompe con algunos mitos urbanos sobre la adicción, en particular sobre la adicción a las drogas. En primer lugar, desafía la creencia popular de que se trata de un problema exclusivo de las clases bajas, de personas que no han recibido educación o que se encuentran en mala situación económica: Nic vive en una casa bellísima, con todos los lujos que necesita, e inclusive tiene la oportunidad de ir a la universidad —lo que en los Estados Unidos implica un gasto de dinero considerable, por no decir excesivo—, pero aún así empieza a consumir metanfetamina, una de las sustancias más destructivas y con una creciente popularidad. 

Por otro lado, este film también va en contra de la típica narración en la que la adicción se construye como respuesta inconsciente a una falta de amor paternal. David Sheff, el padre de Nic, es demostrativo en su afecto como pocos, y por más que su preocupación pueda llegar a ser asfixiante, el amor que tiene por su hijo, y la buena relación que mantenían estos en un pasado, es innegable. ¿Qué es entonces lo que llevó a Nic a consumir no solo cualquier droga, sino la peor de todas? La película no nos da una sola respuesta, porque precisamente, aún no existe una respuesta, y tal vez nunca exista, porque se trata de variables, y en el caso particular de Nic, la adicción se convierte en algo tan psicológico como químico. La metanfetamina te hace sentir bien, muy bien. Es tan simple como eso.

Sin embargo, nada de simple y lineal tiene la vida con una adicción, y lo más destacable del guión de Felix van Groeningen y Luke Davies es que no intenta negar esta realidad, sino que la plasma en la estructura y los recursos narrativos a partir de los cuales se construye este relato: no hay golpes bajos, música triste de fondo, ni siquiera una estructura clásica, al menos no en lo que respecta el camino de Nic. De la mano de la interpretación espectacular de Timothée Chalamet, el retrato del recorrido de este joven es uno errático, de una recuperación seguida de una recaída, de optimismo interrumpido por la desolación, una y otra vez, un futuro incierto, un camino resbaladizo e impredecible, en el cual familia y amigxs no pueden hacer más que acompañar⚫

Título: Beautiful Boy: Siempre serás mi hijo

Año: 2018

País: Estados Unidos

Directora: Felix Van Groeningen