Buscar
Cerrar este cuadro de búsqueda.

CALIGARI

Arturo a los 30 (2023), de Martin Shanly

“El diario de ayer”

Por Lucía Roitbarg

Como bien el título del film lo adelanta, Arturo, un hombre de 30 años es el protagonista del relato. Es él también el encargado de darle al mismo una estructura, ya que mientras las escenas se suceden, Arturo narra al espectador lo que vendría a ser una especie de diario íntimo donde vuelca sus más oscuros, ambiguos y dolorosos sentimientos.

El casamiento de su amiga Dafne en marzo de 2020 es el relato del presente a partir del cual Arturo cuenta su vida al espectador. Mientras pasan escenas típicas, graciosas y absurdas del casamiento, intempestivamente el relato se interrumpe en momentos de gran tensión dramática para ir hacia un par de años atrás. Entre ese ir y venir del 2017 al 2020 es que entendemos de dónde viene Arturo, quiénes son las personas que lo acompañan  y qué le pasa a él en este momento de la vida.

El comienzo de la pandemia por el Covid 19 está mencionado al comienzo por los personajes y enmarca y construye gran parte de los sentidos del film. No lo hace de una forma obvia porque apenas está nombrado o mostrado, pero sí está en la mirada presente de la voz en off sobre los hechos del pasado, lo cual hace que esa mirada sea entre nostálgica y filosófica.

Nada parece salir bien en la vida de Arturo: no tiene trabajo estable, debe volver a vivir con sus padres, su hermana adolescente no lo soporta y lo usa de chofer, su novio lo dejó, y debe tomar mucha medicación para no deprimirse, dormir y concentrarse. Pero también a Arturo lo marca la ausencia de su hermano fallecido: la muerte aquí no es eso que parece irrepresentable, sino que convive con los pensamientos del personaje día a día.

No sabemos cuál propósito tiene en la vida Arturo, tampoco sabemos el del personaje, que más que accionar va para donde lo llevan y divaga o se comporta como alguien a quien vivir no parece gustarle demasiado. Resulta muy acertado que el director y también protagonista del film,  Martín Shanly, consigue mostrar sin solemnidad y hasta con un sutil humor las emociones y situaciones que bordean lo oscuro, lo dramático y lo sentimental.

No dar respuestas, no exagerar, no mostrar más de lo necesario, respetar al personaje y sus tiempos: eso es lo que hace de Arturo a los 30 un película sincera, noble y con algo para decir sobre las crisis existenciales. Y en ese vaivén temporal del pasado al presente es donde el director se permite fluir plenamente, no sólo para agilizar el relato sino también para decir algo sobre ese tiempo que debería ser lineal pero no lo es, porque el pasado no está ahí perdido sino que retorna una y otra vez: como recuerdo, con personas que vuelven, con síntomas que no se van, con dolores y alegrías, con escenas cotidianas, con los sueños. Y sobre todo esto está el peso de la conciencia, esa conciencia que no parece tener descanso y de la cual es preciso escapar: con drogas, con alcohol, con experiencias chamánicas. 

Siendo que la película abre cuestiones tan intrínsecas al ser humano como la soledad, la desilusión amorosa, las pérdidas, el sufrimiento, la muerte y más, se puede seguir diciendo y escribiendo pero para eso es mejor ver este film que en una hora y media nos acerca a un personaje con el que cuesta un poco empatizar pero sólo porque consigue espejar sentimientos y emociones que nos incomodan pero que viven diariamente con nosotros, por más ocultas que deseemos que estén y las tengamos que narrar en la intimidad de un diario.