All of Our Heartbeats Are Connected Through Exploding Stars (2022), de Jennifer Rainsford

“Pasar del horror a la fascinación”

Por Sebastián Francisco Maydana

¿Qué es una ola para un pez que nunca salió a la superficie? ¿Qué es una tragedia para algo tan eterno como el Océano? Estas son algunas de las preguntas que sugiere Jennifer Rainsford en su exploración de la vida dentro y fuera de los mares del Japón. Son preguntas que no requieren una respuesta, sino apenas pensar en ellas, recapacitar, repensar actitudes. Por eso, quizás de forma inadvertida, All of Our Heartbeats… constituye una velada crítica a nuestro arraigado terracentrismo.

En este sentido, el tsunami que golpeó Japón en marzo de 2011 pudo haber sido el punto de partida, pero de ninguna forma es el corazón de este documental, cuyo protagonista es indiscutiblemente el mar. El mar como lugar donde comenzó la vida hace miles de millones de años, y del que aún hoy dependemos para vivir. En los pueblitos pesqueros de la costa del Japón se puede decir que la vida depende del mar. Y la muerte, muchas veces, también.

Pero esta no es una película sobre los muertos, es una película sobre los vivos. El tema es ver qué les pasa a los que quedan a nivel emocional, físico, fisiológico. Y los testimonios no podrían ser más dispares. Una japonesa no puede ni acercarse al agua, mientras que otro dedica su tiempo libre a bucear, sabiendo que quizás los restos de su mujer sigan por ahí, cerca de donde desapareció bajo el agua hace una década. La única constante es que todos hacen lo que pueden. Según explica el relato, un desastre natural es como un corazón roto, o por lo menos ambos producen los mismos síntomas en las personas. Después de un tiempo, termina por olvidarse. 

El moderado uso de imágenes de archivo del desastre no está ahí para impresionar, sino para ilustrar, para dimensionar, para recordar que nuestro papel en las cosas que suceden a nivel planetario es individualmente mínimo. Y aun así es considerable, cuando vemos a decenas de voluntarios recogiendo en Hawaii la basura que cayó al mar en Japón años antes y las corrientes llevaron hasta ese archipiélago distante más de seis mil kilómetros. En el ínterin, esas islas artificiales de basura se volvieron naturales, albergando y protegiendo a peces y moluscos, aunque convirtiéndose también en una amenaza para delfines y ballenas.

Como dice el título, todos nuestros latidos están conectados entre sí porque nuestros átomos se formaron en estrellas hace miles de millones de años, lo cual es lo mismo que decir: somos viejos, pero no somos eternos. El pasar del horror del desastre a la fascinación del mar es un ejercicio de una belleza impactante, pero también nos confronta con nuestra propia mortalidad. Esto no es común en el cine, un medio que mantiene viva la imagen de cosas que ya no existen, y por eso resulta a la vez interesante y perturbador.

Titulo: All of Our Heartbeats Are Connected Through Exploding Stars

Año: 2022

País: Suecia

Director: Jennifer Rainsford

 
Si llegaste hasta acá…
Es porque entendés que el cine es un arte y no un mero entretenimiento, por eso valorás y apoyás que existan otras miradas. Podés apoyar a Revista Caligari adquiriendo alguna de nuestras suscripciones.
SUSCRIBIRME

SOLAX.TV + REVISTA CALIGARI

Suscribite por $200 los primeros tres meses.