“Nostalgia con gusto a sangre”

Por Lucía Roitbarg.

Si hay algo que sobra en este Festival marplatense es la nostalgia:  por el mítico Festival de Mar del Plata y todo lo que implica este evento y su ciudad, por el mar, por caminar las calles entre el Ambassador y el shopping Los Gallegos. Pero hay una nostalgia que se viene llevando todos los premios, tal vez desde marzo de este año, es la de volver a las salas de cine, y este Festival on line hizo aún más cruda esa nostalgia. No es por nada que esta nota se permite comenzar con esta mínima reflexión, es que Al morir la matinée tiene como escenario principal una sala cinematográfica, y para completar su sentido, lo que seguramente necesitaba esta película era tener su merecido visionado dentro de una. El largometraje de Maximiliano Contenti asume el riesgo de trabajar géneros repletos de clichés, pero para jugar con ellos y otorgarle su marca personal (que, para variar, bastante nostálgica es también). Entre el suspenso, el terror y los roces con el género gore, la película del director uruguayo tiene sus contornos muy claros y sabe hasta dónde correrlos, sin poner nunca en riesgo el verosímil de lo genérico.

El argumento de la película es simple: en el año 1993, en una típica sala grande de cine de las más antiguas de Montevideo (bien podría ser el viejo cine Gaumont de la Ciudad de Buenos Aires), se proyecta en la función de la matinée, la película Frankenstein. Los espectadores son menos de diez, personajes infaltables para el género propuesto: una pareja que recién se conoce, ella una femme fatale y él un asustadizo y tímido hombre; tres adolescentes cuasi borrachos y con ganas de tener una aventura, dos hombres mayores que poco hacen, una chica linda y sola a quien dejaron plantada y un niño que se oculta en el cine sin autorización para ver “algo prohibido”. Por último, un hombre encapuchado de aspecto sucio y misterioso a quien vemos llegar en su auto, la hija veinteañera del proyeccionista que (¡oh casualidad!) asume el rol del padre por ese día, y un extraño y hostil acomodador. A los pocos minutos de comenzada la película descubrimos que el hombre encapuchado es un asesino y, mientras que en la pantalla  vemos al monstruo del Dr. Frankesntein asesinar por doquier, en la sala se comienza a replicar, y duplicar, el terror de aquella ficción. Esta es tal vez la característica más diferencial de Al morir la matinée puesto que, sin estos guiños retros al cine (entre otros que muchos reconocerán), sería una simple película de terror más.  El asesino tiene un especial “cariño” hacia los ojos de las personas que decide matar: los ojos que miran lo que no siempre queremos ver, ese doble deseo del espectador está acá representado en esta imagen tan elocuente. Seguramente si este film lo pudiésemos ver en una sala nos salpicaría la sangre de cada cuchillazo del asesino, es muy poco lo que Contenti deja afuera de la vista: la sangre es una protagonista más, pero de eso se trata el contrato que asume el espectador para con el género: ver matar y morir hasta sus últimas consecuencias. Como muchas partes de la película son previsibles y, lo que estamos esperando es que alguien mate finalmente al asesino, el director nos propone entrar en ese juego y dejarnos llevar, y ciertamente lo logra.

Como se mencionó al comienzo, el escenario perfecto para ver este largometraje era una sala de cine. Allí se hubiese concretado otra de las duplicidades que propone el director y la emoción provocada ciertamente sería mayor.  Aún así el largometraje, en competencia latinoamericana, sale airoso en la propuesta y consigue que no queramos cerrar los ojos (¡o que nos los saquen!).

Titulo: Al morir la matinée

Año: 2020

País: Uruguay

Director: Maximiliano Contenti

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