Entrevista a Elisa Celda, directora de O arrais do mar

Por Mauro Lukasievicz

¿De dónde surge esta fascinación por filmar la noche y las cosas que suceden en ella? 

Mi fascinación por filmar la noche surge de nuestro primer cortometraje Lenda negra, codirigido con Óscar Vincentelli, Mario Sanz y Claudia Gracia. Lo rodamos durante las noches gallegas y abrió camino a una investigación que tiene que ver con una experiencia más sensorial, que juega con la frontera entre lo que se ve y lo que no se puede ver, con la inmensidad y profundidad de la noche, pero sobretodo con una dimensión más onírica en la que entras a través del sonido. Me interesa crear diferentes paisajes a través de la superposición de capas poco perceptibles para así poder traducir la noche a una experiencia visual inmersiva.

¿Cómo fue el trabajo de preproducción en la costa de Caparica y con qué cosas te encontraste? 

El proceso fue resultado de la suma de encuentros entre personas y lugares. La película se empezó a esbozar junto a la artista María Ulecia y el fotógrafo Juan Baraja, es gracias a ellxs que pude pasar tiempo en la Costa y descubrir lo que en ella sucedía. Después, formé parte de la primera promoción de Elías Querejeta Zine Eskola, donde terminé de desarrollar la película y donde el equipo creció. Siempre trabajamos en colectivo y la idea de ampliarlo con gente de Portugal estaba latente desde el principio. La cineasta Salomé Lamas fue la tutora del proyecto y me presentó a Miguel Moraes Cabral, sonidista y ahora amigo, a quien estaré eternamente agradecida, trabajar con él fue increíble. Al mismo tiempo, conocí a un grupo de jóvenes cineastas portugueses como Inês Lima, Maria Inês Gonçalves, Marcelo Tavares y amigxs, de los cuales algunos dieron voz a la película a través de sus propias experiencias. Hicimos varios viajes de localización con todo el equipo, para que conocieran el lugar, a lxs pescadores y pescadoras.

Obviamente la gran protagonista de O arrais do mar es la noche, o la ausencia de luz, pero al mismo tiempo, y ante la dificultad de filmar de esa forma, también se suman las variantes del viento, el agua, etc. ¿Cómo fue filmar en esas condiciones?

Las condiciones ayudaron a que nos adaptáramos a lo que estábamos rodando. Vestíamos igual que lxs pescadores/as para no mojarnos, y se notaba poco quién era pescador/a y quién estaba filmando, menos por la pértiga y la cámara. Por lo demás fue bastante orgánico: no contábamos con equipo de iluminación ya que queríamos experimentar con la luz del lugar, de los móviles, frontales y tractores. Cada atardecer nos llevaban en tractor al sur de la Costa, donde faenaban y así es como empezó todo, en un viaje de localización con Julieta Juncadella, mejor amiga y productora de la película, subidas en el tractor de Gonçalo. Hubo un día de rodaje en el que llegamos cuando los tractores ya se habían ido, recuerdo tener que caminar con todo el equipo de cámara y sonido metros y metros de playa, al día siguiente todxs teníamos agujetas pero ojalá toda dificultad fuera así. Era verano, era de noche y hacía calor, no imagino un escenario mejor para filmar.

Lograste retratar en el mismo cortometraje dos experiencias, la relación entre el humano y la naturaleza y la relación entre humanos ¿lo planeaste de esa forma o armaste la historia con lo que encontraste en la zona?

Lo que me fascinó de esta zona es que dos acciones inconexas tengan que ser desplazadas hasta ahí para poder existir. Lo que pasaba en la Costa era una colisión de mis intereses, sobretodo porque ambas acciones sucedían en la noche. Durante la preproducción y el rodaje, la película podía tomar muchas formas y parecía ser algo más etnográfica e incluso de archivo, ya que recopilé material de gente que había grabado hace años con la comunidad de pescadores, así como material que me dieron ellos. No fue hasta la edición junto a Óscar Vincentelli que la película se terminó de definir en la sala de montaje. Impusimos la misma serie de reglas a la hora de filmar ambas acciones y eso ayudó a que éstas dialogasen entre sí y, a través de la iluminación, que se conectaran.

Pedro Costa es el único nombre que logro recordar si tengo que pensar en otrxs directorxs que utilizan tan a la perfección la oscuridad en sus películas. ¿Qué directores te sirven de inspiración?

Totalmente, admiro el trabajo de Pedro Costa, me encanta que lo menciones. Una película que desde el principio fue referencia para el proyecto es Dead Slow Ahead, de Mauro Herce. La primera vez que la vi entendí que se podía lograr una experiencia distinta en el cine y me motivó a seguir experimentando en mi trabajo. Otrxs directores que siempre me han inspirado y me inspiran son Lucrecia Martel, Eduardo Williams, Gabriel Azorín y Mati Diop.

¿Te encuentras trabajando en otros proyectos?

Me encuentro trabajando en diferentes proyectos, algunos más personales que otros, siempre en colaboración con amigxs y artistas a lxs que admiro. Desde el colectivo Lejos lejos, que creamos en el 2018, estamos comenzando a producir piezas audiovisuales que me emocionan mucho y verán la luz el próximo año. Todo esto tratando de generar proyectos honestos, donde me parece importante insistir en la importancia de salir de la precariedad que lamentablemente se ha instaurado en el sector. Hablando de lo colectivo, nos encontramos en la pre producción de una pieza audiovisual que dirigiré en enero, producida por Javier Tasio y Cristina Hergueta basada en un poema de Pilar Adón, en colaboración con mi hermana y socia Andrea Celda y la bailarina y coreógrafa Laura Ramírez Ashbaugh, que será una reflexión en torno a la pista de baile virtual, y cómo no, tendrá lugar durante la noche

Titulo: O arrais do mar

Año: 2020

País: España

Director: Elisa Celda

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