Pienso en el final (I’m Thinking of Ending Things, 2020), de Charlie Kaufman

“Todos esos etcéteras”

Por Javier Grinstein

Dice el mito de la gestación del guion de Adaptation (El ladrón de orquídeas, Spike Jonze, 2002)  que Charlie Kaufman estuvo al borde de un colapso nervioso porque se creía incapaz de extraer imágenes cinematográficas de la novela de Susan Orlean (como bien está reflejado en la película), hasta que finalmente llegó a la idea de la película sobre la adaptación del libro. Donde él y su tortuoso proceso, son el centro.

Esto es porque Kaufman sostiene que lo único que tiene para ofrecer es su singularidad. Y, en esa singularidad precisamente, también estaba presente la carencia de confianza para producir corrimientos y supresiones en la obra de otro artista.

Este año, además de la película de la que voy a intentar decir una palabra o dos, Kaufman publicó su primera novela y está preproduciendo una serie para HBO. Antes que esto, ya había dirigido dos películas, ganado un Oscar, sido nominado a una Palma de Oro y ganado en Venecia. ¿Qué quiero decir con todo esto? Que Kaufman no es el mismo personaje asustadizo y nervioso que nos mostró en el 2002. Nos guste o no. 

Voy a repasar, entonces, I’m Thinking of Ending Things  de la forma en la que yo sospecho que a él le gustaría que lo haga: buscando qué cosas resuenan en mi singularidad que se conectan con la suya. Seguro  algunas  también resuenen con el Kaufman de hace 18 años y otras que no. 

¿De qué se trata la película? Se podría decir que de un viaje que hace una pareja, presuntamente por el día, a visitar la granja de los padres del novio. Es más, ese también es el argumento de la novela de Ian Reid en la que la película está basada. Pero a su propia manera, Kaufman toma cierta sensación de apertura y extrañamiento que posee el material original y lo convierte en una película excesivamente fragmentaria, nouvellevaguesca, pesadillesca, moderna, hermética, barroca, etc, etc, etc. 

La analogía que hago  para poder explicar algo de lo que vi en el film es musical. Cuando escuchamos una canción a veces podemos distinguir si se hizo la música a partir de la letra o a la inversa. Las letras que se encuentran en una melodía preconcebida suelen estar plagadas de monosílabos, tener cierta sencillez y sonoridad recurrente. Ser más redondas en el sentido que cumplen funciones claras y concisas. Por el contrario, cuando un músico hace el ejercicio de musicalizar un poema o componer la música desde la letra, es que empiezan a aparecer cosas más asimétricas, densas, capas de sentido, contrapuntos inesperados entre figura y fondo. Esto surge de las estructuras que gobiernan con mucha más frecuencia las artes audiovisuales y de las que el lenguaje escrito se suele escapar. 

Para dar otros ejemplos donde se nota mucho esto mismo: películas como La llegada (2016)   (Vicio propio, 2014) son esquivas, incómodas pero profundas y llenas de climas y sentidos únicos. Mientras que, por nombrar a otras dos películas contemporáneas y de géneros muy cercanos a las primeras; Gravedad (2013)  o Baby Driver (2017), son  más redondas y homogéneas, más fáciles de digerir. También menos “explicadas”. 

En el mundo de las series esto es mucho más marcado pero, por características del formato, también más determinante en el valor del resultado. Casos como el de Game of Thrones o The Handmaid’s Tale nos muestran la contracara de estos dos enfoques de producción y cómo el tener un material previo como fuente extensa le da siempre una profundidad y una tridimensionalidad al mundo que retratan, que perturban y comprometen al espectador volviéndose imprescindibles. 

Kaufman adapta libremente incorporando algo de sus obsesiones, aumenta el material original que ya era extenso, sin permitirse el derecho a un recorte más clásico que jerarquice y unifique el material. 

Hay dos sensaciones que atravesé durante el visionado de la película que fundamentan esta última conjetura: primero la sensación de que algo se estacionó en la película en relación al tono, al espacio, al universo narrativo que construye, y luego que se sustituye por una nueva forma de narrar. Esto pasa al menos cuatro o cinco veces siempre de forma inesperada e incómoda. La segunda sensación viene a partir de la primera y tiene que ver con la necesidad que me generaba la apertura de lo narrado de buscar una clave que sirviera de pista para hilar la sucesión de fragmentos y que construyera un sentido primordial para la obra. No se sabe si no hay ninguna o hay muchas. Porque la película está superpoblada de largos parlamentos y secuencias conceptuales que bien pueden o no cumplir esta función. 

Y esto podría suponer que es buscado. En una entrevista para el portal Sight & Sound Kaufman dice que intentó hacer su película “lo suficientemente densa y abierta para que tengas diferentes experiencias al verla en diferentes ocasiones. Hay mucho que no vas a poder ver la primera vez”.[1]  

Entonces ahí digo yo: I’m Thinking of Ending Things es, y no es, la película ideal de Netflix. No es la película con la que te querés topar sin conocimiento previo buscando algo liviano como en el 95% de su catálogo. Pero sí es la película que vas a querer a mano para revisitar cuando haya algo que vuelva a resonar de sus climas siniestros o de sus dilemas existenciales. Siempre va a tener algo para ser redescubierto en esos fragmentos. Quizás incluso verla como una mini, mini serie. Que no tiene ganchos, que no está planteada desde una continuidad argumental, pero que escarba en una idea: el encierro

Pero no es un solo encierro: es el encierro en la vida, en una relación, en una vitalidad, en una sociedad, en una temporalidad, en una personalidad. Está en la resolución del plano en 4:3; en las cadenas que hay que usar para superar la nevada; está en el cadáver del animal congelado cuyo cuerpo no pueden extraer hasta el deshielo; en las demencias que interpretan Toni Collete y David Twellis, etc, etc, etc. Encierro y apertura son la tensión principal que instaló Kaufman en la forma y en el contenido de su película a lo largo de las 2 horas y 14 minutos que dura. La película misma funciona como encierro estético. 

No por eso voy a imitar ese mismo clima en esta reseña, pudiendo sí, hablar sobre más y más detalles de la película. Creo que lo necesario a decir ya está dicho. Kaufman, más ambicioso que nunca, nos propone seguir mirándolo a él, a un nuevo “él”, solo que ahora para encontrarlo hay que atravesar (varias veces) toda esa nieve, esa incomodidad, esas demencias, esas críticas ajenas, esos poemas citados, esas coreografías conceptuales, esos etcéteras, para finalmente encontrarlo⚫

[1] Traducción propia recupardo de https://www.bfi.org.uk/sight-and-sound/interviews/charlie-kaufman-antkind-book-im-thinking-of-ending-things-netflix

Titulo: I’m Thinking of Ending Things

Año: 2020

País: EEUU

Directores: Charlie Kaufman

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