Sueños de Pedro (2020), de Fernando Restelli y Francisco Fantin

“Hijo de hombre”

Por Miguel Peirotti.

Fernando Restelli regresa al cincel digital de las cámaras para retocar algo que probablemente haya quedado, sino pendiente, falto de tallar en ese material en bruto y sorprendente que encontró en la ciudad de Córdoba llamado Pedro Estabri, un sereno de obra y laburante de la construcción que fuera el protagonista de su primer largometraje, justamente, Construcciones (2018). Para este cortometraje, los cuatro ojos de los realizadores –o seis, si sumamos al camarógrafo, director de fotografía y montajista Orlando Rossomando– circundan y observan nuevamente el hábitat en el que trabaja Estabri pero la situación ahora es otra: la materia prima argumental son los recuerdos ciclísticos de su juventud y la evocación de la relevancia que tuvo en su formación afectiva la figura de su padre, a quien recuerda con emotividad palpable pero muy discreta, como todo lo que expresa Estabri con su voz semi-zen (su actitud ante la vida discurre por allí también) y su mirada líquida y candorosa, testigo de innumerables desencuentros y agridulces avatares.

“Siempre perdura la nostalgia del mundo perdido” es una frase del cineasta cordobés fallecido recientemente Sergio Schmucler que los autores muestran antes del inicio y, en la nostalgia, direccionada a lo paterno, retrotraemos nuestra curiosidad cinéfila hasta la mencionada Construcciones porque al asistir a Sueños de Pedro surgen nuevas pistas de la afabilidad de Pedro respecto a su pequeño hijo, el “coprotagonista” de aquella Construcciones. Y la cita de Schmucler, ¿será casual? Más allá de lo que piensen los autores, yo pienso que no. Schmucler ha sido una figura tutelar entre los documentalistas de Córdoba, el “padre que se fue temprano” que dejó huérfanos de amistad y camaradería a no sabemos cuántas generaciones (espero que con el tiempo su ausencia en el campo del documento audiovisual no se extrañe y lamentemos la pérdida de la rigurosidad con la que trabajaba el guionismo). Restelli evidencia con sus primeros pasos la posibilidad concreta de una herencia schmucleriana respetable (consignamos también la parte que le corresponde en este corto a Fantin). Por primeros pasos nos referimos a todo lo que ha hecho hasta acá, tres cortos y un largo.

Los realizadores (aquí volvemos a hablar de Restelli & Fantin) se reservan el factor sorpresa sobre ruedas. Recién a la mitad, a los seis minutos exactos de Sueños de Pedro, irrumpen imágenes de archivo en blanco y negro en las que podemos ver a Pedro de joven montando una bicicleta de carrera durante un certamen. No es una fantasía onírica, es la visión de lo real, el anclaje en la nostalgia, pero una nostalgia sin rienda suelta. No es la nostalgia lo que persiguen los realizadores. O sí, pero no para machacar sobre ella, sino para dispensarla del lamento y sostener la frágil (por delicada no por deficiente) tensión sentimental del relato. Hay humanismo de base en este trabajo.

Hay, además, una bienvenida disgresión plástica entre el relato en primera persona de Pedro y su imagen en pantalla porque sus palabras se presentan en off sin necesidad de incluir su torso parlamentando sus peripecias emotivas. El recurso es sencillo pero no todos lo emplean, y acá se emplea correctamente porque condice con la circunspección aparente de Pedro. Hay correlación plástica, decimos, y hay disonancia: cuando lo vemos callado a Pedro, oímos su voz y cuando sigue hablando a veces ni lo vemos; nunca se dirige a la cámara ni a los autores. El respeto personal es intrínseco en este trabajo, casi una coda paterno-filial de Construcciones, quizás la única analogía que pueda establecerse entre los dos trabajos de Restelli con Estabri, el ciclista que surgió del pasado, además de la paciencia como virtud, algo que ya probó Restelli (per)siguiéndolo durante tres años. Quien persigue, encuentra; quien encuentra, es rico.

Titulo: Sueños de Pedro

Año: 2020

País: Argentina

Director: Fernando Restelli y Francisco Fantin

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